Los intermediarios que se dedican al «coyotaje» compran la mercancía de los productores del campo a precios injustos y la revenden más cara.
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Jessica Martínez
Malbaratar o perderlo todo, ese es el dilema al que se enfrentan los productores del campo mexicano cuando llega el momento de obtener las ganancias de sus largas jornadas de trabajo.
Para ellos, sus limitaciones para movilizar el producto de sus cultivos hacia puntos de comercialización, los pone a merced de los intermediarios o «coyotes», quienes con su amplia capacidad de liquidez, compran de manera inmediata la mercancía a precios que no hacen justicia al esfuerzo de meses de trabajo que dedican los productores para cuidar sus cosechas.
Pero no les queda de otra: o venden a los precios bajos que les proponen los coyotes, en una especie de resignación para recuperar algo de su inversión inicial, o se quedan con su mercancía. Sin embargo, cuando se trata de alimentos perecederos, significa una pérdida total.
En el peor de los casos, en la negativa de los productores a las exigencias de los coyotes, ponen en riesgo su vida.
Acecho de los coyotes
José Jacobo Femat, presidente nacional de la Central de Organizaciones Campesinas y Populares (COCYP), advirtió que esta situación representa una «desesperación tremenda«. Sobre todo, porque el acecho es constante a lo largo de la cadena agroalimentaria, y no hay un espacio donde puedan denunciar y ser atendidos:
«Hemos buscado evadirlos pero quieren tronarnos y sabotearnos por cualquier método o mecanismo. Llegamos con los productos a la central de abastos, y no nos lo compran sino es a través de coyotes, a través de pagos de derechos para poder introducir los productos en la central, y ningún bodeguero nos compra sino viene el producto de parte de esos coyotes, porque también los castigan a ellos.
Y, la otra es que tienes que pagar porcentajes de acuerdo con la producción del producto que traes. Entonces, lo vemos en todos lados y la amenaza es permanente y constante».
El líder campesino compartió que, por ejemplo, para los productores de frijol, el ideal de comercialización de su producto está proyectado para venderlo en 27 pesos el kilo, tal como lo establece el gobierno federal en sus compras públicas.
No obstante, ante la falta de mecanismos logísticos para llevar el alimento hasta los centros de acopio u otros puntos de distribución, tienen que malbaratar el precio a los intermediarios, a un costo que oscila entre 18 y 20 pesos y, cuando les va bien, consiguen hasta 22 pesos.
Después, los coyotes venden el producto a lo que ofrece el gobierno, mermando las ganancias de quienes lo recogieron directo en los cultivos.
Jacobo Femat expuso que los productores no hablan del tema porque «saben con quiénes están tratando», por lo que deciden vender o poner sus tierras en renta:
«En el caso de Sinaloa, hay un dicho de hace años, de más o menos de 2008 o 2010, en la que el criminal llegaba a la tierra del campesino y le preguntaba: ‘¿Cuánto quieres por tu tierra?’ ‘No, no la vendo’, decía el campesino. ‘Bueno, ¿te la pago a ti o la o se la pago a tu viuda?’.
Obviamente, eso te marca todo lo que ha pasado».
Si bien, el gobierno federal estableció los precios de garantía para asegurar —mediante la compra a pequeños y medianos productores de granos o leche— el ingreso mínimo por sus productos para protegerlos de la volatilidad del sector, no han logrado cumplir este objetivo.
Precios de garantía
De acuerdo con las reglas de operación del programa «Precios de Garantía a Productos Alimentarios Básicos«, el acopio de la mercancía está a cargo de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), en el caso del maíz y frijol de pequeños productores, y Liconsa, para la leche.
En el caso específico del frijol, para 2025 establecieron un precio de garantía de 27 mil pesos por tonelada, con un volumen máximo de compra de 15 toneladas por pequeño productor.
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Quitarle a los que menos tienen
Horacio Santoyo Cortés, académico e investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, explicó que el coyotaje se torna aún más grave en las zonas más alejadas. Desde ahí, los productores son más pequeños, y las ventajas para los coyotes crecen aún más en función de la necesidad de una compra rápida.
