El secretario general ejecutivo de la ANUIES analizó los retos de los exámenes de admisión y la necesidad de ampliar el acceso a la educación superior en México.
Escucha nuestra conversación con Luis Armando González Placencia sobre los retos de los exámenes de admisión.
IMER Noticias
Los exámenes de admisión a las universidades surgieron como un mecanismo para estandarizar el ingreso a la educación superior; sin embargo, con el crecimiento de la demanda y la falta de espacios suficientes, se han convertido en un filtro que deja fuera a miles de aspirantes, señaló el secretario general ejecutivo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) , Luis Armando González Placencia.
En entrevista para IMER Noticias, el especialista explicó que la concepción original de estos instrumentos de evaluación se basaba en un principio de estandarización que no corresponde a las realidades socioeconómicas actuales.
«Hay que recordar que en su origen los exámenes de admisión tenían un objetivo de estandarización… lo que buscaban era poner un punto de partida uniforme para todo el mundo y, a partir de una idea basada en la meritocracia y en el talento, seleccionar a las mejores personas… Sin embargo, cuando comienza a masificarse la educación superior, el problema es que no crecen de igual manera los espacios universitarios. Entonces, el examen de admisión se convierte en un embudo», explicó.
Del mérito al filtro de ingreso
A partir de la reforma de 2018 al artículo tercero constitucional, se ha cuestionado la efectividad de la meritocracia en los procesos de selección, al considerar que una prueba estandarizada evalúa a aspirantes con trayectorias educativas, sociales y económicas muy distintas entre sí.
González Placencia indicó que, aunque estas pruebas parten de un criterio uniforme para todos los aspirantes, no consideran las diferencias en las trayectorias educativas, sociales y económicas de quienes presentan el examen.
«No problematiza los puntos de partida, no toma en cuenta que las personas que llegan al examen de admisión vienen con distintas historias, con distintas trayectorias, no todas en igualdad de circunstancias», sostuvo.
Para ejemplificar esta desigualdad, explicó que un estudiante formado en instituciones con mayores recursos enfrenta la misma evaluación que otro proveniente de comunidades con más carencias, pese a haber tenido oportunidades de aprendizaje distintas.
Las desigualdades detrás del examen
Además, señaló que alrededor de estos exámenes se ha consolidado un mercado de cursos de preparación que también influye en las posibilidades de ingreso.
«Ese mercado deja fuera a una gran cantidad de jóvenes que no tienen recursos para acceder a él; entonces, de alguna manera, los exámenes de admisión se vuelven una especie de ficción», expresó.
El secretario general ejecutivo de la ANUIES agregó que este modelo tampoco resuelve las desigualdades que enfrentan grupos históricamente vulnerados, como personas indígenas o con discapacidad, quienes encuentran barreras adicionales durante el proceso de evaluación. También advirtió sobre las consecuencias emocionales que puede generar quedar fuera de la universidad.
«La ansiedad y la depresión que produce fallar ante un examen que aparentemente todo el mundo pasa… La realidad es que no, la realidad es que son solo unos pocos los que logran superar el examen de admisión y una gran frustración que queda entonces en grupos de jóvenes», dijo.
Alternativas al examen de admisión
Frente a este panorama, González Placencia señaló que algunos países han optado por eliminar los exámenes de ingreso y sustituirlos por otros mecanismos, como un «semestre cero» para nivelar conocimientos antes del inicio de la licenciatura.
En México, indicó, algunas instituciones también han comenzado a aplicar este tipo de experiencias en determinadas carreras.
Asimismo, consideró que ampliar el acceso a la educación superior requiere fortalecer la infraestructura y el financiamiento de las universidades, ya que la demanda supera la capacidad de atención de muchas instituciones.
«Todavía tenemos universidades a las que aspiran cientos de miles de personas y que solamente pueden aceptar a unos cuantos miles», concluyó.
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