Los crímenes de odio aumentan tras Marchas del Orgullo; en México ocurrieron cinco homicidios pero hay 27 en lo que va del año.
Escucha el especial con la producción de René Garza
Natalia Matamoros
Mientras muchos integrantes de la comunidad LGBT+, con sus banderas y abanicos multicolor, celebraban los logros alcanzados tras años de lucha, como el matrimonio igualitario y el cambio de identidad, en paralelo se gestaba otra realidad, la de los crímenes de odio.
Después de las Marchas del Orgullo, murieron cinco personas, lo que sembró el miedo entre aquellos que visibilizaron sus derechos en los desfiles y protestas.
Tras las marchas que tapizaron de colores vibrantes las calles de varias ciudades de México, organizaciones civiles como el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra personas LGBT (ONCO) documentó nuevas agresiones, casos de desaparición y cinco homicidios que ponen en evidencia que la discriminación, el prejuicio, el machismo y la misoginia todavía imperan dentro de la sociedad mexicana.
Entre ellos destaca el doble homicidio de los jóvenes Jesús Laiza e Isaí López, quienes fueron acribillados por sujetos que viajaban en un vehículo. Las víctimas regresaban de la Marcha del Orgullo en la Ciudad de México cuando los atacaron.
Otro caso registrado por la organización fue el hallazgo del cuerpo de Alexis Noé Velázquez, una mujer trans que localizada con múltiples heridas en Xalapa, Veracruz. En tanto, en una vivienda del municipio Guadalupe de Nuevo León ubicaron sin vida a Misael Valdez.
En Guanajuato reportaron la muerte de Felipe Flores, quien recibió varios disparos cuando salía de su casa con destino a la Presidencia Municipal de Santiago Maravatío, donde trabajaba.
Principal factor: discriminación
A juicio de Kenlly Pacheco, coordinador de esta organización, esta cadena de asesinatos obedece a una serie de factores, entre ellos: los discursos de discriminación formulados por conservadores que han logrado alimentar los prejuicios entre la población.
La mayoría de estos crímenes, de acuerdo con Pacheco, son perpetrados contra hombres gays y mujeres trans porque «no suelen andar en grupos».
Los ataques son ejecutados con toda la maldad posible: las víctimas reciben más de una herida, lo que demuestra un mensaje de castigo y odio por la identidad o expresión de género de la víctima.
Asimismo, indicó que gran parte de estos homicidios se registran en lugares públicos o incluso en el entorno familiar. Tratándose de lugares donde las víctimas deberían estar más seguras, lo que refleja la normalización de la violencia.
«La brutalidad con la que son cometidos es una señal importante, sobre todo, por esta brutalidad y la misma saña con la que los hechos son cometidos, en la que hay golpizas de por medio, hay insultos.
Incluso hay casos donde la violencia especifica hacia las víctimas es inhumana, donde el odio y prejuicio están de por medio. No es una cosa menor, habla de un patrón específico en donde no hay un respeto por la diferencia».
Para Gloria Careaga, coordinadora de Fundación Arcoíris, en las fechas previas al Día del Orgullo y en días posteriores a la marcha, hay un repunte en las agresiones y atentados en contra de integrantes de la comunidad.
Lo anterior, a causa de su exposición mediática en protestas y desfiles que exacerban los sentimientos de rechazo y odio a favor de la defensa de un modelo único de expresión.
También, la venta e ingesta de bebidas alcohólicas durante las movilizaciones deberían ser reguladas porque, en su opinión, detonan comportamientos violentos y conflictos.
«Tradicionalmente ha habido un incremento de crímenes. Pareciera que la visibilidad que alcanzamos en esas fechas provoca la animadversión de aquellas personas que no logran reconocer que el mundo es diverso y que en esa diversidad tenemos de todo; social, cultural, de género o sexual.
Pero parece que prevalece una educación o una cultura en donde hay una defensa de un modelo único de expresión, de actuar».
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¿En qué estados se concentran más crímenes?
En lo que va de 2025, el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contabilizó 27 crímenes de odio. La mayor parte ocurrieron en Ciudad de México, Veracruz y Michoacán.
La gran mayoría de estos delitos no son investigados como crímenes de odio, sino clasificados como «homicidios comunes«. Esto invisibiliza el móvil discriminatorio y reduce la posibilidad de justicia, así lo explicó Careaga.
«Si tú miras las cifras de homicidios y desapariciones que hay en el país, son raros los casos en los que hay una investigación y se logra capturar a alguien. Esa impunidad me parece que es un factor, yo no sé la incapacidad de las autoridades para atender el número de casos que estamos teniendo en el país, a nosotros nos preocupan particularmente porque no son contabilizados por la fiscalía».
Para prevenir agresiones en contextos de riesgo, es importante el autocuidado, a través del mantenimiento activo de las redes de apoyo. Es decir, la comunicación constante con amistades, familiares de confianza o colectivos, a quienes les informen de horarios, puntos de encuentro y rutas cuando salgan o tengan una cita con personas desconocidas.
También es importante participar en talleres de seguridad digital, acompañamiento o defensa personal impartidos por organizaciones e instituciones públicas de forma gratuita, de acuerdo con Pacheco.
«Parece que el llamado es a estar atenta, atento o atente a no dar nada por hecho, si bien en México han habido avances significativos, no podemos bajar la guardia respecto a lo que está sucediendo con nuestros derechos.
Es sumamente importante tejer redes, generar unión y colectividad para hacer frente al trabajo organizado que están haciendo los grupos fundamentalistas. Me parece que no podemos hacer caso omiso de lo que está pasando y no debemos aminorar los casos de asesinatos, discriminaciones y atentados, incluso de personas desaparecidas, que hay en el día a día».
¿Qué hace falta?
Ambos activistas expresaron la necesidad de crear un registro nacional obligatorio y estandarizado de crímenes de odio por orientación sexual e identidad de género, con perspectiva interseccional.
Para evitar la impunidad, pidieron la implementación de protocolos específicos para la atención de víctimas de violencia LGBT+, priorizando rapidez, confidencialidad y no revictimización.
El reto para México es enorme: no basta tolerar la diversidad, hay que defenderla, abrazarla y hacerla ley. Solo así, algún día, la comunidad LGBT+ podrá marchar con orgullo y volver a casa sin miedo.
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