El uso excesivo de pantallas en niñas y niños puede afectar el desarrollo cognitivo, emocional y social durante la primera infancia, por lo que especialistas recomiendan limitar su exposición y acompañar su uso
Hazel Zamora
En México viven 12.4 millones de niñas y niños menores de seis años, según la más reciente estadística del INEGI. Es una generación que nació rodeada de teléfonos inteligentes, tabletas y pantallas. Para ellos, la tecnología no llegó a cambiar el mundo: siempre ha estado ahí.
Durante los primeros seis años de vida desarrollamos el 90 por ciento de nuestras conexiones cerebrales según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). En ese periodo se construyen las bases del aprendizaje, el lenguaje, la regulación emocional y la manera en que se relacionarán con otras personas durante el resto de sus vidas.
Así lo explica Juan Antonio Ruiz, oficial nacional de Protección a la Infancia de UNICEF México.
«En esta etapa desde la perspectiva fisiológica se empiezan no solo a generar las conexiones cerebrales que les permitan a los niños y niñas desarrollar la movilidad, el entendimiento y el procesamiento de los sentidos y los estímulos a los que están expuestos, sino que también se genera el apego, la vinculación y el establecimiento de relaciones con su círculo familiar», explicó Ruiz.
Cuando las pantallas ocupan demasiado espacio y desplazan el juego, las conversaciones, la creatividad y el tiempo compartido con quienes cuidan, ese desarrollo puede verse afectado.
Advierte Luis Portales, director de Experimentación, Medición de Impacto y Writing Lab del Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey.
«Si nuestras interacciones en mayor parte son justamente con un teléfono, con una tableta o con un dispositivo, pues desde ahí empezamos a generar esta parte de déficit y no hay un desarrollo adecuado. Y ese rezago que se genere en esta etapa de la primera infancia no lo vamos a recuperar después», afirmó Portales.
Los efectos del uso excesivo de pantallas
Lo preocupante es que ese contacto con dispositivos digitales llegan cada vez más temprano a la vida de las infancias.
En 2025, ocho de cada diez niñas y niños de entre seis y 14 años utilizaron internet, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH).
En ese contexto, también ha crecido la evidencia científica sobre sus efectos en el desarrollo infantil. El doctor Luis Portales resume algunas de las principales alertas.
«Hoy empezamos a ver retrasos en la parte cognitiva y del lenguaje; hay retrasos expresivos y de vocabulario; la atención sostenida se ve brutalmente reducida. Y probablemente lo hemos visto con el niño que ya no puede estar aburrido. El aburrimiento deja de ser parte de su sistema porque tiene el estímulo instantáneo justamente en la tableta o en el dispositivo» ,agregó.
El sedentarismo frente a las pantallas también puede afectar el desarrollo motriz, alterar los ciclos de sueño, incrementar la ansiedad e incluso existen casos documentados de estrabismo agudo.
Impacto en la convivencia y la salud emocional
Además, el especialista de UNICEF señala que la sobreexposición también modifica la manera en que niñas y niños se relacionan con otras personas.
«El exceso de contenidos que se obtienen a través de las pantallas puede generar una menor atención y también una menor empatía, es decir, una cierta desensibilización por la sobreestimulación a la que pueden estar expuesto», sostuvo Ruiz Antonio.
A largo plazo, las consecuencias podrían ir más allá del desarrollo individual y afectar la forma en que convivimos como sociedad.
«Vamos a empezar a tener adolescencias e infancias, cada vez que van a ser más difíciles de autorregularse, van a tener menos tolerancia a la frustración, van a ser más agresivos, va a ser más difícil que ellas y ellos puedan socializar entre ellos e ir consiguiendo comunidad y cada vez se van a volver, no sé si más individualistas, pero sí más centrados en su autosatisfacción inmediata», recalcó Portales.
El uso de celulares, tabletas y videojuegos está incrementando 📱🧠, pero los efectos negativos en la salud mental y física no deben pasarse por alto. Es crucial monitorear el uso de estos dispositivos desde temprana edad. 👇 https://t.co/0fYGAsOgAC
— UNAM (@UNAM_MX) January 9, 2025
Recomendaciones para un uso responsable
A partir de estos hallazgos, en 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió una recomendación clara: las niñas y niños menores de dos años no deberían utilizar pantallas. Entre los dos y cuatro años, su uso no debe superar una hora al día y siempre tendría que estar acompañado por una persona adulta.
«Creemos que la pregunta no es si tecnología sí o sí tecnología no, si los niños tienen que estar en estos espacios o no. La pregunta es qué tecnología, a qué edad, con qué acompañamiento, bajo qué reglas, con qué responsabilidades y a qué tipo de espacios digitales los niños y las niñas», concluyó Ruiz.
Frente al crecimiento del uso de dispositivos digitales entre las infancias, especialistas y organismos internacionales coinciden en que el reto es equilibrar la tecnología con actividades esenciales para el desarrollo, como el juego, la convivencia y el descanso, además de establecer límites y acompañamiento durante su uso.
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