El 2 de octubre de 1968 no sólo marcó la historia de la represión en México, sino que fue un parteaguas de la organización estudiantil.
Perla Miranda
Fuerza, alegría, solidaridad y valentía, eso es lo que Ignacia «La Nacha» Rodríguez más recuerda del movimiento estudiantil de 1968.
No deja de exigir justicia por la matanza de Tlatelolco, pero insiste en que ese acto criminal no acabó con la lucha encabezada por miles de jóvenes que organizados tomaron las calles.
A 55 años de su participación activa como brigadista, todavía se emociona al recordar los pasos convertidos en gritos de la marcha del silencio.
La primera vez que llegaron al Zócalo, las veces que subió a camiones para contarle a la gente de qué iba el movimiento, y asegura que la lucha estudiantil no fue sepultada en la Plaza de las Tres Culturas, sino que dio pie a qué nuevas generaciones levanten la voz cada que sea necesario porque reitera: los movimientos estudiantiles no mueren, evolucionan día con día.
“Nosotros hemos sido un referente, algo muy material, cuando lo de los 43, estaban juntando dinero para venir el 2 de octubre ya hace nueve años.
Cómo han avanzado las organizaciones para hacer esto, pues así, hay muchas más organizaciones, hay ideas nuevas porque todo tiene que cambiar y el movimiento feminista se ha incrementado al 100%.
Qué pasa con los movimientos de los jóvenes, pues se acuerdan de nosotros y dicen si ellos pelearon por libertades democráticas, por libertad de presos políticos, por implementar otro México diferente se nos reconoce y eso es para mí un orgullo”.
Así como a Ignacia, Ale, quien actualmente estudia una segunda carrera en la UAM Xochimilco, se ha sumado a diversas movilizaciones estudiantiles y de protesta social.
Ella recuerda sus primeras marchas en contra del gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto, las pancartas que cargó y con las que acompañó a los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en 2014.
Además de otras manifestaciones en las que mostró su postura en contra de la reforma educativa.
El papel de las redes sociodigitales
A diez años de distancia remarca que las redes sociodigitales se han convertido en un motor de convocatoria y cambiaron las dinámicas de las movilizaciones.
En sus primeros años como manifestante debía cubrir su rostro o marchar totalmente encapuchada por temor a represalias, ahora siente que una batalla ganada tras salir a las calles una y otra vez es la libertad de decir lo que piensa sin miedo a sufrir un ataque o ser penalizada.
Sin embargo, aclara que la represión puede llegar en cualquier momento y por ello la organización es indispensable.
“Desde mi experiencia las organizaciones estudiantiles han evolucionado demasiado rápido. Hace diez años por ejemplo no existían este tipo de redes sociales con las que ahora tenemos más poder de convocatoria.
Existía esa necesidad de cubrirse la cara para salir, todo estaba bastante penado, era todo un tabú salir y decir que estabas en pro o en contra de cierto movimiento.
Bueno, diez años después te puedo decir que es un poquito más libre este sentido, más libertad para decir lo que las personas piensan, ya no necesariamente tienes que encapucharte sino que sales bien orgullosa a gritar, a denunciar y a exigir, sin tanto miedo a la represión que sí existe, pero no en niveles como antes”.
Para el sociólogo Luis Gómez Sánchez, los movimientos estudiantiles son reconocidos por la participación de la juventud que protesta contra la represión o acciones gubernamentales autoritarias.
Esto muestra que no solo se preocupan por lo que ocurre en las aulas, sino que se involucran con la sociedad y se suman a la lucha social como agentes de cambio.
Las nuevas luchas de los movimientos
Motivada por la lucha social de los estudiantes en 1968, de obreros, maestros y campesinos que marcharon, se plantaron y protestaron contra cualquier tipo de injusticia, Ale se incorporó a distintas movilizaciones sociales.
En marzo pasado, ver a una compañera de la UAM Cuajimalpa denunciar frente a rectoría que había sido víctima de una violación y la negligencia de las autoridades encendió una rabia que no había sentido.
En conjunto con otras compañeras se valieron de instagram y whatsapp para convocar a un paro y exigir a las autoridades académicas un alto al acoso y violencia sexual.
“En el último paro empezamos con un tema de sororidad que tenía que ver con Cuajimalpa y después dentro de la UAM nos encontramos con muchas compañeras que también nos decían que no solamente existía acoso y violencia sexual en Cuajimalpa.
Entonces nos unimos por solidaridad, pero continuamos en la lucha para exigir justicia por nuestras compañeras, y de ahí partimos.
Y creo que a diferencia de este tema que ves como de Ayotzinapa y dices bueno me identifico porque soy estudiante, cuando ves un tema de gobierno dices me identifico porque soy ciudadana.
Pero cuando llegaron estos temas de violencia de género decías es mi compañera y se sentía esa necesidad de ayudar y al final de cuentas de justicia social, de decir tenemos que parar esto y dejar una mejor universidad a quienes vienen después de nosotros”.
Ana, también alumna de la Universidad Autónoma Metropolitana, cuenta que en las primeras horas después de la denuncia dudó del poder de convocatoria de las redes sociales.
