El mural “Abrazo mutuo” de Alfredo “Libre” Gutiérrez transforma el muro de Tijuana en un lienzo de color y unión entre dos culturas.
Escucha nuestra conversación con Alfredo “Libre” Gutiérrez.
Adriana Esthela Flores
Entre el murmullo de la brisa y el romper de las olas en la playa de Tijuana, resuena de tanto en tanto el ruido provocado por un helicóptero que sobrevuela el área cercana al muro divisorio entre México y Estados Unidos.
Estamos justo en el límite marcado por la mojonera 258, el punto inicial de la frontera entre ambas naciones y que está enmarcado, como si fueran un lienzo, por los murales del muro, las expresiones de arte y denuncia que mediante fotografías, pinturas, cruces, banderas e ilustraciones, han formado una exposición viva de resistencia y esperanza.
Decenas de personas llegan junto a la barrera de metal y se toman fotografías para llevarse la postal de un lugar que se ha convertido en el símbolo más cruel de las políticas antimigrantes de distintos gobiernos estadounidenses.
En la postal del recuerdo casi no aparece la torre con cámaras de seguridad que se eleva detrás del muro, o los rondines constantes de la patrulla fronteriza a bordo de vehículos en color blanco o ese helicóptero que de repente se acerca y se aleja de la playa, pero siempre está ahí, vigilante.
De este lado, la escena es otra: la gente disfruta la playa, comerciantes venden alimentos, bebidas y helados y la mayoría de paseantes llegan hasta el muro para, sí, asomarse hacia el país con el que se comparte tanto. Y justo ahí, en este muro de murales, apenas hace tres meses irrumpió uno nuevo, en colores, formado por un águila y un cóndor, junto al Parque de la Amistad, un lugar que fue, durante años, el escenario para la convivencia binacional de familias.
“Este muro no es nada agradable es horrible pero al menos nos estamos apropiando de él y mientras ellos lo pinten de negro nosotros de colores”, comentó Alfredo Gutiérrez.
Es Alfredo “Libre” Gutiérrez, autor de la obra “Abrazo mutuo” que apenas el 19 de julio fue sumada a la galería de murales de esta valla metálica que, justo en esta zona entre San Diego y Tijuana, llega al absurdo de extenderse hasta el mar.
Junto a un equipo de quince personas -diez artistas y cinco voluntarias- “Libre” encabezó el trabajo artístico para plasmar sobre los barrotes, una profecía del pueblo indígena Kumiai, que se refiere al encuentro de dos culturas, la del norte representada por el águila real y un cóndor, símbolo de los pueblos del sur.
El equipo trabajó durante tres semanas para lograr el mural, que mide nueve metros de alto por 45 de largo y en el que destacan los cerros y la flora nativa de la región al lado de las dos figuras principales, las aves.
“Siempre están representados como encontrados y dije no, no, no, por eso se llama abrazo mutuo porque van en pareja y en conjunto y son brodis. Yo le dije al equipo, no quiero ver el gris este del muro espantoso, no quiero verlo para nada, todo lo vamos a llenar de color, no hay nada gris”, dijo Alfredo.
Mientras conversamos con Alfredo, un vehículo de la patrulla fronteriza continuaba su rondín al otro lado de la barda metálica. Para el artista, de origen tijuanense, la vigilancia en esta área ya es algo común y justo, tanto él como sus compañeras y compañeros la vivieron mientras realizaban el mural.
Sin embargo, la cotidianidad del muro en esta ciudad fronteriza, es algo que se resiste a normalizar.
«Los primeros dos días estaba como el ejército o alguien porque no era nada más border patrol, eran otras personas armadas, así caminaban como de una forma bien intimidatoria. El primer día cuando teníamos los andamios los recargamos en el muro y los encadenamos y se acercó una border patrol y nos dijo: ‘Hey, quítenla porque sino la vamos a cortar en la noche. Quiten la cadena, no puede ir nada amarrado aquí». Y pues lo tuvimos que quitar, ni modo. No les afectaba absolutamente nada, pero paranoico el vecino.
Está muy bien, está hermoso, aparte, pues sirve para voltearle la idea y el concepto a este muro terrible, espantoso que tenemos aquí y pues lo estamos agarrando como buenos latinos y buenos mexicanos».
Con más de 450 obras distribuidas en una veintena de países -incluida Cisjordania- , Alfredo asegura que el mensaje de este mural, financiado por una organización civil, fue pensado para México.
“Su rollo de este mural es de aquí, de México y para nuestros hermanos latinos. Ahora sí, no son los protagonistas los gringos, por primera vez no son los protagonistas. Esto es para nosotros, para el pueblo mexicano y latinoamericano y quien se quiera hermanar con él con la idea.
Y también hablando de que si nos construyes un muro más grande, pues te hacemos un mural más grande, y más padre. Nosotros somos educados, tenemos toda esta herencia cultural tan rica en nuestros pueblos mexicanos y nativos, que lo estamos reflejando aquí de una manera tan elegante que, mira, desaparecemos el muro por un momento”.
Paula Mérida y Miguel Ángel Ramos forman parte de los grupos de paseantes que visitan por primera vez este lugar; ella llegó de la capital mexicana y él, del Estado de México. Después de contemplar los murales, llegaron a diferentes conclusiones.
“Que nada es imposible, que estamos firmes, a pesar de un muro y de muchas limitantes que hay todavía, las familias se pueden volver a reunir, a lo mejor otras lamentablemente no, pero que a pesar de la distancia seguimos siendo mexicanos muy cálidos y que aún a la distancia se siente creo que todavía esa conexión.
“Mal y bien porque a final de cuenta de aquel lado también es nuestro territorio, pero bueno, no estuvo en nuestras manos en esos tiempos defenderlo o hacer nada. Y bueno, pues las cosas ahora están así, ni modo. Hay que seguir adelante. México no se queda atrás y seguimos innovando, seguimos sacando cosas”.
En el muro de murales, los barrotes también son instalaciones para fichas de búsqueda de hombres y mujeres desaparecidos desde hace años en Sinaloa, Tamaulipas, Baja California; son marcos para letreros y dibujos de protesta, como los cartones de burla para el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente estadunidense, Donald Trump; y son también memoriales, como los nombres inscritos en la valla para recordar a veteranos deportados o la cruz instalada frente a la valla, en recuerdo de un hombre fallecido. El muro se convierte así en una pared de constante protesta.
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