«Cancha Violeta» no solo promueve el deporte a través del fútbol, también enseña sobre los derechos humanos para combatir la violencia.
Escucha el especial con la producción de Diana Susano.
Hazel Zamora
Bajo los últimos rayos del sol, un grupo de mujeres se reúne en el deportivo de San Pedro Xalostoc, en Ecatepec. Visten playeras moradas, cargan conos y balones de fútbol. Antes de empezar, repasan un dato que compartirán en el entrenamiento: 7 de cada 10 mujeres han vivido violencia en México.
El deportivo es un espacio de fútbol llanero: porterías de fierro, poco pasto y tierra suelta que se alza con cada paso.
Pero en medio del terreno destaca una pequeña cancha de entrenamiento profesional, con piso sintético, cercado y alumbrado propio. Es la «Cancha Violeta«, donde estas mujeres enseñan fútbol e igualdad de género a las niñas, niños y adolescentes de la comunidad.
«Entrenadoras: ¡Quiero decirte! Fútbol con… valores y … respeto. Vamos a hacer el calentamiento y de ahí tenemos la actividad, con desafíos: eliminación de violencia. 1,2,3. Entendido».
La Cancha Violeta nació en 2023 impulsada por las organizaciones «Más Sueños» y «Mujeres Ecatepenses por los Derechos Humanos«. Hoy la dirige un equipo multidisciplinario de psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas y entrenadoras enfocadas en la prevención y atención de la violencia contra mujeres y niñas en la zona.
Nallely Arenas Morales, abogada y fundadora del proyecto junto con Perla Acosta, directora de «Más Sueños», dijo que quieren que las niñas y niños conozcan sus derechos.
«Nosotros queremos un proyecto que le cambie la vida a las infancias. Es un proyecto totalmente gratuito. Aquí aprenden derechos humanos, inclusión, no discriminación, igualdad. Es un proyecto de género».
Nallely describió San Pedro Xalostoc —uno de los nueve pueblos originarios de Ecatepec— como una zona periférica consumida por la inseguridad, la marginación y la violencia de género.
«La urbanización y todos los problemas sociales y políticos a nosotros también nos han afectado, como a todo el municipio. Primero vemos una carencia de servicios públicos.
A nivel nacional e internacional Ecatepec ha sido señalado, incluso por la Unión Europea y la ONU, por ser uno de los municipios más peligrosos para las mujeres en América Latina».
Desde 2015, Ecatepec es uno de los 11 municipios mexiquenses bajo dos Alertas de Violencia de Género, un conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para erradicar la violencia feminicida y las desapariciones.
De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de enero a septiembre de 2025 el Estado de México concentró el porcentaje más alto de feminicidios del país, con el 8.2%: 42 casos.
En este contexto, estas mujeres no esperan apoyos gubernamentales. Buscan que la propia comunidad restaure su tejido y eligieron el fútbol como herramienta para lograrlo.
«Los deportes son herramientas para generar paz, precisamente. Alguna vez escuchaba una coach: ‘En la cancha todos somos iguales, todas las personas’. Ahí en la cancha todos participamos y se pueden mediar muchas cosas en el deporte. El fútbol porque les gusta mucho a los mexicanos y me dicen que somos futbolistas de corazón».
Fútbol para la paz
En la Cancha Violeta se entrena dos veces por semana. Una hora de práctica de fútbol y media hora de formación en derechos humanos. Los equipos son mixtos y se dividen entre infancias y adolescentes. Ese día, el grupo de adolescentes trabajó en identificar un problema que cada día les afecta más: la violencia digital.
«La primera: ¿qué es el ciberacoso? a) cuando alguien te manda mensajes ofensivos por internet, b) cuando te pueden ayuda en línea, c) cuando alguien te bloquea en redes sociales. Número dos: ¿qué es el grooming?…»
Tania Arenas Morales, psicoterapeuta en la Cancha Violeta, explicó que también trabajan la salud mental. Ayudan a las y los jóvenes a identificar y nombrar sus emociones. Han acompañado a infancias que viven situaciones de violencia y las canalizan a servicios especializados.
«Estamos en el municipio más peligroso de América Latina. Obviamente nos impacta cómo reconocen la violencia, pero nos impacta más cómo se acostumbran a ella. El reto es que lo que aprenden aquí, lo lleven a su casa y sepan que pueden vivir de otra manera».
Silonet, madre de tres niños que entrenan en la cancha, contó los cambios en ellos:
«Ha habido cambios en mis hijos. Mis hijos son niños más respetuosos, más tolerantes a esta edad que estamos. Y mi hija pues está muy contenta aquí. Ella le gusta mucho el fútbol, le gusta participar en los torneos. En cuanto al cambio, pues ella ha sido una niña más segura de sí misma».
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Las violetas
Antes de pintarse de violeta, Nallely Arenas recordó que esta cancha era territorio exclusivo de los hombres de la comunidad.
«Tú vienes al fútbol de hombres y, aunque no todos, es muy normalizado que se griten, que haya peleas. Yo lo normalicé toda mi vida. Sabía que si era la final tenía que haber policía o cuidarnos porque se iban a pelear los compañeros».
Aún hay resistencias a que mujeres e infancias usen el espacio, pero el reconocimiento ha sido mayor. En la comunidad ya las llaman «Las violetas«. Incluso han colaborado a sostener la cancha a través del tequio, la práctica comunitaria de dar mantenimiento solidario.
Julia Andrea, de 14 años, es una de las niñas que disfruta de esta organización comunitaria:
«Aquí todos los niños nos incluyen a las niñas, nos tratan bien. No hay diferencia entre hombres y mujeres, nos tratan por igual».
Ella llegó por recomendación de una amiga hace medio año y encontró un lugar seguro para practicar su deporte favorito:
«Me gusta que hay comunicación, educación, compañerismo. Aprendemos muchas cosas, hacemos ejercicio y mantenemos nuestra salud».
Para Luna, de 13 años, la Cancha Violeta es una oportunidad para acercarse a su sueño: ser futbolista profesional.
«Me gustaría llegar a competir por copas por a un estadio supergigante con mi equipo y que estén en el estadio gritando dando nuestro nombre y que ganemos futuramente».
Luna cree que más niñas y niños deberían tener acceso a espacios así.
«En algunos espacios hay mucha violencia que a veces no conocen las personas o porque a veces los niños tienen muchos problemas, ya sea en su casa o en la escuela o así.
Los que estén muy enojados y muy tristes, muy alterados que tengan un espacio donde sacar todo eso, donde no se lo guarden en sí mismo, que vengan a jugar y se vengan a divertir».
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