Isidro Cisneros explica cómo el nazismo operó como un mito movilizador que fusionó política, cultura, arte y biología, convirtiendo la política en estética y generando un proyecto totalitario basado en símbolos, rituales y la idea del pueblo puro.
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Durante su participación en Biblioteca mínima del buen ciudadano, Isidro Cisneros presentó la obra El mito nazi, de Philippe Lacoue-Labarthe y Jean-Luc Nancy, para explicar cómo el nazismo operó no solo como un régimen político, sino como un mito movilizador y una construcción simbólica que articuló un imaginario colectivo.
Cisneros destacó que los autores “analizan al nazismo como un mito político, no solo como un régimen histórico, sino como una construcción simbólica y estética que articuló un imaginario colectivo”. Subrayó que “el nacionalsocialismo no solo fue un régimen político: fue una mitología moderna que fusionó política, cultura, arte e incluso biología”.
Explicó que “el nazismo operó como un mito movilizador con símbolos, relatos y rituales que dieron forma a una visión del mundo”. Para ello, “la política fue convertida en estética mediante desfiles, arquitectura, propaganda y ceremonias”, dispositivos que permitieron encarnar y difundir el mito.
Recordó que “el mito nazi no surgió de la nada; se nutrió de la tradición romántica alemana y de una concepción estética del poder donde el líder aparece como figura ejemplar”. En ese marco, “el nazismo concibió la política como creación artística: el pueblo debía ser formado y modelado como una obra”.
Uno de los núcleos centrales fue la narrativa del pueblo puro: “El mito del pueblo puro llevó directamente a la política del exterminio”. La biología se convirtió en ideología y la ciencia racial se integró al mito, legitimando la violencia.
Cisneros enfatizó que “comprender el nazismo como mito no es estetizarlo, sino reconocer el mecanismo que lo hizo eficaz para prevenir nuevas formas de nazismos”. También advirtió que “los mitos políticos son ficciones totalitarias que sustituyen la realidad con una narrativa ideológica”.
A partir de ello, planteó un riesgo contemporáneo: “Es una referencia para entender los nuevos fascismos que están emergiendo a lo largo del planeta”. Finalmente, alertó que “la confrontación política del futuro será una lucha simbólica en el ámbito de la cultura”.
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