Juan Camilo Peña huyó de la violencia en Colombia, sobrevivió a secuestros durante su ruta migratoria y encontró en México un lugar para reconstruir su vida y recuperar la seguridad.
Escucha este especial con Natalia Matamoros con la producción de José Luis Plasencia.
Natalia Matamoros
La última vez que Juan Camilo Peña vio su casa en Popayán, Colombia, las paredes ya estaban marcadas por las balas.
No era combatiente. Tampoco él ni su familia tenían vínculos con alguno de los grupos armados que desde hace años disputan el control de esa región del suroccidente colombiano. Aun así, la violencia terminó alcanzándolos.
Los enfrentamientos entre el Ejército colombiano y la guerrilla eran cada vez más frecuentes. Un día, hombres armados llegaron hasta su vivienda y les ordenaron abandonarla. No hubo tiempo para discutir. Si se quedaban, asegura, probablemente no estarían vivos para contarlo.
«El orden público está muy alterado en esa zona. Literalmente fuimos sacados de nuestra casa por las fuerzas armadas que hay allá. Sí es un problema literal que te da miedo, piensas cómo hacer, está tu familia, están tus hijos y no sabes cómo van a contrarrestar y la verdad si está complicado».
Él y su familia habían construido una vida con esfuerzo, pero en cuestión de minutos solo pudieron rescatar algo de dinero antes de marcharse. Los primeros días encontraron refugio en casa de un familiar.
Después emprendieron un recorrido que parecía no tener fin. A pie, cruzaron siete países de Centroamérica con la esperanza de llegar a Canadá, donde imaginaban un futuro lejos de la guerra.
Sin embargo, al llegar al sur de México, la violencia volvió a cruzarse en su camino.
«Esa decisión la tomamos conjuntamente en familia. Salimos el 15 de mayo de 2023. Migramos hacia acá, hacia México e igual el camino por pasar hasta acá no fue nada fácil, también fueron secuestros, fueron cosas, pero obviamente siempre el destino está».
Para recuperar su libertad tuvieron que llamar a Colombia y pedir a sus familiares que reunieran dinero para pagar su liberación. Fue un episodio que les recordó que escapar de un conflicto no siempre significa dejar atrás el peligro.
Una vez libres, la familia volvió a tomar una decisión. Sus padres y sus dos hermanos continuaron el viaje hasta Canadá, donde solicitaron asilo con el apoyo de conocidos que ya vivían en ese país.
Juan Camilo eligió otro destino. Decidió quedarse en la Ciudad de México y comenzar de nuevo.
«Como todo inicio, a buscar trabajo, en unos lados te daban trabajo, en otros no. Yo inicié como albañil, ya después como juego fútbol. Aquí llaman la talacha por jugar fútbol. Allá conocí a mi patrón, el dueño de la empresa donde estoy actualmente y, me dijo no sabes qué, vente para acá. Acá tengo tu puesto y trabajas conmigo. Estoy trabajando en mantenimiento inmobiliario, se le da mantenimiento y por decir ahorita voy a ir a la Fundación UNAM, a todo eso se le da mantenimiento».
En México encontró no solo empleo, también la seguridad que la violencia le arrebató en Colombia y la oportunidad de formar una familia.
Cuando la nostalgia aprieta, busca un pedazo de su tierra entre restaurantes colombianos, festivales y reuniones donde la cumbia vuelve a sonar como si nunca hubiera cruzado una frontera.
Colombia nunca deja de estar presente. Habla con frecuencia con los familiares que permanecen allá. Las conversaciones suelen ser breves y cuidadosas. Sabe que todavía hay temas de los que no pueden hablar con libertad.
«La situación sigue siendo la misma, te digo que entras tú al Facebook y te conectas con Colombia y exactamente donde yo vivía y te enteras que mataron a tal persona, se despareció tal persona, la andan buscando. Entonces dices a qué regreso o qué quiero hacer allá».
Mientras tanto, sigue construyendo su vida en México. La ciudad que un día apareció como una escala inesperada terminó convirtiéndose en el lugar donde recuperó la seguridad, encontró una familia y descubrió que siempre es posible comenzar de nuevo.
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