En entrevista, Omar Millán habló sobre la identidad de Tijuana y su historia marcada por la migración, la cultura y el boxeo.
Escucha nuestra conversación con Omar Millán, periodista y escritor.
IMER Noticias
El periodista y escritor Omar Millán, ganador del Premio Bellas Artes de Crónica Literaria, ha dedicado su carrera a narrar las historias que definen a Tijuana y a la región bajacaliforniana más allá de los estigmas.
En conversación con Alberto Nájar para IMER Noticias, Millán compartió su experiencia y reflexiones sobre la identidad, el periodismo y la riqueza cultural que emergen desde la frontera norte del país.
Durante más de una década, Millán fue corresponsal de Associated Press (AP), donde cubrió la violencia y la migración en la frontera. Con el tiempo, descubrió que Tijuana también albergaba historias de arte, gastronomía y comunidad que ofrecían otra mirada de la ciudad.
«Los editores solo querían notas sobre narcotráfico e inmigración, pero yo veía cómo comerciantes, cocineros, artistas y asociaciones civiles estaban intentando mostrar otra cara de la ciudad».
Libros que narran la otra cara de Tijuana
De esa inquietud surgieron sus libros, entre ellos:
- La fábrica de boxeadores en Tijuana (2012).
- Viajes al este de la ciudad.
- El marciano y la langosta.
En sus obras, el periodista explora la identidad de los bajacalifornianos y la complejidad de una región construida por migrantes.
Sin embargo, explicó que la historia de Tijuana está marcada por el desarraigo y la diversidad cultural. Esto, como resultado de la llegada de comunidades provenientes no sólo de distintas partes de México, sino también de Asia, Europa y Estados Unidos.
El boxeo en Tijuana, símbolo de identidad y superación social
Una de las temáticas más representativas en su obra es el boxeo tijuanense, un fenómeno social que refleja la fuerza y la perseverancia de sus habitantes.
«Solo Tijuana ha producido 23 campeones mundiales de boxeo, algo que no ocurre en muchas ciudades del mundo», destacó.
Este deporte, afirmó, se convirtió en símbolo de identidad y esperanza para generaciones de jóvenes que ven en el ring una oportunidad para transformar su destino.
El periodista recordó los primeros años de esplendor de la ciudad, tras la Ley Seca en Estados Unidos (1924–1936), un periodo en el que la ciudad fronteriza se convirtió en refugio para quienes buscaban diversión y libertad.
Atraía a millones de visitantes que encontraban aquí lo que no podían tener al norte del país:
«Se crean hipódromos, casinos, la avenida Revolución… este lugar de grandes cantinas, de ese alcohol que no se podía vender en Estados Unidos».
En ese contexto, el boxeo surgió como una de las industrias más dinámicas de la ciudad, con funciones multitudinarias y la llegada de promotores como George Parnassus. Él impulsó la carrera de boxeadores mexicanos en Los Ángeles y consolidó su prestigio internacional.
Hoy, Tijuana mantiene viva esa herencia con más de 90 gimnasios de boxeo, donde conviven campeones mundiales, entrenadores y nuevas generaciones.
Esta tradición transformó el sueño de convertirse en boxeador profesional (e incluso en campeón mundial) en una meta alcanzable para los jóvenes de la región:
«El sueño de ser boxeador profesional no se ve lejano… tampoco se ve lejano el sueño de ser campeón mundial».
Para Millán, el boxeo encarna la historia misma de la ciudad: una mezcla de espectáculo, resistencia y sueños.
«Esta región siempre ha sido vista como un lugar de paso, pero mis libros buscan entender qué nos arraiga aquí, qué nos hace ser de Baja California», concluyó el periodista.
Identidad tijuanense
¿Cuál es la identidad de un tijuanense? De acuerdo con Omar Millán, periodista y escritor, es una paradoja porque se trata de un mestizaje entre diversas culturas que puede entenderse a través de la gastronomía.
En su libro «El marciano y la langosta«, Millán describió su viaje por los rincones de Baja California, donde registró las voces de productores, pescadores, cocineros y chefs de diferentes regiones, y las recetas que posicionaron a esta cocina como un referente culinario mundial.
Desde la mítica ensalada Caesars hasta las célebres tostadas de erizo y el Bloody Mary. Todo a través de un estilo que surgió de la influencia de migrantes asiáticos, europeos y mexicanos que han habitado la región, y que ahora conforman la nueva gastronomía bajacaliforniana.
Un mestizaje cultural que él llama «La Baja» o «Baja Med«.
«Soy nativo de Tijuana, regularmente las personas de clase media nacían en California, Estados Unidos, y luego los cruzaban a México. Probé sus platillos en México, pero desde acá no las llamabamos así».
Tijuanenses entre chinos, japoneses, rusos e italianos
En su viaje, desde el sur hasta el Pacífico, descubrió que en Baja California el mestizaje proviene, en parte, de chinos que comenzaron a arraigarse a finales del siglo XIX. También de japoneses que instauraron la industria pesquera y que entrenaron a las y los buzos mexicanos para pescar mariscos.
Incluso de franceses, italianos y rusos molokanos que llegaron entre los años 1920 y 1930 por el auge de los restaurantes, casinos y bares.
«Antes la costumbre era viajar por el mundo con todo y semillas para que las plantaran en donde estuvieran. Así, cada quien cargaba con su cultura y su comida, que era lo que conocían, y fue lo que ellos hicieron».
De esta manera, dejaron el legado de su historia y gastronomía. Así, destacó la huella del vino en el Valle de Guadalupe, que ahora es una industria y símbolo de Baja California.
«¿Qué somos? Toda esta mezcla, no es un mestizaje como en el centro del país, de únicamente indígenas con españoles. Acá es un mestizaje no explorado que nos empieza a dar una identidad y orgullo por los vinos y cerveza, de la que hacemos producción nacional».
La cocina baja mediterránea va más allá. Es la nueva cocina mexicana porque, a diferencia de los demás estados, «tiene siglos de historia ininterrumpida«. Esto, entre recetarios de periodos históricos precolombinos, de la Colonia, la Independencia, la Revolución y el México contemporáneo.
«Defendemos lo que se ha dado en México y siempre viendo al otro lado, esta cercanía que nos da una visión de ese primer mundo, para bien o para mal, y qué se puede aprovechar desde aquí».
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