¿Cuántos lugares del día día son accesibles para niñas y niños? Cuatro menores comparten su visión sobre los espacios urbanos para las infancias.
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Hazel Zamora
Paula e Irán son hermanos y viven en el centro de la Ciudad de México. Cuando piensan en el tiempo que pasan fuera de casa indudablemente lo relacionan con el parque de su barrio.
«Está padre y tiene bastantes juegos, y me gusta que hay naturaleza, que tiene espacios abiertos, es didáctico. Alrededor nuestro tengo a vecinos que son muy mis amigos, por eso me gusta mucho», asegura Irán.
«Cambiaría como al parque que recoja la popó de los perros, luego luego se seca y se queda ahí, o por lo menos que dejarían de fumar, menos autos o por lo menos que los pongan como de electricidad, porque así no gastan tanto gas, dicen que contamina menos el planeta», comenta Paula.
En México, siete de cada diez niños y niñas viven en zonas urbanas. Sin embargo, los pocos espacios que se les destinan son los parques públicos, explica la urbanista Dafne Lucina Borromeo y recuerda que las urbes están diseñadas desde una perspectiva adultocéntrica y androcéntrica.
Son entornos pensados por y para un hombre de mediana edad, sano, con todas sus capacidades motrices y sensoriales. Donde las actividades productivas se priorizan por encima del tiempo para el esparcimiento, el juego o el descanso.
«Los niños están en todos lados, pero se les ha mandado solo en la escuela y en los parques, porque los niños deben estudiar y jugar…y nada más eso. Si pudiera resumir cuál es la condición de los niños en la ciudad en general es: están siendo aislados y están siendo invisibilizados».
Bajo esta percepción, las necesidades diarias de las infancias como la movilidad, el acceso a servicios básicos e incluso, el derecho al juego, pasan inadvertidas.
«Por ejemplo, en el transporte público todos vamos amontonados y los niños pobrecitos van así oliendo las pompas de todas las personas; incluso en la calle, el tipo de pavimento, no es lo mismo lo que nosotros alcanzamos a percibir que a un metro de distancia como el reflector».
Las infancias cada vez más lejos de las calles
A lo limitados que son los lugares públicos para ellos, se suma que en los últimos años se ha registrado una menor presencia de las infancias en las calles.
De acuerdo con la investigadora en estudios de las ciudades de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Amanda Casillas Zapata, esto se explica, entre otros factores, por la inseguridad.
«Los padres, las cuidadoras o cuidadores tienen una mayor percepción de esta inseguridad y esto hace que sean mucho más restrictivos con las infancias, entonces, ¿qué termina pasando? Pues se percibe con más seguro jugar en el encierro, eso los condiciona y les restan muchísima autonomía a la infancia».
La sensación de inseguridad también atraviesa a las infancias, un ejemplo son Eduardo y Miranda, de 10 y 9 años de edad respectivamente. Ellos viven en la alcaldía de Iztapalapa y cuando se les pregunta si les gusta salir a la calle responden dudosos. Pero acotan que hay condiciones que le generan confianza.
«Saliendo de mi casa hay un parquecito pequeño, está mi mamá y casi siempre los vecinos tienen sus ventanas abiertas», afirma Eduardo.
«Hay varios perritos que vigilan que no se roben a los niños», señala Miranda.
Según datos del estudio “Pobreza y cuidado infantil” de 2023 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 7 de cada 10 hogares en zonas urbanas tienen acceso a parques o plazas, pero las personas entrevistadas externaron que prefieren no llevar a las niñas y niños.
Algunas de las razones que dieron es por miedo a que se lastimen ante el mal estado de los juegos, o bien, que sean víctimas de alguna agresión o robo a causa de la inseguridad.
Datos similares arroja la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Inegi, hasta el segundo trimestre de este año, el 44 por ciento de la población cambió su opinión de permitir a menores de edad salir de su vivienda por temor a ser víctimas de la delincuencia.
El mayor porcentaje se concentró en los estados de Sonora, Zacatecas y la Ciudad de México.
«La infancia ha generado una mayor dependencia de los y las cuidadoras. Dependen del tiempo de sus padres y de sus cuidadores para poder salir, porque no lo hacen de manera independiente […] Este estado de alerta en los adultos ha generado también estas mayores restricciones en el uso del espacio».
Las alternativas para la infancia
Para responder a los retos que plantea diseñar ciudades que incluyan a las infancias, se han impulsado diálogos como el derecho a la ciudad.
La urbanista Dafne Borromeo explica que este concepto busca hacer frente al despojo, la segregación espacial, la privatización de bienes y las afectaciones medioambientales que se viven en las urbes.
«El derecho a la ciudad viene justo a decir: la ciudad es de todos. Todos tienen derecho a ellas y no importa donde te encuentres, deberías poder caminar libremente, deberías comerte una torta en el espacio público sin problemas».
También se han generado propuestas desde de las organizaciones civiles como el proyecto “Hackeando la Ciudad” de Exploradores de la Ciudad, donde intentan recuperar las áreas públicas destinadas al juego de las infancias.
La organización invita a la ciudadanía a enviar por redes sociales fotografías de los espacios que por diversas razones impiden o generan condiciones de riesgo para las niñas y niños; y vinculan estas quejas con las áreas de atención ciudadana o espacios urbanos de los municipios o alcaldías para que las atiendan.
«Puede ser desde los letreros absurdos que podemos encontrar en los espacios donde en un parque se prohíbe jugar. Dejan las varillas gigantes, pueden ser un riesgo totalmente fatal para niños y niñas, pero también que estén enrejados, eso es muy común porque da una sensación como de seguridad.
Hay otro que no lo habíamos considerado dentro de nuestras prohibiciones, pero era una fábrica que está contaminando y eso no es una prohibición tan directa en el espacio del parque, pero sí que es una limitación».
Hasta el momento han recibido 97 quejas de espacios en los que limitan el derecho a la ciudad y el derecho al juego de las infancias.
A estos esfuerzos, la urbanista Dafné Borromeo agrega que es fundamental tener en el centro de la planificación urbana a las infancias, porque incluye de facto las necesidades del resto de sectores de la sociedad .
Por su parte, la doctora Amanda Casillas refiere que debemos escuchar otras voces que tienen formas diferentes de ser y estar en las ciudades, como son la juventudes, personas con discapacidad y las mujeres.
«Lo más importante es tomar en cuenta sus necesidades y capacidades. Ver a la población infantil como agentes claves de acción, tomarlos en cuenta en la planeación de los espacios públicos, darles voz, escucharlos».
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