A 20 años de la crisis poselectoral de 2006, Jesusa Rodríguez afirmó que el presunto fraude que llevó a Felipe Calderón a la Presidencia marcó un punto de inflexión en la historia política del país.
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Laura Velarde / Rafael Burgos
A dos décadas de la crisis poselectoral de 2006, la actriz, directora de teatro, artista de performance y activista social Jesusa Rodríguez afirmó que aquel episodio marcó un antes y un después en la historia política del país, al convertir la resistencia civil pacífica en una herramienta de organización ciudadana que, años después, contribuiría a la transformación política de México.vDurante conservatorio, sobre los 20 años de las movilizaciones surgidas tras la elección presidencial de 2006, Rodríguez sostuvo que aquel proceso no puede entenderse de manera aislada, sino como parte de una larga historia de fraudes e imposiciones políticas durante el periodo neoliberal.
“La historia de los fraudes electorales en México es muy larga. Si revisamos desde la imposición de Carlos Salinas de Gortari, pasando por Vicente Fox, Ernesto Zedillo, Felipe Calderón y posteriormente Enrique Peña Nieto, vemos claramente que en México no había una democracia plena. El 2006 es un parteaguas porque le dio al pueblo de México el conocimiento de lo que significa la resistencia civil pacífica y la desobediencia civil frente a una imposición que la mayoría de la gente sabía que era ilegítima”.
La exsenadora consideró que una de las principales herencias de aquel movimiento fue la incorporación de la desobediencia civil como una forma legítima de acción política.
“En 2006 se conoció en el ámbito urbano lo que implicaba la resistencia, el no dejarse, el negarse a aceptar una imposición. Fue el descubrimiento del poder de la resistencia civil pacífica. En un país donde durante décadas la Constitución era violada constantemente, muchas veces la legitimidad estaba por encima de la legalidad, y eso fue algo que millones de personas comprendieron en ese momento”.
El 2 de julio de 2006 se perpetró un fraude electoral que trastocó trágicamente la vida nacional. La derecha, sus intelectuales y los “árbitros” impuestos por el PRIAN siguen negando el fraude. Sin embargo, hay hechos incontrovertibles. Veamos algunos:
— Pedro Salmerón Sanginés (@LectorHistoria) July 2, 2026
.1. En 2003 el árbitro… pic.twitter.com/aX8ZNd6C5q
Rodríguez recordó además la profunda indignación social que se vivió tras la validación de los resultados electorales y la instalación del plantón en Paseo de la Reforma.
“Yo tuve el privilegio de vivirlo en tiempo real y nunca olvidaré el llanto de la gente más humilde. Era un dolor profundo, una sensación de abandono y de injusticia. Pero también fue el nacimiento de una conciencia colectiva que quedó reflejada en los 48 días del plantón en Reforma y en una movilización ciudadana sin precedentes”.
La activista señaló que las protestas ocurrieron en un contexto donde las redes sociales aún no existían como herramienta de comunicación masiva y donde, aseguró, predominaba un cerco informativo por parte de los grandes medios.
“Ninguna televisora se atrevía a mostrar lo que estaba ocurriendo en el plantón. Incluso el Grito de Independencia de ese año en el Zócalo se convirtió en un ‘grito fantasma’, porque no apareció una sola imagen en la televisión. Había un bloqueo mediático total que hoy sería imposible imaginar en las mismas dimensiones”.
Para Jesusa Rodríguez, la llegada de la llamada Cuarta Transformación al poder en 2018 representa una consecuencia directa de aquella resistencia iniciada años antes.
“Parecía imposible romper la pinza del PRI y de la derecha. Parecía que nunca se iba a lograr. Sin embargo, se demostró que cuando un pueblo persevera, resiste y desarrolla conciencia política puede romper cualquier cerco. No digo que todo se resolvió, pero sí que México entró en una senda distinta de libertades, democracia y esperanza”.
Asimismo, destacó avances recientes como el reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos originarios y la elección de la primera mujer presidenta del país como muestras de los cambios que, a su juicio, habrían parecido inalcanzables en 2006.
“Si en 2006 nos hubieran dicho que México tendría una presidenta o que los pueblos indígenas serían reconocidos como sujetos plenos de derechos constitucionales, nadie lo habría creído. Hoy estamos viendo transformaciones que son resultado de décadas de resistencia y de una lucha colectiva que parecía imposible”.
Finalmente, Rodríguez llamó a mantener viva la memoria de quienes participaron en aquel movimiento y que no alcanzaron a ver los cambios políticos posteriores.
