Aunque cuentan con más preparación y nuevas habilidades, millones de jóvenes en México enfrentan bajos salarios, informalidad laboral y estrés financiero que limita sus oportunidades.
Escucha nuestra conversación con Enrique Pérez Recendez, profesor investigador de la UACM, sobre la precariedad laboral que enfrentan las juventudes en México.
IMER Noticias
Trabajan, estudian o hacen las dos cosas. Se capacitan, aprenden idiomas, dominan herramientas digitales. Y aun así, cuando llega el día veinte del mes, muchos jóvenes mexicanos ya están haciendo cuentas para ver cómo llegan al treinta. En México, cerca de siete de cada diez personas de entre 18 y 29 años viven con estrés financiero. No es una percepción aislada: lo documentan el INEGI, la Secretaría del Trabajo y organizaciones que estudian a la juventud.
CUÁNTO GANAN
Según el reporte anual «Jóvenes oportunidad: Entre la precariedad y la salud mental», de la asociación civil YouthBuild México, con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, una persona de 20 a 29 años gana en promedio 10 mil 892 pesos al mes si es hombre, y 9 mil 440 si es mujer. Una brecha de género de casi mil quinientos pesos que aparece desde el primer empleo.
Pongamos esas cifras junto a dos referencias oficiales. La primera: el salario mínimo, que desde enero de 2026 es de 315 pesos diarios, 9 mil 582 al mes, según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. La segunda: el salario formal promedio, que la Secretaría del Trabajo, con datos del IMSS, ubicó cerca de los 13 mil 765 pesos mensuales. El contraste es claro: el sueldo típico de un joven se acerca mucho más al salario mínimo que al promedio del empleo formal.
¿POR QUÉ GANAN TAN POCO?
La respuesta tiene nombre: informalidad. El mismo reporte señala que el 67 por ciento de los trabajadores menores de 24 años labora en la informalidad: casi siete de cada diez. Y eso no es solo «no tener contrato»: significa ingresos bajos, sin seguridad social y con exceso de horas. De hecho, el 31 por ciento de los jóvenes subordinados no recibe ninguna prestación, y casi una cuarta parte trabaja más de 48 horas a la semana, por encima del límite legal.
YouthBuild México calcula que hoy existen en el país 14.4 millones de «jóvenes oportunidad»: quienes enfrentan barreras para acceder a educación, a empleo digno, o a ambos.
ESTRÉS FINANCIERO
Con ingresos bajos e inestables, el resultado es previsible. La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera, la ENSAFI, del INEGI junto con la Condusef, encontró que cerca del 70 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años —unos 16 millones— vive estrés financiero moderado o alto. De ellos, 6.6 millones lo padecen en nivel alto. Y afecta más a las mujeres: 71 por ciento, frente al 67.6 por ciento de los hombres.
Ese estrés se siente en el cuerpo. Según la ENSAFI, casi el 35 por ciento de la población reportó consecuencias físicas —dolores de cabeza, problemas digestivos— y más del 30 por ciento, impactos psicológicos, como problemas de sueño o de alimentación.
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— IMER Noticias (@IMER_Noticias) July 31, 2026
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Mayor preparación, menor estabilidad laboral
En entrevista para IMER Noticias, Enrique Pérez Recendez, profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), analizó las condiciones laborales que enfrentan las juventudes en México.
El especialista señaló que existe una paradoja: aunque las generaciones jóvenes cuentan con mayor preparación académica que antes, enfrentan más dificultades para acceder a empleos dignos, con prestaciones y condiciones laborales estables.
“Más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 29 años en nuestro país están integrados plenamente al mercado informal, en donde no te aseguran ninguna prestación laboral, ningún tipo de beneficio, seguridad social, seguridad médica, etc.”, afirmó.
Pérez Recendez añadió que esta precariedad afecta de manera diferenciada a mujeres jóvenes y personas no binarias, quienes enfrentan mayores obstáculos para incorporarse a empleos con derechos laborales garantizados.
Juventudes entre la innovación laboral y la precariedad
El académico explicó que muchas empresas trasladan a las juventudes responsabilidades y costos relacionados con su preparación, capacitación y desarrollo profesional, incluso dentro de esquemas laborales formales.
“Todo el panorama de los jóvenes está construido sobre castillos en el aire, una incertidumbre total en términos laborales. Por eso los jóvenes optan por tener trabajos sencillos como repartidores o o ejemplos de emprendedurismo como las famosísimas nenís, porque justamente esa actividad la combinan en muchas ocasiones con su empleo formal.”, explicó.
Pérez Recendez consideró necesario fortalecer las políticas públicas dirigidas a las juventudes. Aunque reconoció avances como el aumento al salario mínimo y el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, afirmó que la desigualdad laboral persiste.
“El sueldo es insuficiente para los jóvenes y para gran parte de la población mexicana […]; la suma de esos elementos hace que el dinero no alcance […] y ante eso combinen empleos o terminen […] frustrados”, concluyó.
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