Bellas Artes rindió homenaje a Pedro Friedeberg y anunció una exposición en San Miguel de Allende que reunirá obras, fotografías, cartas y archivos para celebrar el legado del artista mexicano.
Carolina López Hidalgo
Hablar de Pedro Friedeberg exige renunciar a las etiquetas culturales, fue un ser libre que jugó y disfrutó de su arte; una pasión que le permitió trazar mundos oníricos, irónicos y coloridos. Logró conjuntar arte y vida, destacaron los amigos y conocidos del artista en el homenaje póstumo que se le brindó en la Sala Manuel M. Ponce en Bellas Artes.
Un reconocimiento que versó entre la memoria, la amistad y su obra, la cual tendrá oportunidad de celebrarse y admirarse en un circuito de arte en San Miguel de Allende. Así lo dio a conocer la Titular del INBAL, Alejandra de la Paz.
«Por lo que este legado reconocemos, sabemos que no permanece estático, nutre y lo continuará haciendo las prácticas artísticas de nuevas generaciones. Nos da especial gusto que como parte del reconocimiento a este legado, el próximo 10 de octubre se inaugurará una amplia exposición dedicada a Pedro Friedeberg en tres espacios emblemáticos en San Miguel de Allende, el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante, espacio del INBA, la Casa del Mayorazgo de la Canal y la Galería Casa Diana. La muestra rendirá homenaje al artista desde la ciudad que fue su hogar por más de dos décadas y reunirá una importante selección de obra, fotografías, cartas, escritos y materiales de archivo que permitirán conocer aspectos esenciales de su vida y de su proceso creativo».
Arquitecto de profesión pero artista por insurrección, cuestionó los principios del funcionalismo ortodoxo, y contribuyó a la comprensión del espacio como posible dimensión de lo sagrado y de la ironía como herramienta de la crítica. Como lo destacó Deborah Hultz, amiga y editora de 5 libros de Friedeberg.
«Se me ocurrió compartir con ustedes en esta aventura revisionista de la obra de Pedro que estaría padre hacer un viaje alrededor de uno de sus cuadros. Yo creo que uno de los más emblemáticos porque la personalidad lo que le gustaba, lo que tenía en la cabeza Pedro, de alguna manera lo podemos intuir, lo podemos este diseccionar en una de estas obras. Un pedacito de la galleta de Alicia en el País de las Maravillas, descender en un túnel y aparecer en un mundo fantástico, que es el mundo de Pedro Friedeberg».
El homenaje buscó acercarnos a la trayectoria artística de Friedeberg. Guadalupe Loeza destacó la importancia del arte para vivir de Pedro, creador quien celebró a sus amigos con buen humor y buena cartera, cuya prodigiosa memoria le ayudó a recordar datos importantes, que contribuyó a grandes cofradías.
«Quería agradecerle su amistad, el privilegio que fue para mí tratarlo, escucharlo, entenderlo, conocerlo mejor. Y por último, confieso que hoy como está el país y el mundo, extrañamos como nunca a Pedro Friedeberg con su humor, su filosofía, pero sobre todo su ternura».
Su obra pertenece a todas las corrientes y todos los géneros, siempre buscó la vanguardia en propuestas y técnicas.
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