Un proyecto de conservación ha logrado recuperar parte de la población del Macá tobiano, que en su mejor momento bordeó los 5 mil ejemplares.
Alexa Vélez Zuazo / Mongabay, con la producción de Jorge Jaramillo
En la zona sur de la Patagonia en Argentina, ahí donde termina el continente y las condiciones climatológicas alcanzan temperaturas bajo cero y rachas de viento diarias de hasta 100 kilómetros por hora, fue descubierto el Macá Tobiano.
Conocido como zambullidor o zampullín tobiano es un animal pequeño de plumas negras con blancas y cabeza rojiza. Comparte características similares a los patos y los cisnes, puesto que vive en pequeñas lagunas. Sin embargo, su alimentación se basa en invertebrados pequeños como los caracoles.
El primer contacto con esta especie ocurrió en 1974. Este descubrimiento atrajo a la comunidad científica en la década de los 80 cuando se realizaron diversas expediciones, pero las cantidades de recursos económicos, humanos y tecnológicos que se necesitaban para acceder a su lugar de origen acabaron pronto con los proyectos.
Pasaron más de 20 años para que un grupo de biólogos regresara a las mesetas del oeste de Santa Cruz para conocer el estado de la especie endémica. Sin embargo, los resultados observados no fueron los esperados, durante este periodo su población se redujo drásticamente de cinco mil ejemplares a sólo 750.
Uno de los integrantes era el biólogo argentino Kini Roesler, quien al confirmar esta disminución en el número de Macás Tobianos, no dudó en investigar la situación que llevó al ave al borde de la extinción y poner en marcha una estrategia para su conservación.
En 2010, Kini Roesler se aventuró a la zona sur de la Patagonia para recuperar su población. La tarea no fue sencilla, en la primera expedición apenas contó con el apoyo de dos personas, una camioneta, latas de comida y unas casas de campaña para su travesía que duró varios meses.
No obstante, 11 años después su trabajo ha rendido frutos y la población de Macás Tobianos ya asciende a mil ejemplares. Estos resultados lo llevaron a ser reconocido con el premio “Whitley”, una de las distinciones más importantes en el mundo de la conservación.
La estrategia que inició junto a un par de colegas, hoy es el proyecto “Macá Tobiano” que tiene el respaldo de las organizaciones Aves Argentinas y Ambiente Sur, el cual cuenta con el apoyo de un equipo de 24 especialistas encargados de evitar que tres especies invasoras de la región acaben con las aves y sus nidos.
Kini Roesler estudió Biología en la Universidad de La Plata, pero su interés por los animales comenzó a los 10 años cuando su madre le regaló una guía para identificar las distintas especies de aves existentes.
Este episodio marcó un antes y un después en su vida para definir su vocación y que hoy sea uno de los biólogos más reconocidos de Argentina y América Latina.
Él mismo compartió su historia con Mongabay Latam e IMER Noticias.
¿Cuál fue tu primer contacto con la biología?
Me críe en un pueblo pequeño que se llama General Villegas en el centro de las pampas y andaba todo el tiempo en el campo y mi mamá de casualidad me regaló una guía de aves, para identificación de aves, y sin saber que existía el hobbie, me puse a identificar aves. Al otro año conocí la fundación Vida Silvestre y a los guías naturalistas, había uno entre ellos que se llamaba Relapa Pastore, era observador de aves y me di cuenta que era algo que podía hacer desde entonces ya fue una decisión tomada.
¿Cómo te involucraste con la conservación del Macá Tobiano?
Como tenía experiencia en este tipo de proyectos fui invitado por el primer grupo que fue a las mesetas de Santa Cruz porque se sabía que el Macá Tobiano no le estaba yendo bien, pero nadie sabía que pasaba, así que fui como voluntario y lo que encontramos fue un panorama extremadamente complejo. Ahí decidí decir creo que es un buen momento, es necesario que alguien se ponga seriamente a estudiar esta especie y ver cuál es la verdadera situación. Necesitábamos mucho compromiso de alguien, por suerte había un grupo de gente que nos sentamos a discutir y básicamente dije “si ustedes me acompañan yo me sumo a hacer esto, me comprometo a hacer un doctorado cinco años de mi vida y estudiar la situación del Macá.
¿Cómo fue la primera expedición a la Patagonia?
