Jacqueline Palmeros inició en el Ajusco la búsqueda de los restos faltantes de su hija, Jael Monserrat Uribe. Sin embargo, faltó personal.
Hazel Zamora
Jacqueline Palmeros volvió al Llano del Vidrio, en el Ajusco, al sur de la Ciudad de México. Busca regresar a casa «hasta el último diente» de su hija, Jael Monserrat Uribe Palmeros.
«¿Por qué los buscamos? ¡Porque sólo nosotros los encontramos! ¿Por qué las buscamos? ¡Porque sólo nosotras las encontramos!»
Hace unas semanas, la Fiscalía de Justicia capitalina confirmó que los restos óseos que encontró la propia Jacqueline en esa zona corresponden a Jael, quien desapareció en julio de 2020 tras abordar un vehículo en la alcaldía Iztapalapa.
«Hoy tengo la certeza de que mi hija ya está en un lugar mejor, ya está descansando. Pero cualquier madre o padre que ame a sus hijos verdaderamente, va a querer llevar a su casa hasta la última falange, el último diente, por eso es que yo pedí que nos reuniéramos hoy para continuar con las acciones de búsqueda y les estoy infinitamente agradecida, como Montse seguramente lo va a estar».
Con esta confirmación, Jacqueline, fundadora del colectivo de madres buscadoras «Una Luz en el Camino» comenzó el lunes 27 de enero una jornada de tres días para localizar más restos de su hija. Durante la búsqueda, declaró con firmeza que «Les buscamos porque sólo nosotras les encontramos». Y, resaltó la labor crucial que realizan las madres buscadoras en México.
El área de búsqueda era complicada: una barranca densa cubierta de vegetación y basura que debían ser removidas para intentar localizar más restos óseos de Jael.
Según Jacqueline Palmeros, este sitio es señalado por las madres buscadoras como un lugar donde suelen abandonar los cuerpos de personas desaparecidas:
«En este sitio tal vez encontremos a Montse, pero pueden estar más personas y eso también se les ha dicho una y otra vez. Se les ha insistido con arcos para las entradas principales del Ajusco que se ha convertido en una zona de muerte, de terror, de hallazgos constantes y parece que las autoridades no nos escuchan.
Si tuviéramos esos arcos, sabríamos qué vehículos entran y salen y a las horas que entran y salen tendríamos las matrículas».
A pesar de la presencia de personal gubernamental, éste fue insuficiente porque la mayor parte del trabajo recayó en las familias, personas voluntarias e incluso periodistas que cubrían los hechos.
Por esta situación, Jacqueline exigió a las autoridades desplegar más personal en los próximos días:
«Para mí, la verdad es que tanto la Fiscalía como la Comisión se quedaron cortos en recurso humanitario. Creo que somos más familias y solidarios y, esa parte me duele, me tiene molesta porque pues creo que si fueran sus familiares no traerían tan poquito personal.
Entonces volvemos a lo mismo, las familias, los solidarios, los medios de comunicación que tuvieron que entrar porque está corto el personal que vino».
Tras siete horas de búsqueda, el personal forense confirmó que entre los hallazgos sólo había restos óseos pertenecientes a fauna local. Por ello, decidieron ampliar la zona de búsqueda.
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