Modelos de masculinidad sin límites impulsan confrontación, jerarquías y retrocesos sociales, advierte Ana Acosta.
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Karen Tlali
En entrevista para Entrelíneas con Patricia Betaza conversamos con Ana Acosta, integrante del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, sobre los modelos de masculinidad que caracterizan a líderes políticos contemporáneos y su impacto en las sociedades actuales.
La analista explicó que estos estilos de liderazgo responden a una masculinidad tradicional reforzada, caracterizada por la autoridad sin límites, la jerarquización social y una visión confrontativa de la política.
“Es un modelo amplio de masculinidad tradicional, hiperbólica, que está muy marcado por una idea de autoridad, de superioridad, pero también por el individualismo y la autosuficiencia, donde se construye este sujeto todopoderoso que parece no reconocer límites”.
Como ejemplo, Acosta se refirió al discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que calificó como representativo de este fenómeno.
“Es un discurso masculinista, jerárquico, que yo llamo de masculinidad soberana, donde se construye la idea de un líder que puede todo, que no está limitado por nada y que defiende abiertamente jerarquías entre distintos grupos de individuos”.
Asimismo, subrayó que este tipo de narrativa es utilizada de forma estratégica por sectores de la ultraderecha.
“Tiene que ver con su propio proyecto político, que es un proyecto no igualitario, jerárquico, que busca traer al terreno jurídico y político desigualdades contra las que se ha luchado durante mucho tiempo, por lo que este modelo de masculinidad resulta compatible y funcional para movilizar apoyos”.
Acosta advirtió que este tipo de discursos no solo moldean a los liderazgos, sino también la forma en que las sociedades entienden el poder y las relaciones políticas.
“Hay una lógica de conflicto muy fuerte, una división constante entre amigos y enemigos que lleva a entender la política casi como una guerra, y en ese contexto se normalizan la violencia y la crueldad como formas legítimas de ejercer autoridad y dominio”.
En ese sentido, subrayó que el impacto es profundo y contradictorio, pues al mismo tiempo que moviliza apoyos, también implica retrocesos en derechos.
“Por un lado, llevan a una movilización muy fuerte de personas que los respaldan, pero por otro lado generan procesos de subordinación, particularmente en colectivos que han luchado durante años por mayores niveles de autonomía, de igualdad, de reconocimientos como las mujeres, las disidencias sexuales, pero también de los pueblos indígenas y las clases populares”.
Destacó que el resurgimiento de estos modelos responde a factores como la precarización, la incertidumbre social y el desencanto con la política tradicional.
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