Especialistas advierten que las pantallas pueden ser una herramienta de aprendizaje, siempre que no sustituyan la convivencia y el desarrollo infantil.
Hazel Zamora.
«Siempre le digo un ratito y ese ratito se cumple. Es media hora o 45 minutos. Gracias a esta estrategia, aunque es muy básica, me ha funcionado para que no haya desarrollado una adicción a las pantallas y la relación es muy amigable»,subrayó Jennifer.
En la primera parte de este especial escuchamos que el uso excesivo de teléfonos inteligentes y otros dispositivos digitales durante la primera infancia puede afectar el desarrollo del lenguaje, la atención, el sueño y la manera en que niñas y niños se relacionan con los demás.
La evidencia también muestra que esos riesgos disminuyen cuando las tecnologías son acompañadas por madres, padres y personas cuidadoras.
Algunas familias, como la de Jennifer, ya buscan construir sus propias estrategias. En su casa procuran que la tecnología sea una herramienta para el aprendizaje y no solo una forma de entretenimiento.
«No queremos satanizar el uso de pantallas ni tampoco abusar de ellas. Para nosotros es un recurso indispensable porque educamos sin escuela, entonces algunas de nuestras actividades requieren el uso de pantallas»,mencionó Jennifer
María de Jesús también es madre de dos niños, de cinco y nueve años. En su familia, el acceso a los dispositivos depende de acuerdos y responsabilidades compartidas.
«El acceso a ciertos dispositivos pues depende de que cumplan con sus deberes, así como no sé que terminen su tarea, que levanten sus juguetes o que hagan su cama o que ayuden a barrer o cosas así» , aseguró María de Jesús
En esta segunda parte exploramos qué dicen las y los especialistas sobre la crianza digital y qué apoyos debe garantizar el Estado para acompañar a las familias.
Las estrategias de Jennifer y María de Jesús comparten algo: ambas intentan que la tecnología tenga un lugar dentro de la crianza, y no que la sustituya.
Y es que las tecnologías e internet ocupan un lugar cada vez más importante en los hogares mexicanos. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH). El número de personas de 6 a 17 años usuarias de internet en México ha aumentado de 19 millones en 2016 a 22.9 millones en 2024.
Además, el número de niñas, niños y adolescentes que eran usuarias de celular inteligente a nivel nacional ascendía a 20.9 millones el mismo año.
La seguridad en línea no consiste solo en establecer límites.
— UNESCO en español 🏛️#Educación #Ciencia #Cultura (@UNESCO_es) June 22, 2026
También implica fomentar la confianza, el pensamiento crítico y la seguridad en el ámbito digital.
La @UNESCO_es, junto con @LeCLEMI y @reseau_canope, ha creado la guía práctica «Crecer en un mundo conectado, ¡se… pic.twitter.com/sUCBOrqa7x
La crianza digital comienza con las personas adultas
Por ello, para Juan Antonio Ruiz, Oficial Nacional de Protección a la Infancia de UNICEF México, el reto no es prohibir las pantallas, sino fortalecer las habilidades en las madres, padres y personas cuidadoras para acompañar su uso.
«Que antes de hacerle llegar una pantalla al niño o la niña o adolescente, los padres, las madres, las personas que cuidan se eduquen, adquieran habilidades, reconozcan cuáles son los problemas o los potenciales riesgos a los que pudieran estar expuestos. Se trata de implementar la crianza también en los hábitos digitales. Esto implica construir hábitos, establecer límites, promover el diálogo y la confianza», enfatizó Ruiz.
Acompañar también significa establecer límites
Pero acompañar no significa solamente vigilar cuánto tiempo pasan frente a una pantalla. También implica preguntarse para qué se está usando.
El neurólogo pediatra e integrante del Pacto por la Primera Infancia, Antonio Rizzoli, propone comenzar con una pregunta sencilla: ¿para qué estamos usando la pantalla? ¿Para entretener? ¿Para mantener ocupado al niño o la niña? ¿O realmente como una herramienta que favorezca su desarrollo?
«Cuando una pantalla se vuelve un fin, cuando dices, «Es que voy a dejar a mi hijo a que vea la televisión o que esté viendo las pantallas o que esté viendo YouTube o que esté viendo canales para entretenerse en lo que yo estoy trabajando.» Eso, el fin es entretener, no la persona. Y eso es algo que no deberíamos de dejar ningún minuto en la primera infancia», puntualizó Rizzoli.
Por eso recomiendan que, cuando las pantallas comiencen a utilizarse después de los dos años de edad, siempre exista acompañamiento. Es importante conversar sobre lo que niñas y niños están viendo, preguntarles qué entendieron, ayudarles a identificar contenidos inapropiados y generar la confianza para que pidan ayuda si algo les incomoda o les da miedo.
Rizzoli propone además pensar los dispositivos tecnológicos bajo un principio: no son propiedad de niñas y niños. Son una herramienta que las personas adultas prestan para aprender, explorar y conocer el mundo, siempre con supervisión.
El especialista de UNICEF tampoco recomienda que las infancias naveguen libremente en plataformas de video para ver caricaturas, ni que utilicen audífonos mientras juegan en línea o participan en transmisiones en vivo, donde personas desconocidas pueden contactarlos.
«Deben de entrenarse sobre cómo configurar la seguridad y la privacidad estableciendo filtros de búsqueda segura, configuraciones estrictas de privacidad en redes sociales y videojuegos y herramientas de seguridad como bloqueadores de ventanas emergentes o antivirus. Y algo bien importante es el establecimiento de las reglas familiares. Cuándo Cómo, dónde y para qué se utilizan los dispositivos, Debe de ser algo que debe ser dialogado dentro del núcleo familiar, dentro de la familia»,indicó Ruiz.
El reto también es garantizar condiciones para cuidar
En el debate que abrió la presidenta Claudia Sheinbaum sobre el uso de la tecnología durante la infancia también surge otra pregunta: ¿qué condiciones ofrece el Estado para que las familias puedan acompañar mejor a niñas y niños?
Lorena Villavicencio, secretaria ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), considera que madres y padres necesitan fortalecer su presencia en la crianza, pero también avanzar hacia una política de cuidados que les permita hacerlo.
«Prácticamente estamos hablando de de la triple jornada a la que se enfrentan las mujeres. Entonces, sí, sí necesitamos que haya un sistema de cuidados, pero también para que se atienda adecuadamente a los niños, que se les dé la educación inicial para que desarrollen plenamente sus habilidades», sostuvo Villavicencio.
Las y los especialistas coinciden en una idea: la primera infancia es una etapa irrepetible. El desarrollo ocurre a través del juego, la interacción y el vínculo con otras personas, no con las pantallas.
«Las competencias para el éxito en esta década son trabajo en equipo, liderazgo, comunicación y resolución de problemas. Eso se aprende y se desarrolla en la primera infancia y es la etapa crucial, que entonces hoy más que nunca, si queremos que nuestros hijos y nuestras hijas sean exitosos, centrémonos en que tengan un desarrollo integral en la primera infancia, que la base es la convivencia con el otro», expresó Rizzoli.
La tecnología puede acompañar la infancia. Lo que no puede hacer es sustituir aquello que solo una persona puede ofrecer.
«La memoria y los conocimientos duros pueden ser sustituidos por la inteligencia artificial, pero la creatividad, la imaginación, el arte y la atención hacia otras personas es algo que en 15 años no va a ser sustituido por la inteligencia artificial y que es algo netamente humano»,afirmó Rizzoli.
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