En los Estudios Churubusco, el cine nunca duerme… y sus fantasmas tampoco. Trabajadores y vigilantes cuentan de sombras que cruzan los pasillos, puertas que se cierran solas y la enigmática niña del laboratorio que aparece entre los cuartos oscuros. Aquí, las leyendas conviven con la historia del cine mexicano.
Escucha este especial con la producción de Alberto Palomino.
Laura Velarde
Los Estudios Churubusco no son solo la cuna del cine mexicano: son un espacio donde el pasado y el presente se entrelazan. Cada pared guarda un secreto y los ecos de viejas filmaciones parecen susurrar historias que nunca mueren. Entre el aroma a celuloide y el crujido tenue de los pisos antiguos, circula un rumor que hiela la piel: la presencia de un fantasma que recorre los pasillos donde se construyeron sueños de cine.
La niña del laboratorio
No todo en Churubusco es historia cinematográfica. Durante los turnos nocturnos, los trabajadores han compartido encuentros con la niña del laboratorio, una figura inquietante que aparece entre los cuartos oscuros, justo cuando los negativos se manipulan en silencio absoluto. Israel Romero, veterano del laboratorio, la recuerda con voz cargada de respeto y misterio, como si aún pudiera sentir aquella mirada en la penumbra.
«En el tiempo todavía que estuve se hacía film aquí que trabajábamos tiempo extra, entonces eran tres turnos días tarde y noche. Ya estando a las 2, 3 de la mañana y tú estabas en el cuarto oscuro imprimiendo la película y veías cómo se asomaba alguien en la puerta, pero sabiendo que no había nadie. Y pues el rumor de que se apareció una niña, ¿no? Entonces es como que lo que te te sacaba de onda.
Y en el departamento que tenemos acá al lado es donde se preparaba el negativo, me tocó un turno nocturno para preparar Esa parte de material también dan 2 3 de la mañana y del lado de Tlalpan en la ventana se oye como tocaban, pues no había nadie.»
Cada rincón del estudio tiene su propia memoria: la maquinaria que resguarda filmes antiguos, los sets que fueron escenario de epopeyas del cine nacional y los foros vacíos que guardan los secretos de generaciones de cineastas, carpinteros y técnicos. Algunos, como Juan Carlos Cantero, han vivido sus propias experiencias inexplicables y aseguran que estas historias de fantasmas ya no son solo cuentos para asustar: forman parte del ADN de Churubusco, una línea invisible entre la realidad y la ficción que atraviesa los años y las filmaciones.
«Porque, aunque no lo crean sí se escuchan ruidos y a veces te apagan las luces. Cuando yo sobre todo que ando que le llamamos la tramoya en la parte de arriba y se escuchas que alguien viene atrás de ti o que alguien está subiendo la escalera y sobre todo en este foro. Yo no soy miedoso, yo lo he vivido. O sea, yo puedo entrar ahorita al foro vacío y de repente me apagan las luces. Puedo estar allá arriba y puedo escuchar que alguien está subiendo las escaleras.
Hay un foro en especial el siete que tú vas en la parte de arriba, ahí hay sensores de movimiento. De repente tú estás abajo y de repente estás viendo que están prendiendo los sensores.»
Voces que resguardan los Estudios Churubusco
Las anécdotas se repiten con matices distintos: puertas que se cierran solas, luces que parpadean sin razón aparente, sombras que parecen moverse con vida propia. Los vigilantes nocturnos coinciden en que algo sucede en los pasillos. Hay quienes creen escuchar las voces de tramoyistas que se accidentaron al caer desde 15 metros de altura durante un rodaje en los años cincuenta. Otros aseguran que, en ciertas noches, se escucha al maestro Manuel Esperón tocando en el piano la melodía de Amorcito Corazón.
Hoy, mientras cineastas mexicanos ganan premios internacionales y los estudios buscan reinventarse, algunos foros permanecen vacíos, poblados de recuerdos, leyendas y apariciones. Porque en Churubusco, la historia del cine no se limita a las películas: también vive en sus fantasmas.
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