Pueblos indígenas compartieron bailes, así como productos artesanales y gastronómicos en la Mega Calenda CDMX 2025.
Natalia Matamoros
La Mega Calenda 2025 llenó de música, danzas y colores el Paseo de la Reforma y el Zócalo de la Ciudad de México (CDMX).
Allí, las comunidades indígenas compartieron su riqueza cultural y aprovecharon el desfile y el encuentro para manifestarse en contra de la discriminación racial.
Además, llamaron la atención sobre la necesidad de crear más espacios y oportunidades de comercializar sus productos artesanales y gastronómicos.
Colores vivos, zanqueros, títeres gigantes, música, danza y tradición se conjugaron en un solo espectáculo.
La Mega Calenda 2025 es un evento que tiene como finalidad darles visibilidad a las expresiones culturales de los pueblos indígenas de México.
También denunciaron la discriminación y la lucha de estas comunidades por el derecho al comercio justo.
Desde zinacantecos, chinelos, comparsas tapia, hasta catrinas regionales, Tlacololeros, charros, bandas huastecas y purépechas—fueron solo algunos de los contingentes que tejieron la calenda.
La procesión es festiva y colorida de bailes y trajes típicos originaria de Oaxaca, pero que en esta oportunidad la trasladaron al corazón de la Ciudad de México.
Las comunidades desfilaron desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo capitalino.
Sandra pide más espacios de expresión para la cultura indígena
Sandra García llevaba puesto una Chincheta, un vestido típico del altiplano central de Puebla, Ciudad de México y parte de Hidalgo, bordado en punto de cruz.
Ella comenta que lo porta de forma orgullosa durante la movilización y para protestar contra aquellos que critican esos trajes.
Desfila por el reconocimiento a la diversidad ancestral, para defender la vasta cultura del país, su gastronomía, trajes tradicionales, artesanías y su música.
Sandra también pide que en la Ciudad de México se abran espacios para estas manifestaciones que representan la identidad de un país.
Pascual pide un alto a la discriminación
Mientras sonaban las trompetas y tamborazos danzaban los tlacololeros de Guerrero que buscan propiciar la lluvia y proteger los cultivos de maíz, calabaza y frijol de los depredadores.
Entre ese grupo de bailarines se encontraba Pascual de Jesús González, quien participó en esta movilización para pedir un alto a la discriminación racial.
También se pronunció contra el clasismo, y por el derecho a ser aceptados y respetados.
Silvia pide espacios para comercializar sus productos
Silvia Doli batía su falda al compás de la música de banda, perteneciente al grupo indígena purépecha de Michoacán.
Doli reclamaba oportunidades para vender sus productos directamente, sin intermediarios que recorten sus ganancias, ni condiciones que los marginen.
Además, critica el poco valor que los pobladores de las grandes ciudades le dan a los textiles y otros productos artesanales que confeccionan con dedicación, creatividad y tiempo.
Los bordados sutiles hechos a mano y las vasijas pintadas que muestran el arte de cada región, reclaman espacios en las salas de los museos y en los comercios.
Por ello, pide a gritos ferias permanentes, apoyo a la producción, canales de distribución y que las políticas culturales se compaginen con un plan para fortalecer sus economías locales.
El desfile culminó en la plancha del Zócalo
En el Zócalo se instaló un toldo gigantesco para la venta y exhibición de joyería, textiles bordados, mezcal artesanal, vasijas y la presentación de grupos folclóricos.
Con cada tamborazo, cada traje y cada paso la Ciudad de México no solo presenció una marcha: vivió una manifestación cultural y política.
La Mega Calenda reafirmó que los pueblos originarios resisten y florecen en la calle, con ritmo, orgullo y pertenencia.
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