En Juana, Daniel Giménez Cacho presenta un relato sobre periodismo, memoria y la lucha por la verdad en un entorno violento.
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Karen Tlali
En entrevista para Entrelíneas con Patricia Betaza conversamos con Daniel Giménez Cacho sobre Juana, una película que explora la vida de una periodista marcada por la violencia, el riesgo y una búsqueda personal que dialoga con la realidad del país. El actor, ahora también en la dirección, compartió el origen y las motivaciones detrás de este proyecto.
“Es una película fuerte que está queriendo hablar de heridas, del dolor, pero también es un viaje transformador que tiene algo muy potente y esperanzador”.
Con una duración de 101 minutos, esta producción escrita por Emma Bertrán se sitúa en la Ciudad de México y sigue a Juana, una periodista de 45 años atrapada en una rutina que refleja su profundo desgaste emocional.
La historia, explicó, se construyó a partir de testimonios reales, lo que permitió retratar con mayor cercanía el ejercicio periodístico y los desafíos que implica.
“Esta historia está nutrida de muchas conversaciones con periodistas que nos ayudaron, que leyeron nuestro guión, que nos contaron mucho de lo que significa ser periodista hoy en día. Esta es una de las preguntas que anima a contar esta historia: ¿qué es eso que hace que arriesguen su vida para hacer su trabajo?”.
Interpretada por Diana Sedano, Juana trabaja en el periódico Siglo XXI y dedica gran parte de su tiempo al cuidado de su madre con deterioro cognitivo, una dinámica que refuerza su sensación de encierro y desgaste emocional. Su rutina, atravesada por el silencio, evidencia heridas del pasado que permanecen abiertas.
Esa frágil estabilidad se rompe con la reaparición de Pedro Núñez, un político corrupto y principal sospechoso de una red de pornografía infantil, y los asesinatos de Armando, su novio, y Joaquín, su colega.
El impacto de este reencuentro reactiva un trauma que Juana había mantenido contenido durante años. Lo que en un inicio es una perturbación emocional pronto se transforma en una decisión firme: investigar, exponer y buscar justicia, aun a costa de su propia estabilidad.
“Lo que está buscando ella es resolver temas personales, más allá de la verdad o la justicia, es sanar heridas, es una necesidad muy profunda que se vuelve parte de su camino”.
Giménez Cacho también habló sobre su paso a la dirección y el aprendizaje que implicó coordinar un equipo creativo en torno a un tema sensible y cercano para muchas personas.
“Logré una colaboración extraordinaria de gente muy talentosa que puso toda su creatividad al servicio del proyecto (…) fue un proceso de aprendizaje profundísimo, con muchas revelaciones y aportaciones de todos”.
Más allá de la pantalla, el director destacó que la cinta busca abrir conversaciones necesarias en torno a la violencia y el silencio social, apostando por la empatía como punto de encuentro.
“El objetivo es tocar corazones, generar empatía, poder hablar de tanto dolor que hay socialmente acumulado, tanta violencia que vivimos, entonces ese es el objetivo, poder abrazarnos y poder vernos a la cara, llorar juntos, consolarnos, sanar colectivamente, (…) abrir la conversación, mostrar las heridas y entender que hay belleza en hacerlo para empezar a sanarlas”.
La película se exhibe en distintas salas comerciales y espacios culturales, así como en la Cineteca Nacional, donde ha comenzado a resonar entre el público por su mirada íntima y crítica sobre el periodismo y la realidad social.
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