Un estudio de UNICEF señala que la mayoría del personal docente desconoce los derechos educativos de las infancias migrantes, una realidad que se refleja en la historia de la migrante haitiana Rose Michelle.
Escucha este especial con la producción de Diana Susano
Hazel Zamora
Rose Michelle Janvier es una joven haitiana que migró de su país ante la intensificación de la violencia y la inestabilidad política.
Como muchas niñas, niños y adolescentes, emprendió el camino sola. Huyó del reclutamiento forzado, los asesinatos y la violencia de género perpetrados por grupos criminales.
“Estaba estudiando en una universidad y empezaron a secuestrar a los estudiantes. Tuve que salir de esa universidad y me vine para acá”.
En 2022 llegó a México con la esperanza de continuar sus estudios en la carrera de Gestión de Negocios y abrirse mejores oportunidades laborales. Le hablaron de Tijuana como un santuario para migrantes, un lugar donde podía cumplir sus sueños.
Hoy, a sus 26 años, vive en esta ciudad fronteriza. Perfeccionó su español, estudia en la Universidad Autónoma de Baja California y trabaja en la organización Espacio Migrante, donde acompaña a otras infancias migrantes que, como ella, buscan continuar con sus estudios.
“Ese derecho es muy valioso, porque sin educación no vamos a tener futuro”.
Educación sin fronteras
De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria, de enero a marzo de 2025, se registraron 10 mil 219 niñas, niños y adolescentes migrantes en situación “irregular” en México. Además, 2 mil 270 fueron repatriados desde Estados Unidos.
Uno de los principales retos que enfrentan es el acceso a la educación.
En la experiencia de Rose Michelle, muchas familias migrantes y juventudes desean continuar sus estudios, pero se enfrentan a barreras como la falta de información o la exigencia de documentos de identidad o certificados escolares.
“A veces, las personas huyeron de su país y no tuvieron tiempo para agarrar sus cosas, sus documentos. También, a veces se les quemaron sus casas y no tuvieron tiempo”.
Tanto la Constitución mexicana, como la Ley General de Niñas, Niños y Adolescentes y la Ley General de Educación, entre otras normativas, establecen que la educación es un derecho universal, y que las infancias migrantes tienen derecho a una educación gratuita, de calidad y con enfoque en derechos humanos.
Además, el Protocolo de Acceso a la Educación Básica de Tijuana fija que no es obligatorio presentar documentos oficiales para ingresar a las escuelas.
Sin embargo, el estudio “Infancias en movilidad y barreras para su educación”, elaborado en 2023 por UNICEF, reveló que 63 por ciento del personal docente en territorios receptores de población migrante como Tijuana, Puebla, Chiapas y Chihuahua, desconoce este derecho.
Frente a esas dificultades, Rose Michelle es una guía para las personas migrantes. Les brinda orientación para acceder al Programa Binacional de Educación Migrante (Prodem), que busca asegurar la continuidad educativa en Tijuana.
“En Espacio Migrante hemos recibido como personas que quieren ingresar en la escuela, como niños o niñas. A veces, como no hablan español, les resulta difícil ir al lugar, por ejemplo, al programa binacional para migrantes aquí en Tijuana. Acompañamos a las personas a hacer las inscripciones en las escuelas o ante Prodem, y también a presentar los exámenes, porque a veces tienen que pasar un examen para poder revalidar sus estudios, tanto de primaria, secundaria como de preparatoria. Nosotras nos enfocamos en eso y les apoyamos con la traducción también»
Retos para una educación migrante
El Prodem se creó en 1997 para atender a niñas, niños y adolescentes de Tijuana que buscaban continuar sus estudios en México y Estados Unidos.
Su actual coordinadora, Yara Amparo López López, explica que el programa se ha ido adaptando al contexto migratorio de la ciudad, que desde 2006 comenzó a recibir infancias provenientes de Centroamérica, Asia y África.
Para 2025, se estima que en Tijuana hay al menos 42 mil estudiantes extranjeros inscritos en escuelas públicas.
“Simplemente hemos identificado que, en las escuelas con las que más trabajamos de cerca, hay más permeabilidad de estudiantes y más disponibilidad de los docentes para recibirlos, pero el reto es muy grande”.
La también directora de Educación Indígena e Inclusiva en la Subsecretaría de Educación estatal reconoce que uno de los principales desafíos es lograr que las escuelas conozcan y apliquen el Protocolo de Acceso a la Educación a favor de las infancias migrantes.
“¿Qué hacer si el menor no cuenta con documentos para continuar sus estudios? ¿Qué hacer si el menor está sin ningún documento o tiene un documento parcial? ¿Qué hacer si el estudiante se va a mitad del ciclo escolar? ¿Qué hacer si el estudiante llega a mitad del ciclo escolar? El protocolo claramente dice que se debe recibir al estudiante sin ningún documento.»
Otro de los obstáculos es el miedo a la discriminación, además de los gastos vinculados con la escuela, como las cuotas, los útiles y el uniforme. A esto se suma, en especial, la barrera del idioma.
Rose Michelle lo ve todos los días: muchas familias no logran inscribir a sus hijas e hijos porque no saben a dónde acudir o no dominan el español.
“Si no conocen una organización como Espacio Migrante o no conocen a alguien que les pueda brindar esa información, no van a poder tener acceso a la educación. Luego, cuando ya están en la escuela, una barrera es el idioma: como son niños y no hablan español, a veces les cuesta mucho más trabajo entender a sus maestros o también a los directivos de la escuela.»
Para enfrentar estas barreras, el Prodem ha ofrecido clases de español durante el verano en escuelas públicas. Sin embargo, Yara Amparo advierte que el idioma aún no se incorpora como una materia oficial y no existe un presupuesto que garantice la continuidad de los cursos.
“Esta iniciativa de las clases de español la tenemos garantizada hasta el mes de mayo, pero después de mayo del siguiente año, ¿qué vamos a hacer? Yo hablaría de que uno de los principales retos es la sistematización de las acciones que hemos estado realizando, para poder contar con un presupuesto específico que tenga que ver con la atención de la población en situación de migración internacional.»
Educación para el futuro
De acuerdo con UNICEF, asistir a la escuela ayuda a las infancias desplazadas a recuperar rutinas y a sentir estabilidad y “normalidad”. También les da un espacio donde reciben acompañamiento psicoemocional, apoyo a través del juego y herramientas socioemocionales.
Coby, un joven haitiano de 18 años que trabaja en la industria de la construcción en Tijuana, es uno de los chicos que Rose Michelle ha acompañado para certificar sus estudios y que pueda continuarlos.
“Dijo que quiere terminar sus estudios; por eso está haciendo este proceso. Quiere terminar sus estudios para realizar su sueño, porque cuando estaba en Haití, su comunidad y el país no le ayudaron mucho para poder terminarlos. Por eso está trabajando en ello”.
Rose Michelle sabe bien el valor de la educación para niñas, niños y jóvenes migrantes. El español que aprendió en su infancia le abrió puertas en México. Hoy está rodeada de amigos, libros y juegos en el albergue de Espacio Migrante. Sueña con montar una tienda de ropa en Tijuana o, algún día, regresar a Haití para hacerlo allá.
“Aunque ahora están aquí, quizás mañana serán, no sé, presidente de Haití o pueden tener sus negocios aquí en Tijuana. Son personas soñadoras. Entonces, yo digo que esa oportunidad les va a abrir muchas puertas, y no solamente a los haitianos, sino también a los mexicanos. Todos los niños que están viviendo aquí tienen que tener esa oportunidad”.
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