Las discusiones y peleas se movieron de los periódicos a las calles, y de allí a los amigos y las familias, después del golpe de Estado a Salvador Allende.
Alberto Najar
Wally Kutsmann llegó temprano a las oficinas de Unidad Popular, el movimiento político que gobernaba en Chile.
El país vivía una crisis que era más grave cada día. Meses antes, en junio, el palacio presidencial de La Moneda fue atacado por militares rebeldes.
A partir de ese momento la inestabilidad que enfrentaba el presidente Salvador Allende desde el primer día de su mandato, se profundizó.
Pero Wally no esperaba lo que ocurrió ese 11 de septiembre de 1973, cuando un nuevo ataque militar concretó el Golpe de Estado contra Allende.
“De pronto nos empiezan a avisar de que enciendan la televisión, miren lo que está pasando.
Y nosotros estábamos como a cinco cuadras solamente en La Moneda y se escuchaban las bombas y fue algo macabro.
Yo te juro de que la mayoría de nosotros no lo logramos entenderlo, pero tampoco no hallamos que hacer porque no teníamos nada”.
En esa época Wally sólo cuidaba a su familia. Un matrimonio temprano le obligó a suspender la militancia en el Partido Comunista de Chile.
Regresó al activismo poco después de la elección de Salvador Allende, en 1970, cuando arreció una ola de ataques contra su gobierno.
“Yo no podía andar en la calle, ir a un negocio, ir a la feria a comprar y que estuvieran todos hablando contra Allende, que Allende es sinvergüenza, que Allende es esto, que todos los que tenían negocios estaban contra Allende”.
Tensiones y caos en la calle
Eran días complejos, con huelgas en fábricas y el transporte público. Los medios estaban saturados de rumores sobre una supuesta invasión comunista, que se reforzaban con ataques terroristas.
Las discusiones y peleas se movieron de los periódicos a las calles, y de allí a los amigos y las familias.
“Me querían linchar prácticamente porque era una de las opelientas que íbamos a matar a toda la gente, que íbamos a secuestrar a los niños.
Pero mandarlos para Cuba, era como te dijera, una cosa de terror que le estaban impregnando a la sociedad que cree todo, que es la clase media baja, que es la que cree todas las cosas que dice la radio o la televisión, entonces eso fue difícil, fue muy difícil poder vivir porque tú no sabías cómo te iba a tratar en la próxima cuadra”.
A pesar de todo, en Chile existía la esperanza de que la crisis se resolvería, y sobre todo que los militares cumplirían su palabra de proteger al presidente.
Fue mentira. El general Augusto Pinochet, una de las personas en quien más confiaba Salvador Allende, encabezó un golpe militar en su contra.
“Conocimos un Chile que no conocíamos, nos indignamos, pero además de indignarnos de lo que estaba pasando nos sorprendimos de la lealtad de los militares, que era tal hablada de la lealtad que tenían con el gobierno, con el presidente, que no podíamos creerlo, parecía que estábamos viviendo una película de terror”.
El exilio en Venezuela
La vida de Wally Kunstmann cambió por completo. Su esposo e hijos se exiliaron en Venezuela. Ella se escondió por más de un año, hasta que fue detenida cuando estaba a punto abandonar Chile.
Al principio tuvo suerte. Los militares la enviaron a una cárcel de prisioneras comunes, algo fundamental por esos días.
El destino de los presos políticos era la tortura, desaparición o muerte.
Pero tampoco fue sencillo. La violencia más fuerte que enfrentó fue de un comerciante amigo de su mamá, y que se unió al ejército golpista.
“El me dice una grosería y tú no te la vas a llevar tan fácil, maldita igual que tu madre y todas son unas putas que sé yo y entonces yo me doy vuelta, le dije yo sí yo soy puta, le dije pero tú eres un maldito concha de tu madre, le dije, me dio un puñete que me dejó todo morada la cara y yo no sé de dónde uno saca fuerza porque el orgullo.
Yo me sentía tan orgullosa de ser comunista y estar ahí en ese momento que no iba a permitir que un maldito desgraciado me dejara humillar, que yo le esté pidiendo perdón, que yo le esté pidiendo así por favor no me pegué más, no, yo me comporté así como una loca tal vez, pero yo para mí salir de ahí con honor, con honor”.
Wally estuvo en prisión unos meses. Organizaciones internacionales emprendieron una campaña para su liberación.
Tras salir de la cárcel se reunió con su familia en Venezuela. Allí se refugió las décadas siguientes.
Su vida se convirtió en una lucha permanente para mantener la memoria sobre lo ocurrido hace cincuenta años, cuando se quiso borrar el proyecto de Salvador Allende.
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