A 55 años del Halconazo, estudiantes del IPN marcharon para exigir justicia por las víctimas del 10 de junio de 1971.
Natalia Matamoros
Las banderas rojiblancas del Instituto Politécnico Nacional avanzaban entre consignas, tambores y puños en alto.
Eran las cuatro de la tarde cuando cientos de estudiantes comenzaron a salir de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas en el Casco de Santo Tomás para recorrer una ruta cargada de memoria.
No era una marcha más, era el aniversario 55 del Halconazo y como cada año, las calles volvieron a llenarse de jóvenes decididos a recordar a quienes fueron asesinados el 10 de junio de 1971.
Para la estudiante Fer Gómez, recordar el Halconazo no fue un acto de nostalgia, sino una forma de mantener vigente la defensa de la educación pública, los derechos estudiantiles y la dignidad.
Mientras avanzaban, algunos estudiantes tomaban el megáfono para recordar que el Halconazo no pertenece únicamente a los libros de historia.
Mexia Ruiz dice que el legado de los caídos sigue presente en las luchas actuales por una educación pública más democrática y por la transformación del Instituto Politécnico Nacional.
Al llegar a las inmediaciones del Metro San Cosme, donde hace 55 años la violencia intentó silenciar al movimiento estudiantil, los contingentes realizaron un mitin.
Ahí exigieron justicia para las víctimas del Halconazo y denunciaron que la impunidad sigue siendo una deuda histórica. En lugar de guardar un minuto de silencio, dedicaron 60 minutos a honrar la memoria de los caídos con aplausos.
Entre el sonido de las palmas que retumbaba en el compás de la intensa lluvia, se escuchaban las consignas ¡justicia, justicia!
El clamor fue elevado por Félix Hernández, quien estuvo detenido dos años luego de participar en la marcha del 68. Dice que el legado de los caídos del 68 y del 71 para estas nuevas generaciones es la voluntad de no rendirse hasta que se le ponga freno a la impunidad.
«Es una voluntad de lucha, es una voluntad de no dejar de luchar hasta que consigamos la acción de la justicia. Ese es el legado. El legado es un formato de lucha que apela a la dignidad, a la ética en la actividad política que está perdida».
Para Luisa González, quienes fueron perseguidos y asesinados en 1971, dejaron una enseñanza que sigue vigente. Levantar la voz frente a los atropellos, organizarse y defender los derechos conquistados.
«Aquellas personas que vivieron esos sucesos en el Halconazo si no hubieran levantado la voz. Nosotros actualmente no tendríamos esta oportunidad de luchar por nuestros derechos y de recordarlos como las personas fuertes y valientes que fueron en su momento».
Las voces que resonaron en San Cosme dejaron claro que el halconazo no pertenece únicamente a la memoria histórica. Su legado sigue vivo cada vez que una generación decide organizarse, cuestionar al poder y defender sus derechos.
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