Vecinos y activistas en EU crean redes de apoyo, patrullajes y alertas para proteger a migrantes frente a operativos y detenciones de ICE.
Escucha el especial con la producción de Diana Susano
Natalia Matamoros
Antes de que el sol despunte sobre las calles aún adormecidas de San Diego y Los Ángeles, un grupo de vecinos ya está en movimiento. Con tazas de café humeante en las manos y la tensión en los ojos, preparan sus radios y teléfonos para patrullar los vecindarios en busca de señales: vehículos o cualquier indicio de los agentes federales.
Ellos no son oficiales, no portan armas. Visten sudaderas y chalecos de tonos fosforescentes y un propósito compartido: proteger a sus vecinos migrantes de detenciones inesperadas, del terror que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) ha sembrado en las calles y urbanizaciones de California.
Así actúa Unión del Barrio, organización social que ha convertido estas rondas en una rutina de vigilancia. Adriana Jasso es integrante de esta red. Cuenta que tienen mapas para ubicar las zonas vulnerables y un calendario para fijar los días de los patrullajes nocturnos desplegados con sus propios vehículos. Ya las comunidades los conocen porque portan un distintivo.
«El patrullaje preventivo se puede decir, y la otra forma en la que operamos nosotros es estar pendientes de llamadas o notificaciones de personas que entregan información de que vieron un operativo, o de personas en estatus vulnerable que no se atreven a salir a verificar si el vehículo o los vehículos que están afuera y se ven sospechosos realmente son de la agencia o no».
Gracias a la experticia que han adquirido desde el primer gobierno del presidente Donald Trump, cuando se activaron para ejercer labores de alerta preventiva y denunciar detenciones ilegales, han logrado ubicar con mapas e identificar el ingreso de los agentes que, en muchos casos visten de civil para despistar a la población. Así lo relata Adriana.
«Primero avisamos que se ha detectado y verificado la presencia de ICE en tal lugar y a tal hora, dando reseña del vehículo o número de vehículos, y recomendándole a la comunidad que tenga cuidado. Típicamente, si es posible, con la situación como se presenta, llevamos a cabo un en vivo a través de las redes sociales, como Facebook o Instagram».
Aunque no cuentan con recursos de representación legal para liberar a detenidos, estos activistas canalizan los casos a otras organizaciones que les puedan brindar acompañamiento jurídico. En algunos casos, los procesos judiciales suelen ser largos y tortuosos; otros culminan con la liberación temprana de los apresados, pero también hay quienes piden su deportación porque no soportan estar tras las rejas, siendo víctimas de maltratos físicos y psicológicos.
“La representación legal por razones migratorias es muy limitada. Por ejemplo, los abogados sin costo manejan largas listas de espera. Sin embargo, en algunas ocasiones, al menos se logra que ciertas organizaciones comunitarias puedan brindar una orientación o guía a las personas una vez que han sido detenidas».
En Minneapolis la resistencia no sucumbe
Minneapolis aún no se recupera del luto que dejó las muertes de dos residentes estadounidenses a manos de ICE: Primero, Renée Nicole Good, madre de tres hijos y símbolo de la resistencia comunitaria, fue muerta a tiros en una redada; semanas después, Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos, fue víctima de un disparo mientras documentaba un operativo de ICE.
En medio del dolor, la resistencia no sucumbe ante la violencia y la persecución incesante en esa región. Allí, grupos como COPAL (Communities Organizing Latin Power and Action), instalaron líneas de atención rápida y chats encriptados, donde vecinos y voluntarios informan al instante si el ICE está en la zona.
La ayuda va más allá de la alerta. Sus integrantes organizan campañas de recaudación de fondos para respaldar a las familias migrantes, cuyos integrantes no han podido salir de sus casas a trabajar porque sus rutinas cambiaron. Así lo narra la activista salvadoreña, Claudia Linez.
«Muchos han optado por no salir para no arriesgarse. Nosotros recibimos alrededor de 400 llamadas por día, y la gente solicita servicios de comida, pañales, leche, así como asistencia para la renta y el pago de recibos básicos. A través de nuestra línea, estamos distribuyendo alrededor de un millón y medio solo para la renta».
Apoyo comunitario
Las muestras de apoyo por parte de los estadounidenses han sido contundentes. Ellos no solo han manifestado abiertamente su repudio a estos operativos, sino también colaboran con donaciones, a llevar y a buscar a los pequeños del colegio. Los maestros también se han activado como vigilantes. Ellos forman parte de redes solidarias que no distinguen, razas, ni nacionalidades. Su lema es apoyar en momentos críticos, según Claudia.
«Los maestros tienen una red de apoyo que lleva comida a las familias. Se turnan en las salidas de las escuelas para asegurarse de que los niños lleguen a clase y de que sus padres estén protegidos al llevar a sus hijos. También realizan otro tipo de ayuda, repartiendo comida, conectando con otros recursos y colaborando con distintas organizaciones».
En medio de la incertidumbre y el miedo, estas redes comunitarias demuestran que la solidaridad y la organización pueden ofrecer un rayo de esperanza. Aunque no pueden frenar las detenciones, su labor de alerta, apoyo y acompañamiento alivia y protege a quienes más lo necesitan. Historias de resistencia como estas muestran que, aun frente a la adversidad, la comunidad sigue de pie y unida.
En nuestra próxima entrega conversaremos con activistas de la Red Nacional de Jornaleros y el Centro de Jornaleros Nuevo Sol sobre sus acciones para proteger a los trabajadores del campo y del sector construcción en Estados Unidos.
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