En el Panteón de Dolores, autoridades locales y asociaciones civiles organizaron una ofrenda en honor a los desconocidos y desaparecidos.
Natalia Matamoros
Entre frutas, pan de muertos, flores de cempasúchil y terciopelo morados, así como fotos de algunos desaparecidos que han podido identificar, se erige la ofrenda en honor a los desconocidos en el Panteón Civil de Dolores. Aquellas personas cuyas lápidas figuran sin la inscripción de sus nombres y que merecen ser recordadas, aquellas que son buscadas por sus familiares.
A los pies del altar iluminado con veladoras fue tendida una alfombra hecha con aserrín, bordeada con flores que plasmaban las palabras: memoria, resistencia y dignidad, de poderoso significado. Al lado hay un tapete con los nombres de fallecidos que han sido encontrados por sus parientes. Ellos ya no están en fosas comunes, en tumbas olvidadas, sin identidad.
Gerardo Rodríguez, representante de la asociación civil ‘El Caracol’, encargada de trabajar con poblaciones callejeras, dice que esta comunidad tiene mayor probabilidad de morir sin identidad, sin registro, sin testigos.
Por ello, buscan posibles vínculos y solicitan pruebas periciales y cotejos genéticos con familiares para que puedan encontrarlos.
“Promovemos todo el año en ‘El Caracol’ que la gente tenga actas de nacimiento, credenciales con fotografía. Esa es una de las cosas en que ayudamos. La otra es que, como nosotros tenemos un trabajo educativo, de desarrollo humano, tenemos expedientes y en los expedientes a veces se encuentra la huella digital o se encuentran algunas señas particulares de personas que perdieron la vida y no fueron reconocidas.”
Personas identificadas siguen en la fosa común
Luego de un año de buscarlo por hospitales y calles, Nancy Vázquez encontró a su hermano Ricardo en la fosa común del Panteón de Dolores. Él vivía en las calles, a pesar de que su familia lo llevó a centros de rehabilitación para que dejara las adicciones.
El hijo de Beatriz Estévez, Ricardo Bárcena fue detenido por funcionarios policiales hace dos años. Su madre desconocía su paradero. Acudió a reclusorios. Hasta que le informaron que su cuerpo fue enterrado en una fosa común en el Panteón de Dolores. Ella quiere trasladarlo al panteón familiar en la Alcaldía Gustavo Madero y lleva un año en trámites para recuperar sus restos.
“Mi hijo se llamaba Ricardo Barcena. A él se lo llevó a la policía, tardé mucho para encontrarlo, casi 1 año. En diciembre me dijeron que estaba aquí en Niños Héroes y hasta hoy en día no me dan resultados. Me traen que sí, que ya se va a agilizar el trámite y nomás nada se le agiliza. Entonces, yo me fui al Zócalo a ver si me quisieran ayudar para recuperar sus restos; me dicen que sí, pero pues no veo resultados.”
Cada exhumación requiere una cadena de autorizaciones que puede tardar meses o incluso años: resoluciones judiciales, intervención del Instituto de Ciencias Forenses, disponibilidad de antropólogos, peritos y personal capacitado. A esto se suma la falta de infraestructura y presupuesto, según representantes de la asociación civil El Caracol.
El homenaje realizado este 1 de noviembre incluyó una misa y compartir que llevaban consigo un mensaje: «nadie debería morir sin ser recordado». La ofrenda se convirtió en un grito de reclamo por su derecho a existir, a ser nombrados y a no desaparecer dos veces.
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