Brenda Quevedo lleva casi 20 años en prisión preventiva sin sentencia. Su caso exhibe denuncias de tortura, pruebas cuestionadas y fallas del sistema de justicia mexicano durante el sexenio de Felipe Calderón.
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Hazel Zamora
En la primera parte conocimos cómo sobrevive Brenda Quevedo la prisión preventiva después de 20 años sin recibir sentencia. Pero la historia no termina ahí.
Durante estos años, periodistas, organizaciones de derechos humanos y la defensa de las personas acusadas han documentado múltiples irregularidades en el caso Wallace y su construcción en el sexenio de Felipe Calderón.
Las investigaciones han cuestionado la validez de la principal evidencia que sostiene la acusación: una gota de sangre atribuida a Hugo Alberto Wallace encontrada en el departamento de Juana Hilda González, quien fue torturada para incriminar a Brenda Quevedo, Jacobo Tagle, César Freyre y los hermanos Alberto y Antonio Castillo.
Todos fueron presentados como una organización criminal a partir de una fotografía tomada durante un viaje que realizaron juntos a Chalma.
Brenda Quevedo Cruz, acusada del caso #Wallace, anuncia el cambio de representación jurídica y la presentación de 3 amparos para lograr su libertad. La red de abogadas encargadas del caso #DignaOchoa son sus nuevas representantes legales.
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) June 29, 2026
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«Accidentes que pasan, y yo lo viví»: Brenda Quevedo
En noviembre de 2007 fue detenida en Estados Unidos. Ahí buscaba evitar su extradición a México y advertía que enfrentaba un proceso fabricado en su contra. No lo consiguió.
Tras ser entregada a las autoridades mexicanas fue ingresada al penal de Santiaguito, en Almoloya de Juárez.
Al principio, Brenda intentaba entender por qué su vida había cambiado de forma tan abrupta.
«Accidentes de la vida, accidentes, accidentes. Últimamente ya no lo he tenido tanto como los primeros años, que decía: «es que pasó algo, no lo vi»; «porque le hablé a él»; «porque anduve con esta persona»; «porque estuve en el lugar equivocado»… Son cosas, como un accidente, que no puedes explicarte. Desgraciadamente pasan, y yo lo viví».
Para Brenda, el caso Wallace también exhibe un problema más profundo: la corrupción dentro del sistema de justicia.
Ella sostiene que durante años presenció cómo policías, ministerios públicos y funcionarios actuaban con impunidad, mientras quienes intentaban ayudarla eran intimidados.
«Creo que hay mucha corrupción. Amo a mi país, soy muy orgullosa mexicana, pero he tenido oportunidades de estar en otros países y ver la corrupción que hay en países como México, Centroamérica, no sé, por el hambre que no sé tienen algunos servidores públicos porque no hay a lo mejor castigos para alguien que pueda corromper de esta forma la ley».
«Me hipersexualizaron»: Brenda Quevedo tras 20 años sin sentencia
Está documentado que las mujeres enfrentan con mayor frecuencia procesos penales sin sentencia. De acuerdo con el Censo Nacional del Sistema Penitenciario Federal y Estatal 2025 del INEGI, el 55.2 por ciento de las mujeres privadas de la libertad sin sentencia permanecían bajo prisión preventiva oficiosa.
En el caso de Brenda, además, la condena comenzó mucho antes de un juicio. Isabel Miranda de Wallace colocó espectaculares en distintos puntos de la Ciudad de México donde presentó a Brenda y al resto de las personas acusadas como secuestradores y asesinos, pese a que ninguno había sido sentenciado.
También impulsó una narrativa que la reducía a estereotipos de género.
«Como mujer me hipersexualizaron, me pusieron que yo era, te digo, prostituta, escorts, acompañante, no luego enganchadora, no luego vendedora, bueno, de todo menos lo que o que termine una carrera, eso nunca lo dijeron».
En suma, durante su reclusión en los penales de Santiaguito, en Almoloya de Juárez, y en la extinta prisión de Islas Marías, Brenda denunció haber sido víctima de tortura y violencia sexual.
El Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de las Naciones Unidas y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos también documentaron estos hechos.
«Quiero volver a creer que sí hay justicia»: Brenda Quevedo
En 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó la liberación de Juana Hilda González al concluir que fue acusada del secuestro y homicidio de Hugo Alberto Wallace mediante tortura y pruebas falsas.
Aunque la acusación contra Brenda y el resto de las personas procesadas se construyó, en buena medida, a partir de la declaración de Juana Hilda, esa resolución no implicó su liberación. Sin embargo, la esperanza volvió a abrirse paso.
El pasado 16 de julio, durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo tres compromisos públicos sobre el caso de Brenda: instruyó a la Secretaría de Gobernación y a la Consejería Jurídica de la Presidencia revisar posibles violaciones a derechos humanos; pidió que la Fiscalía General de la República recibiera a la defensa de Brenda; y llamó al Tribunal de Disciplina Judicial a revisar la actuación de las autoridades involucradas.
«Quiero volver a creer en las instituciones. Quiero volver a creer que sí hay justicia, que sí existe una impartición de justicia equitativa y que vivimos en un país que se rige por el derecho y por los valores humanos».
Al mismo tiempo, organizaciones y personas defensoras de derechos humanos han conformado un frente para impulsar su liberación.
Después de casi veinte años, Brenda vuelve a permitirse imaginar el futuro.
«Encontrar de nuevo esta paz, de esta tranquilidad, de poder ir a un parque, de poder volver a ser libre, libre para caminar en la calle, libre para estudiar, para poder escoger un trabajo, para viajar, para encontrar el amor que está cerca, yo lo sé y encontrar de nuevo mis redes, mis ser amigos».
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