Poetas de México, Nicaragua y Colombia llevan la literatura fúnebre al Panteón de San Fernando para transformar el duelo y las pérdidas en poesía y arte.
Carolina López Hidalgo
Con la lluvia caminando por los pasillos del panteón de San Fernando, y llegar a la carpa donde poetas de Nicaragua, Colombia y México nos ofrecen su poesía, el asistente se entusiasma y enfrenta a la muerte y a la vida como Olga, quien llegó entusiasmada para escuchar a las mujeres que, acompañadas de música, nos hablan de la pérdidas y el vacío.
«Me gusta mucho, a mí siempre me han gustado las cuestiones de los cráneos y todo eso, por eso vine. Siempre he pensado que la muerte es muy interesante. Yo estuve hace un año a punto de morir. Estuve muy enferma, se me bajaron plaquetas, de todo mi organismo colapsó, pensaron que era linfoma de Hodgkin. Y ya estaba bien hablado a mi hija para que ella tomara decisiones porque yo ya estaba Vale. No, a lo mejor en un principio yo siempre uno piensa, ay, me voy a morir y todo eso, pero ya cuando estás a un paso dices, estoy aquí por algo y tengo muchas cosas que hacer aún».
Reírse de la muerte, llorar por el alma rota y el corazón herido, por la ausencia pero también por la presencia, son emociones que los asistentes sintieron al escuchar el trabajo de las poetas.
La literatura fúnebre está plasmada en cada espacio del panteón.
«Entonces es como también estamos tratando de abordar estos temas de la muerte pues desde diferentes tipos y además que justo el como dice la poesía fúnebre o literaria literatura fúnebre está plasmada aquí también con todos los epitafios que tenemos en las tumbas que tenemos aquí».
Lucina Vázquez, poeta veracruzana, encuentra en las palabras la manera de dar, de recrear, de conectar y de celebrar.
«La ausencia de algo, puede ser física, sí, la muerte de alguien, puede ser un duelo, puede ser el término de un ciclo, no necesariamente es que escribamos sobre la muerte en sí, sino es como transformar ese dolor de la pérdida en arte, en este caso en poesía, porque hay narrativa fúnebre, que es otra variante, otro estilo.
En sí lo que tratamos de hacer es acercar la poesía fúnebre, pero de una manera artística. ¿Por qué? Porque creemos de que vamos a llorar, que es puro duelo o que solamente tenemos que hablar de cuestiones tristes. Y manejamos la poesía fúnebre en diferentes aristas, la ausencia del padre, la ausencia del bebé que no llegó, la ausencia de la pareja, la ausencia de los vacíos que hay en el alma.
Es eso, es transformar esos sentimientos en arte y en expresarlo».
El Museo Panteón de san Fernando es un espacio vivo que recibe a la gente con diversas sorpresas en torno a la historia, al arte y a la vida.
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