Shelby, de once años, y su madre Mariana integraron el contingente que encabezó la marcha hacia el Zócalo. Para ambas, esta fue su primera movilización del 8M.
Adriana Esthela Flores
“Si quieren las que van adelante síganme a mí, yo voy al frente, infancias, embarazadas van en medio, infancias en medio e infancias y mujeres embarazadas… Acá las del cartel con víctimas, por favor para marcar el contingente”.
Este grupo es una mezcla de paliacates morados, banderas con la leyenda 8M, mantas con rostros de mujeres desaparecidas o víctimas de violación y feminicidio, tratando de ponerse en orden para comenzar la marcha. Hay rostros alegres, tristes, indignados y de pronto, tienes que agachar la cabeza para ver a las y los nuevos participantes que hacen su debut en la movilización por el Día Internacional de la Mujer.
Ahí está Clarisa, de cuatro años, junto a su madre, Celeste y decenas de su manada, pintando letreros con todo tipo de colores, incluido el verde, que sus amigos del kínder le dijeron que no era para mujeres.
«Me gustó que cantamos canciones, y aparte también me gustó porque luchamos contra todo y porque cantamos las cosas. Así como se nos ha enseñado que calladitas somos más bonitas yo quiero enseñarle que no, que se ve bonita cuando lucha por sus derecho, que tenga una voz fuerte».
Una primera marcha
Más adelante ves a Shelby, once años de edad, junto a su madre Mariana, sosteniendo un cartel y mirando todo con curiosidad. Para ambas, esta es su primer movilización del 8M.
Mariana: «Es la primera vez que vengo a la marcha, ya había tenido muchas ganas de venir desde antes pero siempre tenía el miedo y ahorita estoy muy contenta porque mi hija es super inteligente abierta, ella fue la que me dijo quiero ir, por ella es por quien vengo.»
#8M2022 || Madres y niñas encabezan el contingente del Monumento a la Revolución en la #CDMX
La salida está prevista para las 2 PM.
📷:@adrianaesthela pic.twitter.com/QgTDfNXYvi
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) March 8, 2022
Shelby: «Ya necesitamos alzar la voz, no se me hace justo que eso pase y que el gobierno no haga nada, es la única manera de que nos hagan caso».
También está Geraldine con su hijo Leonel, de quien estaba embarazada cuando vino a la marcha del 8M antes de la pandemia. Ella viene para inculcarle a su hijo que respete a mujeres y hombres, para gritar por las que no pueden hacerlo y para exigir justicia por el feminicidio de una amiga, Polly.
«Bueno pues este año es super diferente porque ya soy mama, desde el año pasado lo trajo a el y he sentido muchas cosas que en cuanto a mamá si es diferente a los hombres, hay diferencia entre que tienen mas derechos como papás y mas obligaciones como mamás».
Por cuestión de seguridad, se acordó que la colectiva del Bloque Negro marche separado del contingente de mamás e infancias. El propio bloque respalda la decisión y avanza cerca, pero no dentro, de ese contingente, que salió minutos antes de las dos de la tarde desde el Monumento a la Revolución rumbo al Zócalo. En la marcha caminan Victoria Flores junto con su hija Yazmín, de cinco años y Leonardo, de once.
«Él ha aprendido a respetarla, a no jalarle el cabello»
Una marcha para todas
En el contingente vienen centenares de mujeres: adultas mayores, jóvenes, pero destacan las niñas, algunas que son apenas bebés; incluso, las Hay acompaña una perrita pitbull, Bruna. Hace mucho calor y una joven, María José, se desvanece. Han pasado cuarenta minutos de la marcha, el grupo está frente al Teatro Hidalgo. Hora de hacer una pausa.
La movilización continúa, toma Eje Central para avanzar por 5 de mayo. Acá no hay policías antimotines, sino personal de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, la Secretaría de Gobierno, agentes de Tránsito y la brigada Marabunta. Y ante las vallas colocadas frente a edificios, las colectivas respondieron colocando ramos de flores. Así llega el contingente después de las tres de la tarde al Zócalo. Y de inmediato, María José, de nueve años de edad, se dirige al muro metálico frente a Palacio Nacional, a colocar una pancarta.
¿Por qué marchar?
«No quiero que haya mas abusos sexuales, que niñas no estén muertas y apoyo a la comunidad. Me sentí muy feliz, segura y contenta. Lo que más me gustó fue cuando empezamos a cantar, cuando avanzamos y ahora que estoy pegando el cartel que yo hice. Dice las niñas no se tocan”.
María José viene con su madre, al igual que Camila, que observa junto a su madre y su hermano, la forma en que feministas intentan derribar el muro con golpes, objetos, vallas, tubos y sopletes.
«Aprendes todo lo que saben porque policías no pueden saber a sus hermanas las pueden llegar a matar, a violar y en es momento se van a dar cuenta: que se fijen en lo que hacen, que entiendan las cosas, que puede llegar a un familiar suyo, lo pueden matar y se van a arrepentir».
Hay quienes vienen también con sus amigas y sus primas, como María Fernanda y Daniela, que han venido para gritar lo que ha callado su familia.
«Es muy significativo de hecho es mi primera marcha, de acuerdo con lo que lucho, tengo una hija de cuatro años. Quiero que ella crezca libre, sin miedo de salir a la calle con una falda, o ir a la escuela y que maestros y compañeros no la acosen».
Hacia el final
A medida que llegan nuevos contingentes a la gran concentración feminista en el Zócalo, algunas madres, tías y amigas comienzan a retirarse, después de las seis de la tarde. Otras se quedan para tomarse fotos o colocar más letreros en el muro metálico que se ha convertido en un tendedero de reclamos y otras, para seguir intentando derribar las vallas.
Duraron más de seis horas en el intento, derribaron un semáforo, abrieron un boquete en una de las vallas pero, al final, la situación no tuvo la violencia de la que alertaron el presidente Andrés Manuel López Obrador y autoridades locales, expresó la ombudsperson de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez.
Pasan de las nueve de la noche. Las luces en el Zócalo se han apagado y detrás quedan las mantas, pancartas, banderas y consignas que Clarisa repitió a sugerencia de sus amigas.
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