En su experiencia solo se escuchaba a la gente si sale a marchar o bloquea autopistas, incluso recordó sus lecturas sobre el 68 en donde se relatan las brigadas que realizaban y cómo de boca en boca explicaban cuáles eran sus exigencias.
Pero en menos de un día, cientos de compañeras siguieron la cuenta de Instagram y mandaron mensajes contando las veces en las que sufrieron acoso o violencia sexual.
Además, lo que más impactó a la joven, fue que alumnos organizados y representantes de cada sede informaron que se sumaban al paro y no lo levantarían hasta tener una respuesta satisfactoria por parte de rectoría.
«Realmente lo que movió fue el instagram, fue de dominio público el vídeo de la compañera gritando afuera de rectoría, fue lo que movilizó en primer lugar a la UAM Cuajimalpa.
Ese mismo día en la noche llegó la UAM Azcapotzalco que realmente era impensable que estuviera pasando eso, esa misma noche se sumó UAM Azcapotzalco y al siguiente día a las 12 de la noche me llegó, las representantes me mandaron mensaje de que la UAM Xochimilco se sumó, Iztapalapa también, pero Lerma nos estaba costando trabajo porque tenían mucho miedo y se fueron sumando como a las 6 de la tarde».
Los obstáculos de la movilización
Para Ana, el paro en la universidad enfrentó grandes retos. El primero fue que la comunidad estudiantil no desestimara las denuncias de las víctimas de violencia de género y que se sumaran no solo porque sí, sino porque realmente comprendían que el acoso y la violencia sexual era un problema normalizado y que al ser denunciado no había un castigo real.
También les costó trabajo tomar las instalaciones, sobre todo porque la institución insistió en que las denuncias eran atendidas.
“No medían nuestro enojo”, dice Ana y concluye que el último reto fue levantar el paro, no porque creyeran que todo estaba resuelto, sino porque confiaron en la apertura de la Universidad para instalar mesas de diálogo y darle seguimiento a las denuncias.
«No fue hasta que una de las estudiantes de la UAM Cuajimalpa levantó la voz, nos convocó, fue realmente la fuerza.
Creo que el primer problema fue enfrentar eso; mover a los estudiantes, el segundo fue tomar las instalaciones porque el rector y secretario no nos tomaban en cuenta.
Pensaban que estábamos jugando, que era una cuestión que podían solucionar en unas horas y creo que el último reto fue saber cómo culminar el paro, como queríamos que esto trascendiera, que es lo que estábamos pidiendo y como queríamos que terminara».
El paro se levantó casi dos meses después de que las instalaciones de los cinco planteles fueron tomadas.
Las autoridades se comprometieron a cumplir con cada uno de los pliegos petitorios. Sin embargo, Ana y Ale resaltan que no se puede cantar victoria.
De la acción a la negociación
Ahora viene lo más difícil: que los acuerdos no se queden en el papel y realmente se erradique la violencia de género de la universidad.
Pero coinciden en que, así como ellas admiran la organización estudiantil de 1968, esperan que, en un futuro, las nuevas generaciones de estudiantes protesten contra cualquier injusticia, se organicen y en comunidad luchen por hacer cumplir sus derechos.
“Yo invitaría a toda la comunidad estudiantil pues a ser partícipes, la verdad es que no es lo mismo ver una lucha desde fuera, y bueno si no se suman sí pienso que todos debemos ser empáticos con la lucha.
No necesita sucedernos a nosotros como estudiantes para identificarnos, es importante que estemos informados y así también poder hacer comunidad.
No esperar a que nos pase algo para levantar la voz, apoyarnos todos porque las grandes luchas se han logrado justamente por ese apoyo y organización.
Somos de una universidad pública que surgió justamente como una batalla ganada de esas marchas, de esos levantamientos. Entonces hay que unirnos, informarnos y ser empáticos para participar y respetar las organizaciones estudiantiles”.
Ignacia “La Nacha” Rodríguez aplaude la valentía de los estudiantes que se organizan con el objetivo de cambiar su realidad.
A más de medio siglo de haber sobrevivido en Tlatelolco subraya que el 2 de octubre ya no es la marcha del comité estudiantil del 68, sino que es una manifestación de todas las causas “habidas y por haber”.
Sirve a los jóvenes para reflexionar sobre lo que no permitirán que se repita, “es emocionante escucharlos gritar fue el Estado” dice.
Y remarca que hoy no asistirá a la marcha solo para exigir justicia por la matanza de Tlatelolco, sino para festejar con todas las mujeres que salen a denunciar y porque se siente orgullosa de que las autoridades le teman a las mujeres y sepan que nunca más las volverán a callar.
“Hasta el movimiento del 68 fue que empezamos a participar políticamente y del 68 para acá a los movimientos de las mujeres les temen.
No porque vayan y rompan vidrios y quemen, sino porque es toda una consciencia la que está surgiendo, la que está luchando.
Yo no conocía el vocablo feminicidio en mi tiempo y había muchos, ahora la violencia contra la mujer ha sido tremenda y las mujeres no dejan de luchar”.
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