Brazaletes negros, sin saludos, y la cabeza baja en el himno israelí fueron las protestas de Irlanda, obligada por UEFA a jugar el partido
Alfonso López
Cargado de protestas y gestos políticos, se realizó el juego entre Irlanda e Israel en la Nations League de Europa, uno de los partidos que mayor expectativa había generado en la reactivación del fútbol internacional.
El partido fue el cierre de una semana llena de exigencias para cancelar el encuentro, que obligo a una consulta interna con los jugadores de la selección de Irlanda para decidir si debían participar. Ahí el portero Gavin Bazunu mantuvo sus principios para abandonar la concentración de su equipo horas antes de juego.
El portero irlandés manifestó su desacuerdo con disputar el partido al considerar que jugar contra Israel era un error ético; por su parte, el resto del plantel aceptó presentarse para evitar sanciones deportivas por parte de la UEFA.
Ambas selecciones se encontraron en la sede neutral del Nagyerdei Stadion de Debrecen, Hungría, en un partido sin afición irlandesa y sólo 150 aficionados de Israel, que finalmente accedieron al estadio.
Desde el inicio, los futbolistas irlandeses mostraron señales de protesta, saltaron al terreno de juego portando brazaletes negros en memoria de las víctimas del genocidio israelí en Gaza.
Posteriormente, durante el acto protocolario que exige la FIFA para los partidos internacionales, el equipo de Irlanda bajó la cabeza y miró hacia el suelo mientras se entonaba el himno nacional de Israel. Asimismo, los capitanes evitaron el clásico intercambio de banderines y los jugadores eludieron el tradicional saludo de manos.
En el plano deportivo, Irlanda fue muy superior y se quedó con la victoria por 3-0. El partido de vuelta se jugará el 4 de octubre en la cancha neutral en lBačka Topola, Serbia, también a puerta cerrada.
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