Natalia Matamoros, una migrante venezolana, se enfrentó a ser una mujer sola en un nuevo país, pero la migración no siempre es un duelo.
Escucha la entrevista con Natalia Matamoros, reportera en IMER Noticias.
IMER Noticias
En el marco del Día Internacional del Migrante, Natalia Matamoros, una migrante venezolana que echó raíces en México desde hace 8 años, reflexionó sobre cómo ha sido su experiencia al dejar su país.
Matamoros es una reportera que cubre temas de migración, por lo que es inevitable que no se involucre con las historias de las personas y no sentirse identificada.
«Esta búsqueda de nuevos horizontes, de mejoras de calidad de vida, de un mejor futuro. Yo no he atravesado la selva (del Darién) pero sí sé de personas que atraviesan la selva y que a veces no consiguen esos sueños como ellos los esperaban».
Comentó que al conocerles, se conmueve con las historias del esfuerzo que representa abandonar sus países de origen. Así como de enfrentarse al crimen organizado, la extorsión y la violencia que sufren durante sus trayectos.
Muchas personas sentían que sus sueños estaban acabados cuando Estados Unidos desapareció la plataforma CBP One. Sin embargo, Natalia reflejó que en México también pueden tomar forma los sueños de las y los migrantes, sobre todo, cuando se trata de emprendimientos.
Salir de Venezuela
Debido a la inestabilidad política y social que hay en Venezuela, empacó sus maletas a los 39 años y viajó sola.
«Una amiga me dijo: ‘Bueno, vente para acá, aquí vamos a tener tranquilidad».
En el ámbito profesional, estaba muy agobiada con su situación. Después de 17 años de trabajar en cubrir «nota roja» y ante la situación de escasez de alimentos, descubrió que tenía que mejorar sus condiciones.
«En esa época que yo me vine, había un tema de un problema de desabastecimiento de productos básicos y para comprar 1 kilo de pollo tenías que hacer una fila de 1 kilómetro. Entonces, además de la cobertura constante, yo cubría nota roja».
Sin embargo, tuvo un golpe de realidad cuando llegó a México y no le resultó sencillo encontrar empleo como periodista. Aun cuando en su país estuvo en medios reconocidos, tuvo que «pescar una oportunidad» y reinventarse.
Así, tuvo varios empleos en otras áreas antes de volver a ejercer su profesión.
¿Cómo es vivir en México?
Natalia Matamoros encontró el amor y formó su familia. Pero también le tocó estar sola por las calles y en el transporte, lo que la hacía sentir vulnerable por ser una mujer migrante.
Relató que su estancia en México, al principio, no era de persona refugiada, por lo que no tuvo que acudir a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Al contrario, acudió con un abogado migratorio para obtener una residencia temporal.
No obstante, eso también representaba gastos de 6 mil pesos para renovarla anualmente.
«Eso era un gasto que yo hacía ante el Instituto Nacional de Migración porque yo tenía que pagar 6 mil pesos para estar renovando tarjetas anualmente. Eso es una plata que también tú tenías que apartar, aparte de los gastos, y también lo que es ayudar también a mis papás porque yo era hija única».
Aunque México le ha dado una vida nueva, Natalia extraña las costumbres, a su familia y amistades de Venezuela, a quienes espera ver pronto.
«Hemos consolidado aquí una familia, pero sí extrañas las costumbres porque, bueno, no es lo mismo. Extrañas a tu gente y surge la pregunta de cuándo nos volvemos a reunir todos de nuevo».
Matamoros señaló que hay una diferencia enorme entre una migración forzada y una voluntaria. Y reconoció que ella no quería abandonar su país.
«Cuando son migraciones forzadas, esto es lo que pasa. Tu raíz queda allí, es como si arrancaran una matita, la raíz queda».
Ver a otros migrantes en situaciones diferentes
La reportera contó que entrevistar a las y los migrantes la «atraviesa» porque la llena de impotencia porque quiere ayudarlos.
«Son personas que están en extrema vulnerabilidad y tú dices: ‘Dios mío, lo quiero ayudar, quiero hacer algo, quiero ayudar a este paisano, a este amigo haitiano, a esta amiga cubana. Y te da esa como impotencia».
Por ello, señaló que procura brindarles ayuda contactándolos con grupos u organizaciones que pueden resolver sus casos.
El proceso de migración no es solo duelo, dijo, es también la oportunidad de reinventarte y echar raíces en otras tierras para que «la gente aprenda de ti y tú aprendas de ellos».
Finalmente, expuso que la migración no debe criminalizarse porque gracias a este fenómeno los países han logrado construirse.
«Los buenos siempre somos más y con la migración vienes a aportar, no vienes a restar. Nosotros venimos a aportar conocimientos, lo que sabemos, a aprender y a contribuir con un desarrollo económico y cultural del país».
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