“Nunca hay que olvidar a las personas que lucharon en 2006 y que ya no pudieron ver el resultado de esa lucha. Hubo miles de hombres y mujeres que perseveraron cuando parecía imposible. Gracias a ellos, México vive hoy un momento de transformación que muchos soñaron y por el que trabajaron durante años”.
Fraude electoral 2006
Dos de julio del año 2006. México acudía a las urnas en un ambiente de absoluta polarización. Por un lado, el candidato del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa. Por el otro, el abanderado de la entonces coalición «Por el Bien de Todos», Andrés Manuel López Obrador. Lo que ocurriría esa noche y en los meses siguientes, dejaría una cicatriz profunda en la historia democrática del país. A 20 años de distancia, éste es el recuento de la crisis electoral que paralizó a la nación.
Al cierre de las casillas, la tensión era palpable. El entonces Instituto Federal Electoral (IFE), se abstuvo de dar un ganador la noche de la elección argumentando que el margen era demasiado estrecho en el conteo rápido. Días después, los cómputos distritales arrojaron un resultado inédito. Felipe Calderón obtenía una ventaja microscópica sobre López Obrador: apenas una diferencia del 0.56 por ciento.
Ante los resultados, la coalición de izquierda denunció un fraude electoral. Exigieron la apertura de todos los paquetes bajo la consigna “Voto por voto, casilla por casilla”, que se volvió histórica. Sus principales argumentos para cuestionar la elección, fue la intervención directa del entonces presidente Vicente Fox y una campaña mediática irregular. El conflicto saltó de los tribunales a las calles: el Paseo de la Reforma y el Zócalo capitalino fueron tomados durante casi dos meses por un plantón masivo, culminando con López Obrador declarándose «Presidente Legítimo” en un acto popular en el Zócalo.
«Estamos aquí congregados porque ante el fraude electoral del 12 julio decidimos declarar abolido el régimen de corrupción y privilegios y comenzar la construcción de una nueva república».
Sin embargo, la resolución oficial llegó por vía de los tribunales. El 5 de septiembre de 2006, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación emitió su dictamen inatacable. Así lo anunció Leonel Castillo González, Magistrado Presidente del Tribunal Electoral.
«En donde se ordenó entregar al licenciado Felipe de Jesús Calderón Hinojosa la constancia de haber obtenido la mayoría de votos en la elección de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, de la declaración de validez de dicho proceso comicial y de la calidad de presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos».
Hace 20 años, el #PRIAN nos arrebató la presidencia con un fraude, pero no pudieron arrebatarnos la esperanza ni la convicción.
— Ariadna Montiel Reyes (@A_MontielR) July 2, 2026
Aquel 2006 marcó el inicio de una lucha que en 2018 se convirtió en triunfo del pueblo y que hoy es transformación consolidada por nuestro querido ex… pic.twitter.com/qtHQruKrQs
La desconfianza del 2006 mostró el nivel de división política en el país
Con ese fallo, el Tribunal anuló la votación en múltiples casillas con irregularidades, fijando el resultado oficial definitivo en 14 millones 916 mil 927 votos para Calderón, frente a 14 millones 683 mil 096 de López Obrador: una diferencia oficial de solo 233 mil 831 sufragios. El Tribunal desestimó legalmente el fraude cibernético, aunque los magistrados reconocieron severas irregularidades en la equidad de la contienda originadas desde el poder ejecutivo.
El primero de diciembre de 2006, en medio de jaloneos y un Congreso resguardado, Felipe Calderón rindió protesta. La sombra de la crisis de legitimidad lo persiguió durante todo su sexenio. Investigadores e historiadores coinciden en que, para buscar la validación que gran parte de la población le negaba, el nuevo gobierno lanzó de inmediato una estrategia frontal de seguridad pública, cuyos efectos de violencia aún sigue enfrentando el país.
«Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República el pueblo me ha conferido mirando en todo por el bien y la prosperidad de la unión y si así no lo hiciere que la nación me lo demande».
A 20 años de aquella crisis político-electoral, el impacto institucional es innegable. La desconfianza del 2006 provocó la profunda reforma electoral de 2007, la cual prohibió la compra de propaganda política por terceros y modificó radicalmente la comunicación oficial.
Aquel 2006 no solo fue un año de una diferencia mínima de votos; fue el parteaguas que mostró el nivel de división política en el país, la fractura del sistema de partidos tradicionales y fue la semilla del movimiento que doce años después, reconfiguraría por completo el mapa político mexicano que vivimos en la actualidad.
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