A seis años de la pandemia, las secuelas del Covid-19 persisten en México; especialistas alertan falta de diagnóstico y atención.
Escucha nuestro especial con la producción de Diana Susano
Guadalupe Franco
Martha contrajo el virus del SARS-CoV-2 durante los primeros meses de 2020, cuando aún no había vacuna, pero sí mucha incertidumbre sobre su tratamiento y sus efectos a largo plazo.
«Son dolores muy repentinos, que sí te puedes llegar a complicar porque no alcanzas a quitartelos de inmediato, aunque tomes cualquier tipo de analgésico. Es difícil que se te bajen rápido, son punzadas. Yo asistí a neurologia de los centros de salud de especialistas medicas. No encontraron ninguna lógica para estos dolores tan repentinos de cabeza, que es lo que me sigue dando hasta el momento y coordinar las ideas con esta neblina mental».
Hoy, seis años después de la mayor crisis sanitaria que enfrentó México y el mundo, los efectos de esta enfermedad siguen presentes en la vida diaria de personas como Martha.
«Sí te sientes vulnerable porque te sientes con un poco minusvalía, ¿en qué sentido la minusvalía?, el que tú tratas de establecer diálogo y te quedas como en blanco. No puedes argumentar bien. Tu cerebro no gira a la misma velocidad de tu lengua. Sí me genera un poco de frustración y hasta de enojo, porque dices, por qué me tocó a mi este tipo de situaciones cuando otros ya lo sobrepasaron».
Aunque la emergencia sanitaria quedo atrás, estudios en México indican que el 10% de la población presentan secuelas post- covid, que incluyen afectaciones neurológicas, respiratorias, cardíacas y metabólicas, con más de 200 síntomas identificados, desde cansancio extremo hasta problemas cognitivos.
A pesar de ello, la falta de diagnóstico claro, seguimiento médico y reconocimiento social mantiene a muchos pacientes en una zona invisible del sistema de salud.
«También hay un sesgo de información porque se estudió tanto, porque hubo muchos casos y mucho investigacion, pero hay una cantidad de población importante, que les dió en la primera ola, que todavía no había vacunas, que no se sabía bien manejar a los pacientes y se tuvo que ir decifrando….Todavía no hay criterios diagnósticos específicos, guía de práctica clínica, pruebas de laboratorio, que permitan establecer diagnósticos y determinar las acciones a seguir».
Mauricio Rodríguez, vocero del programa de riesgos epidemiológicos de la UNAM, explicó que la ausencia de parámetros de diagnóstico en México se debe a “las mil caras” del COVID-19 y a la diversidad de sus efectos en cada persona.
Esto convierte al también llamado covid prolongado en un problema de salud pública silencioso, que podría tener mayor impacto en México que en otros países debido a sus condiciones sociodemográficas.
«Aquí el porcentaje llega a ser de alrededor del 40 por ciento, pero tiene un contexto que el INER tiene pues atiende a pacientes graves, que requirieron de estar en hospitalización, que requirieron de estar terapias intensivas, entonces digamos que por eso, el porcentaje podría considerarse alto, pero pues digamos la mayoría de los casos a nivel global y muchos de ellos, no presentan esta sintomatología persistente».
El doctor Sergio Monrraz, coordinador de Clínicas del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, participa en la atención de personas que presentan secuelas tras haber superado la fase aguda de COVID-19, a través de la Clínica Post-COVID desarrollada por esta institución.
La fatiga, dolor de cabeza, tos y dolor torácico, son las secuelas más frecuentes ente la población mexicana; mientras que las menos son caída de cabello, problemas de dormir, neurológicos, gastrointestinales y tromboembolias.
Algunas de estas secuelas también derivaron en la muerte de pacientes en los últimos años, explicó doctor Sergio Monrraz.
«Por ejemplo, infartos, tromboembolias, pericárditis, eventos basculares cerebrales. No tenemos un porcentaje, una cereza de qué tantas personas fueron, pero sí sabemos que tenemos estás complicaciones. Por esto nace está necesidad de la atención a pacientes post- covid porque vimos que estás secuelas podrían ser graves e incluso llevarlos a la muerte».
Actualmente, la atención post-covid sigue consolidandose en México como parte estructural del sistema de salud.
Sin embargo, la falta de protocolos estandarizados y la existencia de una cobertura desigual entre regiones en el acceso a los servicios especializados dificulta la atención y seguimiento médico a pacientes.
Claves tras el Covid-19
Las secuelas del Covid-19 en México dejaron una huella silenciosa en la salud de los mexicanos y un saldo doloroso de 334 mil 336 muertes.
No obstante, la pandemia también dejó una oportunidad de aprendizaje para corregir errores y frenar la transmisión de nuevas amenazas epidemiológicas, aseguró el académico de la UNAM, Mauricio Rodríguez.
«Lo que no funcionó fueron los tapetes para limpiar las suelas de los zapatos, ni revisar la temperatura en las entradas, ni poner en el aeropuerto filtros, tampoco. Eso no funciona, pero sí por ejemplo identificar su alguien tiene sintomas en un salón de clases y ponerle un cubrebocas a esa persona que tiene síntomas, eso sí puede hacer la diferencia entre provocar contagios o tener una situación más controlada».
La pandemia evidenció que la salud no es un tema aislado, sino un reflejo del desarrollo social, económico y político del país.
Fortalecer el sistema de salud, invertir en ciencia, reducir desigualdades y priorizar la prevención siguen siendo claves para enfrentar futuras emergencias sanitarias en México.
México, vulnerable
A seis años del inicio de la pandemia, especialistas advirtieron que México aún enfrenta pendientes clave en salud pública, pese a los avances registrados tras la emergencia.
El médico y doctor en gobernabilidad, Juan Manuel Lira, señaló que el país carece de un plan nacional de respuesta y de recursos listos para actuar ante nuevas crisis.
“No contamos con un plan integral ni con un presupuesto etiquetado que permita responder de inmediato; esa es una de las grandes lecciones que dejó la pandemia”.
Aunque reconoció que hubo coordinación entre instituciones —incluso con apoyo del sector privado—, también apuntó fallas en la conducción epidemiológica.
Por su parte, el investigador de la UNAM, Carlos Rosales, destacó que la estrategia de sana distancia fue clave en la contención inicial del virus.
“Al inicio no teníamos conocimiento ni herramientas contra el virus; la sana distancia ayudó muchísimo a reducir contagios al limitar el contacto cercano entre personas”.
El especialista subrayó que la pandemia dejó aprendizajes como la importancia de la higiene y el uso de cubrebocas en personas con síntomas. Sin embargo, advirtió que el COVID-19 no ha desaparecido.
“El virus sigue entre nosotros y hay personas que presentan secuelas a largo plazo, como fatiga o problemas de memoria”.
Ambos coincidieron en que es necesario fortalecer la vacunación con nuevas generaciones, así como mejorar la infraestructura y la preparación del sistema de salud para futuras emergencias.
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