A un año de la muerte del guionista y escritor Xavier Robles su homenaje lo llevó hasta el Palacio de Bellas Artes.
Julián Vásquez
Al ritmo de la ópera Va, pensiero, de Giuseppe Verdi, el Palacio de Bellas Artes recibió a amigos, familiares, seguidores y curiosos para el homenaje a Xavier Robles. Una de las mentes detrás del éxito del Nuevo cine mexicano.
Robles nació el 25 de febrero de 1949, en Puebla y falleció el 24 de junio de 2022. Y a lo largo de su carrera en el cine escribió aproximadamente 100 guiones, de los cuales se filmaron 35.
Historias como ¡Qué viva Tepito! de 1981 o Cabeza de Vaca, de 1991, son parte del imaginario del cine mexicano. Y fueron escritas por él. Es por eso que su compañera de vida, la también guionista Guadalupe Ortega, agradeció este reconocimiento:
«A un año tres meses y unos cuantos días de la muerte de Javier me siento tranquila, pero no feliz. Porque él nunca más de su ausencia me acompañará hasta que yo también sea un nunca más. Lo que sí puedo decirles, es que este reconocimiento al legado y trayectoria de Javier, que le fue negado en vida, una y otra vez por las autoridades del cine y la cultura. Es lo más grande que Javier pudiera haber soñado».
Su labor cinematográfica se caracterizó por su compromiso social. Que se dio a raíz de vivir el Movimiento Estudiantil del 68 en la ciudad de Puebla y su formación como periodista.
Guadalupe, su esposa, cuenta cómo en los setenta se adentró en el cine. Cuando el escritor Tomás Pérez Turrent quiso comprar un artículo que escribió sobre las hermanas González Valenzuela. Famosas por manejar una red de prostitución, “Las poquianchis”.
«Llamó por teléfono a casa y le ofreció a Javier comprarle la investigación. La audacia y el gusano del cine que ya traía Javier hicieron que le dijera Tomás que aceptaba la propuesta. Siempre y cuando lo llevara como escritor del guión. Porque aquí están presentes amigos de las diferentes etapas de su vida.»
Su cine siempre fue abierto, ético y comprometido con las causas sociales. Como lo demostró en cintas como Rojo Amanecer, de 1989, hasta Ayotzinapa: Crónica de un crimen de Estado y La luz del alba, los últimos dos documentales que dirigió.
«Es para mí muy satisfactorio, que a tantos años de haber escrito Rojo Amanecer, ahora puedo yo presentar un proyecto como la Luz del Alba. De la noche sangrienta, del amanecer sangriento, nos vamos a la luz que significa la claridad de los pueblos que avanzan en su lucha por no morir.»
Entre participaciones de familiares y amigos, el homenaje tuvo presentaciones breves, pero bastante especiales, de obras que escribió, como “Yo, Neruda”:
«Un hombre que se pone máscaras para interpretar a los demás. Esta vez detrás de la última de las últimas máscaras está la voz del poeta, yo Neruda, ebrio de cantos y de amores. De nostalgias y de pequeñas victorias. Como el nobel, yo Neruda.»
Películas como Bajo la metralla o Los motivos de Luz, que fue premiada en el Festival de San Sebastián, España, pero más allá de reconocer el trabajo del director, Felipe Casals, el director Juan Antonio de la Riva celebra el talento que tenía Xavier al escribir:
«El guión de Javier Robles es la base dramática en la que quedan delineados, sin fisuras ni carencias, todos los elementos que le permiten al director Felipe Casals la realización de una de las películas más notables de su filmografía. El propio director reconoció que sin el trabajo de escritores como Tomás Pérez Turrent, José Revueltas, José Agustín y Javier Robles. La relevancia de películas como Canoa, El apando, Las Poquianchis y Los motivos de luz no serían las obras que admiramos y reconocemos. Y que también hay que decirlo, son piezas fundamentales del cine mexicano.»
Xavier Robles dejó este mundo, pero su cine permanece más vigente que nunca.
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