Uno de los principales inconvenientes, indicó el especialista, es el traslado que debe emprender el productor para llevar su producto a los centros de acopio de Segalmex:
«El origen central del problema es lo chiquito que son los productores y lo dispersos que están. O sea, son tan chicos y tan dispersos que no les conviene trasladarse, se les complica mucho organizarse, y estas personas se aprovechan de esa situación para hacerlo.
Tienen un volumen chiquito, comercializan poco, entonces no les conviene trasladarse por los volúmenes que tienen. Los precios de garantía tienen centros de compra y hay que llegar a ellos porque no tienen una red de compradores que vayan a todos lados a comprar».
Adicionalmente a los costos de traslado, el producto que se vende al gobierno debe cumplir ciertos estándares de calidad que, en ocasiones, no cumplen los productores más pequeños. Esto frustra su intención de comercializar a precios justos.
No obstante, una de las quejas constantes de los productores es que el mismo grano que les rechazó Segalmex, después de que lo venden al coyote y éste vuelve a ofrecerlo a Segalmex, se los acepta:
«La compra siempre tiene ciertos estándares. Por ejemplo, un porcentaje de humedad, porque si viene con más humedad, la semilla se puede echar a perder. O si tiene cierto porcentaje de impurezas, no estar dañados.
Y, esos estándares los tiene que cumplir el coyote que le vende ahí o el productor. Lo que sucede es que eso es la teoría, porque en la práctica, si el que compra no es suficientemente estricto, no quiere ver ese tipo de cosas, te las puede dejar pasar».
José Jacobo Femat agregó que otra limitante en los esfuerzos del gobierno por pagar precios justos a los productores del campo, se centra en que la oferta de granos supera la demanda del gobierno. Todo aquel producto que no pueden vender los campesinos a las autoridades, será malbaratado a los coyotes:
«El Gobierno federal no acopia toda la producción, acopia una parte. De tal manera que los coyotes esperan que el gobierno abra sus bodegas y que compre la cuota que iba a comprar. Después de eso, el gobierno cierra sus bodegas, y entonces es el momento en que entran los intermediarios, los coyotes y compran por abajo del precio de referencia que había fijado Segalmex.
Eso es lo que pasa. Por ejemplo, el precio del frijol ahorita está en 27 pesos. Sin embargo, el gobierno tarda en abrir las bodegas, y cuando abre, solamente es un momento porque no compra las 800 mil toneladas que se cosechan de frijol o el millón, compra 150 o 200 mil toneladas y el resto queda en el libre mercado».
¿Qué hacer para combatir a los coyotes?
En tanto, José Narro Céspedes, dirigente del Frente Popular de Lucha de Zacatecas, denunció que, en los esfuerzos del gobierno por ayudar a los productores más pequeños, también hay malas prácticas por parte de las autoridades encargadas de dicha tarea:
«Sigue siendo un flagelo el coyotaje. El problema de precio de garantía ha ayudado, pero no ha resuelto el problema. La delincuencia organizada compra el frijol a 14 o 17 pesos, lo mete a las bodegas de Segalmex, o lo que hoy es Alimentación para el Bienestar y resulta que detrás de eso está toda una cadena de irregularidades».
Finalmente, Fernando Cruz, socio del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), sostuvo que, pese a las malas prácticas, los coyotes se han convertido en un mal necesario. Lo anterior, ya que, en el caso de productores más pequeños y más alejados, no tienen la capacidad de organización para recolectar sus productos y venderlos a Segalmex:
«Sí, existe el coyote y se quejan mucho, pero el coyote tiene una función. El coyote tiene esa liquidez, uno: para ir a agregar esta demanda de comprarla a los productores, ir a buscar a esos pequeños volúmenes, vamos a venirlos a buscar e irlos a que generen esa masa crítica o ese volumen grande y después comercializarlo y pasarle el riesgo a alguien más.
Entonces, sí es un mal necesario dentro de la cadena: si el productor no se vuelve un productor integrado que quiera llegar más allá de su parcela, pues los coyotes seguirán existiendo».
Ante este panorama, los especialistas destacaron las alternativas para combatir a los intermediarios:
- Organización entre los productores para movilizar su propia mercancía.
- Diálogo más directo con las autoridades.
- El gobierno debe ampliar su demanda de alimentos.
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