Especialistas de la UNAM analizan la iniciativa de asistencia médica para morir en la CDMX. Una propuesta que busca garantizar autonomía, dignidad y derechos en el final de la vida.
Escucha nuestra conversación con la doctora Asunción Álvarez y Abraham Sapién, especialistas de la UNAM.
Laura Velarde
La Ciudad de México podría convertirse en una de las entidades del país en reconocer legalmente la asistencia médica para morir. La iniciativa, que actualmente reúne firmas de apoyo ciudadano, busca ofrecer una alternativa a personas que padecen enfermedades graves e incurables y que consideran intolerable el sufrimiento asociado a su condición, sin limitar este derecho únicamente a pacientes en fase terminal. En entrevista para IMER Noticias con Alberto Nájar, la doctora Asunción Álvarez, profesora e investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que la propuesta parte del respeto a la autonomía de las personas y de experiencias internacionales que han evolucionado en esta materia.
«El cuándo está establecido en la iniciativa y esto tomando la experiencia de otras legislaciones. Es cuando debido a una enfermedad muy grave e incurable una persona está viviendo lo que considera un sufrimiento intolerable o una vida que considera también indigna. Algo que no estamos estableciendo es que tenga que ser un paciente terminal. La razón es que puede haber personas que estén sufriendo de manera intolerable debido a una condición que no es terminal todavía. Esto sucede con enfermedades neurodegenerativas y sería cruel decirle a alguien que ya está sufriendo que debe esperar más tiempo para que entonces pueda acceder a esta posibilidad».
La especialista señaló que la propuesta contempla la objeción de conciencia para el personal médico. Pero garantiza que las instituciones de salud puedan responder a quienes cumplan con los requisitos legales.
«Se trata de reconocer la autonomía de la persona que quiere la ayuda para morir, pero también del personal médico. Por eso la iniciativa reconoce la objeción de conciencia individual. El médico puede objetar si va en contra de sus valores o creencias, pero las instituciones que estén obligadas a brindar esta asistencia deberán contar con médicos no objetores. Si no fuera así, quedaría por encima la objeción de conciencia y por debajo el derecho de una persona que ya cumplió con todos los criterios legales para recibir una asistencia que la ley reconoce».
Álvarez destacó que la decisión debe recaer exclusivamente en la persona enferma y no en terceros. Incluso cuando existan desacuerdos familiares.
«Para pedir asistencia médica para morir solo puede hacerlo directamente una persona que pueda realizar una solicitud libre y voluntaria. No se puede hacer para otra persona que haya perdido esa capacidad. Lo ideal es que los familiares acompañen y respeten lo que quiere quien está viviendo ese final de vida. Pero si no existe ese apoyo, lo que debe prevalecer es el deseo de la persona que está sufriendo y que cumple con los criterios legales establecidos».
Además, sostuvo que la iniciativa no busca sustituir otros cuidados médicos, sino ampliar las opciones disponibles para quienes enfrentan el final de la vida.
«La asistencia médica para morir está añadiendo una opción dentro de la atención de la salud para garantizar los mejores finales de vida posibles. Será una alternativa para quienes consideran que son dueños de su vida al grado de poder tomar esta decisión y también dará tranquilidad a muchas personas saber que, llegado el momento, podrán contar con esa última libertad. Lo que se está haciendo es una excepción muy específica al consenso social de que no se puede quitar la vida de nadie, porque aquí se trata de ayudar a una persona que ha llegado, de manera reflexionada y justificada, a la decisión de pedir ayuda para morir».
Escuchar las voces de las personas pacientes es fundamental para entender un derecho aún no reconocido: decidir cuándo y cómo morir en caso de alto sufrimiento.
— Muerte Digna, ¡Ya! (@MuerteDignaYa) July 19, 2026
La dignidad no termina con la muerte. Los derechos tampoco. #MuerteDignaYa🕊️
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«Nadie más puede tomar una decisión de ese estilo»: Especialistas sobre asistencia médica
Por otro lado, el investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, Abraham Sapién, señaló que una de las preguntas centrales no es si una persona debería tener la posibilidad de elegir el cese de su vida, sino determinar bajo qué condiciones y en qué momento podría ejercerse ese derecho.
«Uno de los primeros puntos que considero relevantes es la pregunta no tanto de si es adecuado o no que en algún momento alguien tenga la posibilidad de escoger el cese de su vida, sino cuándo es ese momento que debería ocurrir y cómo se va a ejecutar. En el caso de la eutanasia nos tenemos que confrontar con una pregunta similar: cuándo o a partir de cuándo se podría llevar a cabo ese proceso para que no parezca descabellado hacerlo demasiado pronto, pero tampoco sea demasiado tarde».
El académico explicó que cualquier legislación debe considerar a todos los actores involucrados, desde los pacientes hasta el personal médico y las instituciones.
«No solo se trata de la autonomía de quien desea no seguir padeciendo un sufrimiento altísimo, sino también de aquellas personas que van a efectuar las acciones para que eso ocurra. También deben poder trabajar y hacer su labor de manera autónoma, respetando su propia autodeterminación y libertad. La legalización debe encontrar formatos para que las cosas ocurran de la mejor manera posible, pero también mecanismos para evitar abusos o usos indebidos de este recurso».
Sapién destacó que el principio fundamental debe ser que la decisión corresponda exclusivamente a la persona que solicita la asistencia médica para morir y que ésta conserve plenamente su capacidad de decisión.
«Es clave que la persona que decida optar por el camino de la muerte asistida médicamente lo haga para sí misma. Nadie más puede tomar una decisión de ese estilo. La capacidad de autodeterminación y el valor de la vida es parte de lo que está en juego. Que alguien pueda decidir sobre sí mismo es fundamental y que esté en plenas facultades para saber lo que está haciendo y lo que está pidiendo».
Finalmente, consideró que los avances médicos y tecnológicos han modificado la forma en que la sociedad enfrenta el sufrimiento y la muerte.
«Hoy sabemos con bastante certeza cuáles son las condiciones de posibilidad de vida de alguien en estados terminales. Eso nos pone ante una situación nueva como humanos: saber más o menos cuándo morimos. La tecnología y el conocimiento médico nos llevan a preguntarnos cómo utilizarlos de la mejor manera para tener una muerte lo más digna posible dentro de los valores y formas de organización que tenemos como sociedad».
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