Las condiciones ambientales climáticas son extremadamente duras. El viento de más de 100 kilómetros por hora es frecuente, lo que en cualquier ciudad del mundo sería un temporal que destruiría a casa. Ahí es algo de todos los días o todas las semanas. En pleno verano es frecuente que nieve y que haga temperatura bajo cero, entonces es un ambiente que es complejo. Se necesitan al estar tan aislados, se necesitan recursos, al menos, mínimo de seguridad y en ese momento cuando arrancamos en 2010 éramos dos o tres personas en una camioneta con todo lo que necesitamos para vivir por meses.
¿Cómo fue el estudio del macá tobiano en los primeros años?
Bueno, las grandes preguntas que teníamos inicialmente fue cuántos habían, dónde estaban y cuáles eran los factores de amenaza que estaban haciendo que las poblaciones se redujeran. Para eso había que conocer también varios aspectos de su biología que aún no eran totalmente conocidos como, por ejemplo, que afectaba el éxito reproductivo, cómo eran los movimientos de los macaes antes y después de la reproducción, cómo era la migración entonces, e incluso necesitábamos saber si cada una de las mesetas albergaba una población propia o si todas las poblaciones de la meseta se iban mezclando entre ellas. Entonces el abordaje científico fue bastante ecléctico.
¿En qué momento se dan cuenta que la especie está en peligro crítico?
Y fue bastante rápido que nos dimos cuenta porque, como te contaba, la Fundación Vida Silvestre realizó monitoreos muy exhaustivos en la década del 80 y descubrieron en ese momento que había más de 5 mil individuos. Nosotros lo que hicimos fue agarrar todos los informes de esa época e ir a exactamente a los mismos lugares para comparar, y ver qué encontraron ellos y qué encontramos nosotros. Y la comparación fue bastante dramática, porque pasamos de algunas lagunas que ellos contaban a más de mil individuos, a esas mismas lagunas que no contamos más de 16 individuos.
¿Por qué se redujo su población?
Los visones son los principales responsables de la pérdida de adultos. Las gaviotas son las principales responsables de la pérdida de colonias, de la baja del éxito reproductivo. Y hay una tercera especie invasora que es la trucha arcoíris que su impacto directo no es sobre el macá sino que alteran las condiciones de las lagunas. Como te dije, son lagunas que no tenían peces. Entonces, cuando introdujeron la trucha arcoíris para fines comerciales, las truchas lo primero que hicieron fue comerse casi todos los invertebrados. Entonces lo dejaron sin comida al macá.
¿Qué estrategias han aplicado para lograr revertir esta situación?
Nuestra estrategia ha sido siempre trabajar sobre las amenazas locales, que son básicamente los planes de control de las especies invasoras. Por otro lado, trabajamos un montón con los dueños de las estancias y los productores de truchas para restaurar las lagunas que no son importantes para la producción, pero que sí son importantes para el macá tobiano. Y después hay otras estrategias que son las más experimentales, que es como, por ejemplo, la de los guardianes de Colonia.
Después de tantos años de trabajo, ¿qué significó para ti el Premio “Whitley”?
Es un envión anímico para un grupo de gente. Hoy día en Aves Argentina somos 24 personas trabajando en el proyecto de conservación del macá tobiano, lo que es el programa Patagonia. Entonces para todos, por más que sale mi nombre principalmente, es un premio que vemos como algo grupal, que es de todos, de toda esta gente que venimos desde hace más de diez años trabajando. Eso para un proyecto de conservación es recontra importante, porque gran parte de nuestras acciones tienen que ver con lograr el acompañamiento de las instituciones públicas, de las autoridades, que ellos entiendan que lo que estamos haciendo es algo que necesita el compromiso de todos.
En todo el mundo sólo existen 23 especies de la familia del Macá, de las cuales 22 comparten características casi idénticas. El Macá Tobiano, por el contrario, se distingue por su estructura apta para sobrevivir en ambientes extremos.
Es el único capaz de permanecer en condiciones de vientos, temperaturas bajo cero y sequías. Además, su reproducción y crianza se da en el agua, lo que dificulta su conservación.
En los últimos 11 años, el biólogo Kini Roesler y su equipo han recuperado alrededor de 250 ejemplares. Sin embargo, la tarea para salvar a una de las especies endémicas de la Patagonia Austral durará varios años más, puesto que el apoyo aún es poco para la magnitud del problema y no se ha encontrado la suficiente evidencia para que la especie se reproduzca fuera del sur de Argentina.
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