Los Estudios Churubusco no solo son la cuna de la cinematografía mexicana; también constituyen un pequeño ecosistema urbano que ha convivido con la historia y la creatividad a lo largo de 80 años. Entre sus foros, bodegas y laboratorios, la naturaleza ha encontrado su espacio, formando hoy parte de la identidad viva del estudio.
Escucha este especial producido por Alberto Palomino
Laura Velarde
Entre los icónicos edificios THX y Luis Buñuel de Estudios Churubusco, un ahuejote se yergue como testigo silencioso de la historia del cine mexicano. Esta especie protegida sufrió el embate de una tormenta durante un evento del estudio, poniendo en riesgo su existencia. Así nos lo relata el arquitecto Santiago Quintanar:
«Aquí a un lado del edificio THX y Luis Buñuel, era todavía una planta Huejotzingo, unos que serán unos 3 m de altura. O sea, ya empezaba a sonar que era una especie protegida. Y fue cuando pues bueno, en un evento de que organizó los estudios Churubusco para un aniversario más, se llegó a hacer acuerdos con la Lotería Nacional a través de nuestros directivos y para la celebración pues nos llevaron a todos en camioneta a la Lotería Nacional.
Para esto cuando llegan a este espacio, pues vamos bien contentos, bien feliz dice, pues nos llevaron a celebrar, hasta un boleto nos regalaron. Algunos de los trabajadores y creo que yo tengo uno, lo tenemos conservado en el estudio de Burgos, pero bueno, el caso es que cuando llegamos una tormenta en la tarde noche, pues llegamos aquí a las 9 de la noche, pues ya lo que quieres es irte a tu casa, pues nos fuimos todos. Cuando ya nos fuimos, en la mañana me habla uno de los trabajadores, «Oye, ¿qué crees que se cayó la ahuejote?» «No, ya lo echamos al contenedor de basura.» «No, ¿cómo crees?
Vaya, sáquenlo.» «Pues no, ¿cómo crees? Ya lo ya lo iban a picar.» «No, no, no.» Lo trajimos, lo volvimos a plantar y ahora es un árbol que se salvó, es un resucitado, es decir, excelente ese ahuejote, ¿eh? Y como a eso pues tenemos muchos árboles adicionales. Tenemos un levantamiento con el número de especies.»
Lo que parecía una pérdida definitiva se transformó en una historia de resiliencia: el árbol fue rescatado, replantado y hoy continúa creciendo, convirtiéndose en un símbolo vivo de la conexión entre la naturaleza y la cinematografía que late dentro de Churubusco.
Los árboles han sido, a lo largo de los años, guardianes del estudio. Entre los elementos más emblemáticos se encuentran las palmeras que alguna vez custodiaban los accesos principales de los estudios. Durante años, estas palmeras acompañaron la llegada de artistas, directores y trabajadores, convirtiéndose en un símbolo natural del lugar. Sin embargo, una plaga provocó la muerte de varias de ellas. Este hecho marcó un punto de inflexión: los directivos y el personal comenzaron a realizar un levantamiento detallado de especies e implementar medidas de conservación. Hoy, cada poda es cuidadosamente planificada, con dictámenes técnicos que aseguran la salud de los árboles y la seguridad de las instalaciones.
«Teníamos las palmas que se vinieron secando. Bueno, había un paseo de procesión como 15 palmeras, pero llegó esta plaga y empezó a secar la primera palma. La primera palma que secó fue la que estaba un costado foro uno. Ahí se nos secó y ahí quedó la palma. Después siguió esta palmera que está frente al foro dos y después la palmera que estaba en la esquina de Luis Buñuel y se vinieron cayendo las demás palmeras. Entonces, aquí había otra palmera y le conocíamos como el acceso de la palma.»
Del set a lo silvestre: Fauna de Churubusco
Cuando cae la noche en Churubusco, la historia cambia de escenario. La fauna local busca refugio del frío y, a veces, se oculta entre los transformadores, provocando cortos eléctricos que amenazan la continuidad de la magia. Entonces, como guardianes invisibles, el equipo de mantenimiento entra en acción: silencioso, decidido, asegurando que los foros, las oficinas y los sets continúen con la producción, y que el corazón del cine mexicano no deje de latir.
Actualmente, los estudios enfrentan el reto de evitar que gatos, cacomixtles, zarigüellas u otros animales sufran accidentes al buscar calor entre los transformadores eléctricos de las instalaciones. No solo se trata de resguardar la vida de los animales, sino también de prevenir cortes eléctricos que afecten la operación del estudio. Así nos lo cuentan los ingenieros del equipo de mantenimiento Abraham Díaz y José Juan Jiménez cuando tuvieron que resolver un cortocircuito por un tlacuache.
La presencia de animales en los Estudios Churubusco no es nueva. Durante décadas, el backlot albergó un pequeño zoológico que formaba parte de los recursos para producciones cinematográficas. Allí convivían serpientes, chimpancés, tigres y panteras, utilizados en filmaciones, pero también era un espacio recreativo disfrutado por el personal. Aunque este mini zoológico ya no existe, permanece vivo en la memoria de quienes trabajaron y visitaron en las décadas doradas.
«Hemos tenido gatos, clacuaches, ardillas y el último fue el cacomixtle, el animalito.
Es que es una subestación abierta, uno quiere mucho a los animalitos, está enrejada para evitar que Sí la fauna entre, pero pues el animalito le busca y encuentra calientito ahí, quiere estar ahí calientito, pero pues la inducción lo jala y crea la falla a tierra y hay que solucionar y eso nos preocupa mucho porque esto es transformó la subestación abierta son de qué año, tienen una vida ya útil de como de 70 y tantos años.»
Los Estudios Churubusco: memoria, fauna y cultura
La flora y fauna en los Estudios Churubusco refleja la historia urbana del lugar. Originalmente, el terreno era mayormente libre; a medida que se construyeron el Cenart, la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado «La Esmeralda», los foros, laboratorios y edificios administrativos, la vegetación se integró de manera consciente.
Este equilibrio entre naturaleza y cine no solo embellece el entorno, sino que también preserva la memoria del estudio. Árboles como el ahuejote y las palmeras sobrevivientes son testigos silenciosos de la historia de Churubusco, de los grandes rodajes y de la vida cotidiana de quienes han dado vida a sus escenarios. Su cuidado constante asegura que esta relación entre flora, fauna y cultura se mantenga viva para las futuras generaciones.
En Churubusco, la naturaleza no es un elemento decorativo; es parte del legado del cine mexicano, un recordatorio de que detrás de cada set, bodega y foro, la vida silvestre también tiene su lugar e historia.
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