El sonido de las rejas le cambió la vida a Alejandro, un joven que llegó al reclusorio preventivo Varonil Norte a los 23 años, sin estudios, sin familia, y con una lista larga de malas acciones, abandono y soledad.
La cárcel te presenta de frente al encierro y te invita a encontrarte contigo mismo, te enseña de qué estas hecho, qué tanta paz tienes; es como una cápsula del tiempo
Dentro del reclusorio, Alejandro encontró en el taller del maestro Tejeda una oportunidad para salir del bullicio constante creado por los cerca de 7 mil 250 presos que cohabitan el mismo espacio.
Ahí la música de Bach le llevó a recrear algunas pinturas de Van Gogh, como la Noche Estrellada y los Girasoles, a reconocer las técnicas más ancestrales para hacer pinturas, guiados por el “norteño Tejeda”.
Sin capacitación, Alejandro inició sus clases desde cero. Aprender a tomar el lápiz, teoría del arte, literatura, música, tipos de pinceles y pinturas. El taller se convirtió en un escape a su realidad llena de incertidumbre y abandono.
Gracias a que el maestro nos abrió las puertas y la maestra confío en nosotros, acompañada del capitán, su papá, y el tío Pepe, hemos ido creciendo de la mano; seres maravillosos porque hoy nadie te regala su tiempo, mucho menos su conocimiento, cada quien voltea para ver de su lado, pero ellos siguen ayudando.
Durante 10 años aprendió a sacar a través del color sus miedos, demonios y sueños truncos. Las pequeñas celdas fueron las llaves para que sus lienzos fueran las alas; al color, la armonía y técnica cromática.
Desde que está adentro ha participado en varias exposiciones, y recorridos por museos, una oportunidad de salir ante el encierro, y demostrar a los que no creían en él, cómo el arte transforma.
Entras a la cárcel sin nada; pierdes familia, amistades, esposa, te defiendes solo, es difícil, pero a raíz de la exposición en Los Pinos, compañeros que no tenían visitas por años, empezaron a recibir a su familia, las exposiciones le demostraron a nuestras familias que podemos salir adelante y eso nos da una nueva esperanza.
Alejandro se dio cuenta que la enorme desaz
ón hizo que sus monstruos se convirtieran en cuadros llenos de mensajes, como en su momento lo hicieron artistas como David Alfaro Siqueiros, Salvador Dalí y Caravaggio, personajes que por sus ideales, incongruencias o errores pisaron las cárceles y fueron puntos de inspiración
En México existen más de 25 mil internos, si ellos pudieran tener la oportunidad de acercarse a estos talleres podrían empezar a encontrar nuevas oportunidades, y también es necesario que los que están afuera les brinden una oportunidad a los que salen.
La visión cambia, la esperanza llega y la perspectiva del futuro se acrecienta.
Hoy su trabajo le rinde frutos, labora por más de 8 horas diarias y sus obras se venden en la Galería Oscar Román, uno de los espacios más importantes de arte contemporáneo.
Alejandro, así como 15 chicos más cuentan con el apoyo del Kölective Feat, espacio creado por Lulú Puig y en cuyas redes se aprecia el amor, el color, la fuerza y la creación de personas tocadas por el encierro y por la nueva oportunidad.
Los historiadores del arte han asegurado que la fuerza, el dramatismo, el color y el retrato de la miseria humana que plasmaron Siqueiros y Caravaggio, no hubiera sido posible sin su paso por la cárcel.









