La lucha por la verdad del caso Ayotzinapa también es la lucha por las escuelas normales rurales. A nueve años de la desaparición de los 43 jóvenes, sus compañeros normalistas reivindican la importancia de los planteles.
Escucha este trabajo especial de Perla Miranda con la producción de Uriel Gámez
Perla Miranda
No son más de 15 niños de entre ocho y diez años a los que Luis Gómez les da clases en una comunidad de la Sierra de Guerrero.
Con voz fuerte y clara les lee un cuento de un libro de texto y los niños deben identificar cuál es el planteamiento, nudo y desenlace.
Cada que un alumno levanta la mano y le dice “profesor o maestro”, Luis se siente orgulloso de haber estudiado en la Escuela Normal Rural Isidro Burgos, en Ayotzinapa y reafirma su creencia de que dar clases en comunidades lejanas es una forma de rendir tributo a sus 43 compañeros desaparecidos hace nueve años.
En especial a Jorge Luis González Parral, amigo suyo en bachillerato y quien lo convenció de entrar a la normal y estudiar una licenciatura.
Pero, también, el ser maestro rural es junto con las terapias psicológicas un “bálsamo de curación” luego de haber sobrevivido la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala.
Durante años luchó por olvidar esos recuerdos, pero hoy mantiene en la memoria con la convicción de luchar hasta saber qué ocurrió con sus compañeros y amigos.
“Mi emoción fue más cuando estuve en las prácticas profesionales, ahí le agarré más cariño porque ya estás con niños en la sierra, en la montaña y te cuentan de su historia, de su vida, de cómo viven con sus papás.
Es ahí donde dices, creo que si estoy aquí es por algo y mi oficio es ser profesor y echarle ganas para ir a las comunidades y estando el profesor allá le hace uno de todólogos. Es muy bonito el normalismo rural, yo lo que les podría decir es que las normales rurales son un fuerte”.
La historia de las normales
De acuerdo con Yessenia Flores Méndez, licenciada en Ciencias de la Educación y maestra en Historia, las Escuelas Normales Rurales (ENR) surgieron en 1922 con el objetivo inicial de formar maestros para que desempañaran sus funciones pedagógicas en el medio rural.
En total había 35 escuelas de este tipo, donde se unían la enseñanza agropecuaria y la normalista, además los planes de estudios incluían orientación socialista y materialismo histórico.
Con la llegada de Manuel Ávila Camacho y el apogeo de la industrialización, la educación rural dejó de ser una prioridad, aun así, al cierre de la década de los 50 sobrevivieron 29 planteles de Normales Rurales.
Pero en 1969 tras haberse sumado al movimiento estudiantil, una reforma educativa impulsada por Gustavo Díaz Ordaz eliminó 14 Escuelas Normales Rurales para transformarlas en Escuelas Secundarias Técnicas Agropecuarias.
Para Roberto Azpeitia, egresado de la Escuela Normal Rural Luis Villarreal, El Mexe en Hidalgo, los estigmas y la criminalización hacia los alumnos de las escuelas normales ha impedido el desarrollo pleno de este sistema de educación.
Sin embargo, remarca que las normales rurales deben persistir porque son el único medio para que hijos de campesinos y la población más vulnerable acceda a la educación.
Además de contar con un techo y con alimentación, y forje un criterio o ideología política que pueden replicar en sus comunidades de origen.
“El sistema de internado da la pauta para familiarizarse con sus demás compañeros, para ejecutar la multiculturalidad, la pluriculturalidad. Pero sobre todo para ejercer ese tipo de organización en donde puede comunicarse entre pares, en donde puede proponer, ejecutar propuestas en bien de la comunidad estudiantil o donde se encuentra la normal rural”.
Los prejuicios contra los y las normalistas
Para Roberto es cotidiano que lo rechacen para dar clases en escuelas urbanas y afirma que carga con el prejuicio de que los normalistas son vándalos.
Aunque, considera que la sociedad los usa para justificar las violencias cometidas en su contra como el uso de la fuerza pública cuando cierran autopistas o en el caso de la desaparición de sus 43 compañeros de Ayotzinapa.
Francisco Mejía, quién estudió en la Escuela Normal Rural Lázaro Cárdenas del Río en Teneria, Estado de México, coincide con su compañero y resalta que no saldrían a manifestarse.
No obstante, cada año deben movilizarse para que se publiquen las convocatorias de ingreso, permanezcan los internados y se liberen recursos para comedores y becas.
Datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) detallan que en 2015 el presupuesto de las normales fue de mil 195 millones de pesos, mientras que en 2021 la cifra se redujo a 170 millones de pesos.
Esto provocó molestia y preocupación en los poco más de 6 mil 500 alumnos que conforman la matrícula de las normales rurales.
Al recordar que Lucio Cabañas y Genaro Vázquez egresaron de la normal rural de Ayotzinapa, Francisco Mejía reclama que por años hayan sido perseguidos por ser parte de la guerrilla mexicana, aunque estaban motivados por una lucha social y lamenta que hasta la fecha la criminalización hacia los estudiantes normalistas persista.
“Muchas veces dicen que las normales rurales dan mucha lata, pero es que es una lucha de resistencia, año con año siempre es salir a manifestarse por el recurso de las normales. Siempre nos han recriminado que somos revoltosos, vándalos.
Pero no lo hacemos porque queramos, es porque hay una necesidad y porque en la normal no solo nos enseñan a educar, a ser profesores, sino que nos enseñan a analizar las cosas, a tener conciencia de lo que pasa, muchas veces nos sumamos a otras luchas en las qué creemos y ahora cada año, cada mes, cada día desde donde podamos pues exigimos que aclaren dónde están nuestros 43 compañeros”.
Tanalís Padilla, historiadora y especialista en movimientos políticos y agrarios del México moderno y normalismo rural, argumenta que la existencia de las normales rurales es necesaria porque la brecha de desigualdad para acceder a una educación de calidad aún es muy amplia entre comunidades urbanas y rurales.
Actualmente, subsisten 15 escuelas normales rurales, una escuela normal indígena y un centro regional de educación normal, en los que se imparte la licenciatura en educación primaria, y en algunas las licenciaturas en educación prescolar, educación indígena y educación física.
Luis Gómez, sobreviviente de la noche de Iguala y egresado de la normal rural Isidro Burgos reitera que el normalismo rural mexicano es un proyecto nacional único que no implica nada más enseñar a leer y escribir.
También busca formar conciencias críticas y por ello lucha porque algún día todos los niños, sin importar su condición social o la lejanía de sus comunidades accedan a una educación de calidad.
“Lo que más anhelo, me gustaría que en las comunidades pudiera un día ayudar a gestionar buenas escuelas de calidad en la sierra y montaña de Guerrero, en las comunidades más lejanas, más marginadas, porque allá el profesor carece de muchos recursos.
Por ejemplo, de estos materiales didácticos, hoy en día la tecnología está al 100% y en las comunidades no se ve eso, me gustaría un día gestionar para buenas escuelas en zonas rurales, que cuenten con drenaje, con agua, con luz”.
Te recomendamos:





