Norma Mesino advirtió que “las heridas de la Guerra Sucia siguen abiertas” tras el homenaje a Rubén Figueroa Figueroa. Sobrevivientes recuerdan persecución, desapariciones y la impunidad que permitió tragedias como Aguas Blancas.
Escucha nuestra conversación con Norma Mesino, defensora e integrante de la Organización Campesina de la Sierra Sur, y Alberto Nájar, con una producción Gema Hernández.
Alberto Nájar
El homenaje organizado por el ayuntamiento de Huitzuco al exgobernador Rubén Figueroa Figueroa, avalado por el gobierno estatal, provocó indignación entre víctimas, organizaciones sociales y sobrevivientes de la Guerra Sucia en Guerrero, quienes consideran que reconocer públicamente a este personaje es una ofensa a la memoria de quienes sufrieron represión, tortura y desapariciones durante su gobierno.
En entrevista para Entrelíneas, la defensora de derechos humanos Norma Mesino, originaria de Atoyac de Álvarez e integrante de la Organización Campesina de la Sierra Sur, expresó que este reconocimiento reabre heridas que nunca cerraron.
“Las heridas de la Guerra Sucia siguen abiertas; la impunidad permitió nuevas masacres como Aguas Blancas”, afirmó.
Un periodo marcado por desapariciones y pueblos arrasados
Mesino recordó que entre 1970 y 1975, y bajo la persecución dirigida por Figueroa, más de 600 personas fueron desaparecidas en esa región. Comunidades como Río Chiquito, El Quemado y Los Piloncillos fueron sitiadas por el Ejército, con detenciones masivas, cateos y masacres disfrazadas de enfrentamientos con la guerrilla.
La defensora relató que su propia familia vivió tortura y violencia militar, incluyendo la desaparición de su tío Alberto Mesino Acosta en julio de 1974. Describió ese periodo como un “estado de sitio” donde el Ejército controlaba alimentos, movilidad y recursos.
Persecución contra Lucio Cabañas
La represión se intensificó tras la captura y liberación de Lucio Cabañas, líder guerrillero, y culminó con su asesinato el 2 de diciembre de 1974. A partir de entonces, comunidades enteras fueron tratadas como simpatizantes del movimiento y sometidas a operativos militares.
Impunidad que permitió nuevas tragedias
Mesino aseguró que la falta de justicia por los crímenes de la Guerra Sucia permitió que la violencia continuara en Guerrero. Destacó que el hijo de Figueroa, Rubén Figueroa Alcocer, fue responsable directo de la masacre de Aguas Blancas en 1995, donde campesinos fueron asesinados por fuerzas estatales.
A pesar de recomendaciones de la Comisión Interamericana y la CNDH, nunca se inició acción penal contra los responsables.
Memoria y resistencia
Mesino subrayó que el homenaje a Figueroa constituye una afrenta a las familias que siguen buscando justicia. Por ello, invitó a participar en las actividades por el 51 aniversario del asesinato de Lucio Cabañas, que incluyen presentaciones de libros y una marcha por la verdad y la memoria.
Para las víctimas, la represión de los años setenta no es pasado: “las heridas siguen abiertas” porque el Estado nunca reparó ni castigó los crímenes que marcaron a generaciones enteras en Guerrero.
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