Irmgard Emmelhainz fue despedida de la Universidad Centro tras proyectar cine palestino y hablar de feminismo en clase por denuncias de sus estudiantes.
Laura Velarde
La académica denuncia que su salida fue resultado de presiones académicas, en un ambiente donde incomodar con pensamiento crítico se castiga.
«Me hace sospechar mi propia verdad, sobre todo en estos tiempos tan polarizados»
Una clase de cine. Un aula incómoda. Una profesora despedida. La escritora Irmgard Emmelhainz fue separada de su cargo en la Universidad Centro tras quejas de alumnos por proyectar videoarte palestino y abordar temas de género en sus clases. Durante casi diez años, formó cineastas con una mirada crítica del mundo: feminismo, resistencia, disidencia. Hasta que incomodó demasiado a ciertos estudiantes.
“Me mandaban a pedir explicaciones por mi contenido y cómo manejaba la situación que fue siempre desde un lugar de absoluta empatía con mis alumnos judíes porque yo sé que para ellos ver el lado palestino tiene un costo altísimo familiar, emocional, social, no es fácil. Pero lo que hace esta institución en mi experiencia es quitar la incomodidad. Entonces no es censura directa, nunca me llamaron para decirme. No lo hagas, ciérrate la boca. Que yo la verdad valoraba mi trabajo y lo hubiera agradecido de saber que estaba muy tensa la situación.”
Todo comenzó cuando incluyó una muestra de cine palestino contemporáneo. Los estudiantes podían elegir si verlo o no. Pero tras usar la palabra “genocidio”, el aula se transformó. No era una postura militante, sostiene, sino una propuesta pedagógica: ampliar el canon, cuestionar las narrativas dominantes que están silenciando el genocidio.
“Yo creo que el arte, el cine y la literatura eh para mí son herramientas claves para pensar al presente, porque son una forma de pensamiento distinta a la racional, son una forma de pensar intuitiva que nos interpelan a nivel afecto, a nivel emociones, pero a también a nivel entraña.
Y desde ahí una obra de arte que es una buena obra de arte es algo es una obra con la que no estoy precisamente acuerdo, sino que me hace sospechar mi propia verdad, sobre todo en estos tiempos tan polarizados.”
La escritora afirma que no hubo censura directa más bien fue un silenciamiento sistemático: llamadas, quejas, evaluaciones punitivas. Antes ya había vivido algo similar al hablar de feminismo tras denuncias de acoso en la institución.
“Pero sí sentí la responsabilidad de educarlas en el feminismo y en la historia del feminismo y en la mirada femenina en el cine, ¿no? Entonces, di mi clase con perspectiva de género y los chicos hombres hicieron una evaluación superdestructiva y se quejaron de mi clase, espantoso. Entonces, nunca me dijeron, No la des, pero me quitaron de ese lugar, de esa clase.» Me dieron otra clase.”
Si una universidad trata a sus estudiantes como clientes, su misión educativa se vacía. Cuando el objetivo es complacer y evitar incomodidades, se sacrifican los contenidos que realmente forman y que invitan a pensar más allá de lo conocido. Educar es incomodar.
“Si les alumnos que la universidad los trata como clientes a quien tiene que complacer y les quita lo incómodo para hacerlos felices y que sigan pagando, pero pues qué personas va a van a salir egresadas de ahí si les quitan todo lo que les incomoda, ¿no? Los contenidos que se resisten a ver que sin embargo son fundamentales para que un cine amplíe su mirada».
Casi 200 estudiantes firmaron una carta en su defensa. Denunciaron miedo, acoso institucional y la falta de mecanismos reales para resolver conflictos. A pesar del golpe emocional y profesional, Emmelhainz afirma que se queda con lo más valioso: el respaldo de sus alumnos. Y con eso, basta.
“Estos futuros cineastas van a tener herramientas y acceso para producir contenidos y yo sentí esa responsabilidad de abrirles los ojos al mundo, ¿no? Y como ya vimos, la gran mayoría me lo agradece y mi legado es eh esa afirmación de necesidad del pensamiento crítico en la educación, lo cual me hace muy feliz y me quedo muy satisfecha”.
La universidad no ha dado una respuesta oficial.
Desde la palabra, desde el cine, desde el arte: su voz sigue insistiendo en algo esencial. Que el pensamiento crítico es incómodo y necesario.
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