La decisión de tener hijos dejó de ser una meta obligatoria. Presionados por la inflación, la falta de jubilación y la incertidumbre del entorno actual, los jóvenes priorizan su estabilidad económica y autonomía antes que formar una familia tradicional.
Escucha nuestra conversación con Carla Lutrillo y Víctor Serrano sobre los factores que influyen en la decisión de tener hijos entre las juventudes.
IMER Noticias
Para muchas personas jóvenes, tener hijos ya no es un paso obligado ni una meta de vida. La incertidumbre económica, la falta de estabilidad laboral y los cambios en la forma de entender la familia han llevado a replantear una decisión que durante generaciones se consideró «natural».
En entrevista para IMER Noticias, Carla Lutrillo Maguey, recién egresada de Comunicación Social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, y Víctor Hugo Serrano Moral, estudiante de Ciencia Política y Administración Urbana, así como de Filosofía e Historia de las Ideas en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), analizaron los factores que frenan o modifican la decisión de crear una familia hoy en día.
Los factores que influyen en la decisión de tener hijos
Para las nuevas generaciones, la decisión de la maternidad no se reduce a un simple deseo, sino que está profundamente atravesada por la precariedad laboral, la inflación y la falta de certezas de cara al futuro. Así lo manifestó Carla Lutrillo Maguey, quien expuso las razones por las cuales, a sus 23 años, la maternidad no forma parte de sus planes inmediatos.
«Sabiendo que tengo autonomía, que estudió una carrera y que puedo vivir mi vida de formas diferentes a las que antes conocíamos, sinceramente no, no es algo que me entusiasme.», señaló.
Lutrillo Maguey añadió que la situación global y el panorama financiero actual juegan un papel crucial en esta postura, convirtiendo la llegada de un hijo en un acto de alta complejidad financiera y social.
«La inflación cada vez hace más difícil vivir para uno mismo, que uno ya debe las deudas del pasado, del presente y del futuro, porque tampoco tenemos jubilación asegurada. Hace que, de cierta forma, el tener un hijo me parezca la decisión más irresponsable.», expresó.
Por su parte, Víctor Hugo Serrano Moral propuso abordar esta realidad como un fenómeno demográfico y social constatable que ya se advertía desde el inicio del siglo, apuntando hacia el progresivo envejecimiento de la población en México.
«En el 2000, México era un país joven porque la media estaba tasada entre los 20 años. Y desde ese momento ya se nos estaba pronosticando que México a la larga iba a convertirse en una sociedad más longeva, o sea, adulta. Entonces, para 2030 se supone o se idealiza, se proyecta que la media sea entre 47 y 50 años.» señaló.
Asimismo, Serrano Moral destacó que la juventud actual no solo se enfrenta a la falta de estabilidad laboral y económica, sino también a un entorno tecnológico y político que impacta directamente en su toma de decisiones y en la percepción de su propia libertad.
«Estamos viviendo una distopía donde ahora estamos conviviendo con la inteligencia artificial donde parece que ahí hay una serie, hay momentos, hay un momento donde nuestra libertad negativa se está vulnerando, o sea, alguien más, una pantalla, la IA, el algoritmo está decidiendo por nosotros.», explicó.
Finalmente, al ser consultada sobre las tensiones de género, los discursos de ultraderecha en redes sociales y la denominada «epidemia de soledad«, Carla Lutrillo Maguey enfatizó la necesidad de asumir con madurez los cambios sociales y los desafíos que proponen movimientos como el feminismo, llamando a la corresponsabilidad en lugar de al conflicto.
«Creo que tanto a los que nos identificamos como feministas tenemos responsabilidades con lo que estamos diciendo, con lo que estamos buscando. No se trata de emanciparnos solamente, sino de adquirir las responsabilidades que conlleva.»
En este contexto, las juventudes replantean el significado de la maternidad y la paternidad, dejando claro que se trata de una decisión atravesada por factores personales, económicos, sociales y culturales, más que de una obligación o una meta de vida.
Te recomendamos:
Primera marcha por el TDAH exige inclusión escolar y un alto a la discriminación





