La vitrificación de óvulos se promociona como una forma de libertad reproductiva, pero su alto costo, acceso desigual y falta de regulación plantean límites.
Escucha nuestro especial de Hazel Zamora sobre la congelación de óvulos, con producción de Diana Susano.
Hazel Zamora.
“Cada vez más mujeres están congelando sus óvulos”, “Las celebridades que han decidido congelar sus óvulos”. Son algunos de los mensajes con los que clínicas de fertilidad en México promocionan en redes sociales la vitrificación de óvulos.
Otros van directamente al precio: “Tratamiento completo de preservación de óvulos: 99 mil 900 pesos”.
O apelan a las aspiraciones personales: “¿Quieres enfocarte en tu crecimiento profesional?”.
La vitrificación es una técnica para preservar óvulos mediante su congelación en nitrógeno líquido. Más adelante pueden descongelarse para intentar un embarazo, aunque el procedimiento no lo garantiza.
Este servicio médico ya no se ofrece únicamente a pacientes que enfrentan procedimientos médicos que pueden afectar su fertilidad. Ahora también se oferta a mujeres y personas con capacidad de gestar como una forma de libertad reproductiva: postergar la maternidad mientras consolidan sus carreras, sus proyectos personales o simplemente se sienten listas.
¿Libertad reproductiva o privilegio?
La doctora en bioética y jurisprudencia médica, María de Jesús Medina Arellano, señala que esta libertad está atravesada por las desigualdades económicas.
La vitrificación o congelación de óvulos en México se ofrece casi exclusivamente en el sector privado, con precios que van de los 50 mil a los 150 mil pesos, sin contar otros costos del proceso.
«No es que todas las mujeres estén pensando en aplazar su reproducción, esto es un privilegio. Las mujeres que acceden a las técnicas de vitrificación se te cobra por mes para tener tus óvulos congelados. Y bueno, todas que hablamos de la libertad reproductiva, pues quisiéramos tener acceso», afirmó Medina.
Las leyes mexicanas reconocen que el derecho a la planificación familiar forma parte de la salubridad general y que corresponde al Estado garantizar los servicios para decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de los hijos e hijas.
No obstante, el 87 por ciento de los servicios médicos que ofrecen la congelación de óvulos son privados.
De acuerdo con un análisis realizado por la abogada especialista en gènero de CMS México, Jimena Figueroa, de los 261 establecimientos con licencia de Cofepris para prestar servicios de “Disposición de Células Germinales para la Reproducción Asistida”, solo 33 son públicos; el resto, privados.
Así, el deseo de las mujeres a ser madres queda supeditado al poder adquisitivo.
“Sí genera una disparidad entre la calidad de los servicios a los que se puede acceder, entendiendo el estatus socioeconómico, el sector en el que te encuentres o incluso un tema geográfico. Muchas de las clínicas se encuentran en grandes ciudades y eso también dificulta el acceso a personas con capacidad de gestar que no tienen la posibilidad de viajar a estos lugares donde sí existen estos servicios», explicó Jimena Figueroa.
Lucrar con el deseo de ser madres
Arellano, también investigadora de la UNAM e integrante del Colegio de Bioética, añade que existe una asimetría de información entre las clínicas y las usuarias durante los procesos de congelación de óvulos.
Señala que es común que se brinde información parcial u optimista sobre las tasas de éxito. Tampoco existe rendición de cuentas sobre la cadena de custodia, la integridad de los laboratorios y la estabilidad institucional de los proveedores.
» Son los biólogos de la reproducción, los médicos, las clínicas, los que poseen la información y tú no tienes el conocimiento técnico para saber si realmente tus óvulos están congelados», sostuvo María de Jésus Arellano.
La doctora ha documentado casos como el de Ana, una mujer que congeló sus óvulos en una clínica privada.
Después de dejar de recibir las facturas correspondientes al pago por la preservación, supo que el laboratorio de la clínica había cerrado y que su médico había cambiado de institución.
La mujer no pudo encontrar su expediente ni el tanque que debía contener su material.
«No hay ningún reclamo jurídico dado que ya la clínica no existe, el biobanco no existe y no hay ninguna ley que sancione porque las clínicas pues no tienen ahorita la obligación de reportar a las personas que se van a destruir sus óvulos o que se van a descongelar», señalo Arellano.
La urgente regulación
Como señala la doctora, la opacidad con la que se maneja este mercado de reproducción asistida y su crecimiento en México se debe, en buena medida, a la falta de un marco jurídico que regule estos servicios.
Por ello, Figueroa señala la urgencia de establecer reglas claras para proteger a las mujeres y personas usuarias de estas técnicas.
«Creo que ese sería el primer paso que dar para garantizar mayor seguridad a los usuarios, a los interesados, a las propias clínicas y también al gobierno. Al final como todos los servicios de salud, pues siempre va a haber un tema de capacidad económica de cualquier lado y pues queda en el gobierno garantizar que la brecha sea cada vez menor», detallóFigueroa
Este año, en el Senado de la República se realizó un foro para construir una iniciativa de reproducción asistida que esté a la par del avance de estas tecnologías.
Entre las principales conclusiones del foro, en el que participaron especialistas, legisladoras y legisladores, integrantes del sector académico, entre otros, señalaron que se debe construir una legislación no solo con enfoque médico, sino que abarca temas sociales, jurídicos y éticos.
Límites, desigualdades y retos legales de la preservación fértil
En entrevista para IMER Noticias, María de Jesús Medina Arellano advirtió que vitrificar óvulos no significa “congelar la fertilidad” ni garantiza un embarazo exitoso. La especialista explicó que la edad al momento del procedimiento y el número de óvulos obtenidos influyen en las posibilidades de éxito.
Por otro lado, señaló que los servicios de reproducción asistida en instituciones públicas generalmente se limitan a la fertilización in vitro, por lo que la vitrificación de óvulos para postergar la maternidad no está disponible de la misma manera.
Asimismo, planteó que la regulación debe definir qué ocurre con los embriones y quién responde por ellos. Entre otros casos, cuestionó qué sucede cuando una pareja se separa y una de las personas cambia de opinión sobre continuar con el proceso reproductivo.
📡 #AlAire || Conversamos con la Dra. María de Jesús Medina Arellano, doctora en bioética y jurisprudencia médica por la Universidad de Manchester, sobre la comercialización de los óvulos.
— IMER Noticias (@IMER_Noticias) August 24, 2026
🎙️ Conduce @berenice_rj en IMER Noticias.
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