Cientos de migrantes se quedan varadas en la Ciudad de México en su camino hacia Estados Unidos, algunas sin dinero y sin tener a quién acudir.
Elsy Cerero
En la casa Tochán, en la alcaldía de Álvaro Obregón, muy cerca del Metro Observatorio, el albergue para personas en tránsito alista platillos venezolanos para recibir el 2023.
“La intención es llegar a Denver ahí tengo familia, primos y un compadre. Además de amigos en Florida. Tengo quien me reciba, trabajo al llegar, pero estamos aquí estancados”.
Un camino gélido aguarda este fin de año a personas migrantes que se encuentran varadas en México. Tras interrumpir su ruta del sur y centro América, principalmente, hacia el norte con la meta de llegar a Estados Unidos.
En el albergue hay personas de distintas nacionalidades: Honduras, Nicaragua, El Salvador, Cuba, pero, actualmente, hay más de Venezuela.
El no cumplir su cometido les genera incertidumbre, llevan a cuestas el sentimiento de vender todas sus pertenencias en busca de una mejor vida para sus familias, una alternativa que han perdido en sus países de origen.
La inseguridad por grupos criminales o de su mismo gobierno, los hace salir de la tierra donde nacieron.
Migrantes a la deriva
En Casa Tochan, Daivid Rios, Jasiel y Alejandro Nuño platicaron sus historias de vida al tener que abandonar Venezuela y Cuba.
Alejandro de 33 años, hace tres meses salió de Venezuela. Cruzó por la selva “El Darien”, Colombia y Honduras hasta llegar a México.
En la provincia de Tachira, dejo a su esposa embarazada de siete meses. Sus planes cambiaron luego de que Estados Unidos en octubre pasado arreció medidas en contra de migrantes venezolanos.
Hoy está en la Ciudad de México varado, sin saber qué hacer, por lo pronto pasará el fin de año en la casa que lo acoge y da cobijo para recuperar fuerzas en su camino al norte.
“Voy a estar acá tratando de agarrar un poco de aire de todo lo que me paso, que estuve detenido, lo esposan a uno, nunca había estado preso, fue mi primera vez. La detención fue en Ciudad Juárez, es un protocolo se entiende que tienen sus leyes, pero es algo fuerte para alguien que no lo ha vivido. Queda uno desanimado, perdido, sin dinero, pensando que hacer”.
“Tuvo problemas bastante difíciles. Tenía un local privado cuando podía ejercer su profesión y lo trataron de extorsionar, razón por la que decidió salirse. Llego un punto donde la extorsión la hacían valer con armas de fuego. Tuvo nervio, miedo al tratarse de gente que trabaja para el gobierno. Los maleantes son autoridades a las que les pides ayuda y protección”.
David Ríos es un estilista y empresario venezolano que abandono su país ante el cobro de piso de la propia autoridad.
Hoy apoya como cocinero en la Casa Tochan y ya prepara una cena de su país: hallacas venezolanas. El platillo es una especie de tamal. Además de la ensalada de gallina, similar a la rusa que conocemos en México con el agregado de pollo.
En las fechas de fin de año no existe un número exacto de comensales que habrá que apoyar el 31 de diciembre porque los y las migrantes deciden dar el último jalón para llegar a Estados Unidos, pese a las bajas temperaturas que se registran a nivel continente.
“Hasta ahora contamos con 20, pero existe la posibilidad de que suba o baje. La época se presta para que la gente que está acá quiera seguir su camino hacia la frontera. Hay gente lamentablemente que no tiene recursos para subir y se queda quieta hasta que logre estabilizarse un poco, conseguir un poco de dinero y seguir. Hay gente que cruza y la regresan y no tienen donde quedarse”.
Apoyo entre migrantes
Entre las personas migrantes que viven o colaboran en Tochan, encontramos a Jaciel de 31 años, de Cuba. Él vive en México desde hace cuatro años y obtuvo residencia permanente al casarse con una mexicana.
Después en su país estudió la licenciatura en Derecho, pero ahora realiza distintas labores en mensajería y apoyo al albergue. Jasiel dejo en la Habana a sus dos hijas.
¿Qué añoras en estas fechas de Cuba?
“No soy mucho de añorar. Fui en septiembre y me estresé a un nivel inimaginable, cuando salí en 2019 hoy está siete veces peor. ¿Tus hijas? Sobreviviendo, son dos niñas una de 9 y otra de 7, lo que más afecta es que en Cuba no hay comida, Aunque, no tengas dinero a veces no encuentras comida”.
La melancolía, el dolor de estar lejos de los suyos es una constante para las personas en tránsito. El cambio de planes es una idea que los persigue, especialmente ante el cobijo que han recibido en México. Además de enfrentar una época invernal bastante gélida.
“No tengo idea de lo que voy hacer, un día a la vez. No puedo planificar demasiado a futuro. Hay personas que están haciendo planes para el próximo año, a mi déjame llegar a mañana, ya hoy es un día menos que me queda de vida, cuando despierto veo eso que tengo un día menos por vivir, vivo el día a día, no me voy a estresar tanto como el común de la gente”.
“Es lo que estoy pensando porque cuando llegue a Ciudad Juárez y me regresaron fue una situación tan traumática por el trato que no me gustaría volverlo a vivir, pero esa era mi meta principal. Estoy en el dilema si me quedo o me voy, todavía me lo estoy pensando aprovechando la oleada de frío”.
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