Los cambios en el consumo de refrescos y tabaco resaltan la importancia de prevenir y fomentar hábitos saludables desde edades tempranas.
Escucha nuestra conversación con Ana Carolina Sepúlveda sobre los cambios en el consumo de refrescos y tabaco y la importancia de la prevención.
IMER Noticias
El secretario de Salud, David Kershenobich, informó que, entre enero y mayo de este año, el consumo de refrescos disminuyó 2.2 por ciento, principalmente entre la población infantil tras las regulaciones escolares. En tanto, el consumo de tabaco registró una reducción de 7.1 por ciento.
Durante la conferencia matutina en Palacio Nacional, el funcionario destacó que la reducción en el consumo de refrescos representa un cambio relevante, pues por primera vez se observa una tendencia descendente en este indicador.
Estos resultados forman parte de la estrategia federal de prevención y promoción de estilos de vida saludables, que contempla acciones para mejorar la alimentación desde las escuelas. Entre ellas se encuentran recomendaciones sobre alimentación saludable y actividad física, así como la eliminación de la comida chatarra.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, en agosto del año pasado el consumo anual promedio de refresco por persona en México era de 166 litros. Además, datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco señalan que 14.9 millones de personas fumaban en México.
Asimismo, se estima que cada año mueren más de 51 mil personas por enfermedades atribuibles al tabaquismo, es decir, 141 personas al día.
Medidas de prevención buscan cambiar hábitos
En este contexto, este año entraron en vigor modificaciones al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios para bebidas saborizadas y productos de tabaco, con el objetivo declarado de desincentivar su consumo. Además, desde julio se aplican nuevas leyendas, imágenes y pictogramas sanitarios en los empaques de tabaco.
En entrevista con IMER Noticias, la doctora Ana Carolina Sepúlveda, directora de la Facultad de Medicina de la UNAM y vicepresidenta de la Academia Nacional de Medicina de México, señaló que estos resultados muestran que es posible modificar hábitos arraigados en la sociedad.
La especialista explicó que la disminución probablemente responde a la combinación de distintas medidas, como políticas fiscales y regulatorias, advertencias sanitarias, espacios libres de humo, restricciones a la publicidad y campañas informativas.
“Bueno, pues la reducción, aunque sea pequeña, aunque parezca mínima, pues es una señal alentadora. Muestra que es posible modificar conductas que han estado profundamente arraigadas en nuestra sociedad.”
Prevenir desde los primeros años
Para Sepúlveda, uno de los aspectos relevantes de esta tendencia es que los cambios comiencen desde las primeras etapas de vida. Explicó que las preferencias alimentarias y distintas conductas se forman desde los primeros años, por lo que las familias y las escuelas tienen un papel importante para fomentar hábitos saludables.
La especialista señaló que enseñar a niñas y niños a preferir el agua, alimentarse sanamente y realizar actividad física puede contribuir a modificar sus hábitos. Además, destacó la importancia de evitar, en lo posible, el contacto con el tabaco y la nicotina.
A largo plazo, sostuvo, mantener esta tendencia podría contribuir a reducir la incidencia de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, la diabetes, la obesidad, el cáncer y algunos padecimientos respiratorios. También permitiría liberar recursos para atender otras necesidades prioritarias.
En este sentido, consideró necesario fortalecer la medicina preventiva y modificar el enfoque con el que se forman los profesionales de la salud, para que no se concentren únicamente en diagnosticar, tratar y rehabilitar enfermedades, sino también en prevenirlas y promover estilos de vida saludables.
“No basta decir: ‘No fumes o no tomes refresco’, sino que hay que explicar por qué, qué es lo que esto hace en tu cuerpo, qué es diferente que beber agua, que sí es saludable, o que comer comida sana. Entonces, no basta con prohibir, hay que explicar las razones de por qué esto es lo que se recomienda.”
México es uno de los países con mayor consumo de refrescos en el mundo, con un promedio de 166 litros por persona al año. Un solo refresco de 600 ml contiene el equivalente a 15 cucharaditas de azúcar. Este consumo diario contribuye significativamente al aumento de #obesidad,… pic.twitter.com/gxWIzH72I8
— SALUD México (@SSalud_mx) August 19, 2025
El tabaco también afecta a terceros
Sobre la reducción de 7.1 por ciento en el consumo de tabaco, Sepúlveda explicó que este producto puede provocar daños en distintos niveles del cuerpo humano. Entre ellos mencionó problemas respiratorios y diversos tipos de cáncer, además de señalar que sus efectos no se limitan a quienes fuman.
La especialista destacó que las personas que se encuentran alrededor de quienes consumen tabaco también pueden enfrentar consecuencias por la exposición al humo. Por ello, señaló que abandonar o disminuir este hábito beneficia tanto a quien fuma como a quienes lo rodean, especialmente a niñas y niños.
“El tabaco es un factor de riesgo muy, muy importante y aquí lo importante que la comunidad sepa es que no solo daña a las personas que consumen el tabaco, sino también a las personas que están alrededor de esa persona consumidora de tabaco y que se llaman consumidores pasivos.”
Sepúlveda también señaló que las y los jóvenes han mostrado una menor preferencia por el consumo de tabaco y atribuyó este cambio tanto a las políticas públicas como a una transformación en la manera en que las nuevas generaciones perciben este hábito.
Por ello, destacó la necesidad de mantener las acciones de educación y concientización. Como ejemplo, mencionó el trabajo que realiza la Facultad de Medicina de la UNAM, donde cuentan con una clínica para atender a quienes desean dejar de fumar y desarrollan actividades para prevenir que las y los jóvenes comiencen a consumir tabaco.
La especialista consideró que estas acciones forman parte de un esfuerzo más amplio para modificar estilos de vida no saludables. Por ello, planteó que instituciones de salud, academia, escuelas, familias, medios de comunicación y organizaciones sociales continúen trabajando para mantener la disminución en el consumo de tabaco y bebidas azucaradas.
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