En el piso 10 de Izazaga 89, artesanas impulsan un espacio digno para el arte popular mexicano y hacerle frente comercio asiático.
Hazel Zamora
Desde los nueve años, Lidia Lucas confecciona muñecas Lele, la artesanía otomí patrimonio de la cultura mexicana. Su madre, Ofelia, le enseñó a trenzar el cabello con estambre, a colocar las coronas de listones y a vestirlas con los atuendos tradicionales que las distinguen.
«Mi mamá no sacó adelante con estas y ahorita yo estoy saliendo adelante, con esto me mantengo», mencionó Linda.
Hace tiempo migraron de Querétaro para sostenerse con su arte en la Ciudad de México. Tras años de venderlas en las calles hoy, por fin, tienen un lugar fijo, como tanto lo soñó Lidia: seguro, bonito y con una renta accesible, en la Plaza Izazaga 89, en el Centro Histórico.
«Es un lugar muy bonito, porque pues no pasamos frío, no pasamos calores, lluvias», asegura Linda.
Izazaga 89, El corazón del comercio chino
Un año antes, este edificio de 16 pisos era conocido como Plaza Mart o Centro Mart y fue escenario de varios operativos encabezados por la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Marina y el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
Se incautaron 260 mil productos asiáticos, catalogados como apócrifos de marcas como Marvel, Sanrio, Disney y Nintendo.
La plaza se había hecho famosa por sus ventas al mayoreo y precios demasiado bajos. Era fuente de ingreso para muchas familias, especialmente de comerciantes informales que acudían a surtirse allí para revender los productos. Sin embargo, las autoridades ya la tenían en la mira por la importación ilegal de muchos de esos artículos y decidieron clausurarla.
El pasado 26 de febrero, la Plaza Izazaga 89 reabrió sus puertas. Con locales aún vacíos y sin el bullicio de antes, persiste la venta de productos asiáticos, pero el gobierno buscó equilibrar la balanza destinando el piso 10 a la venta de artesanías mexicanas.
Las artesanas del piso 10
Al entrar a la Plaza, un espectacular gigante anuncia el nuevo Centro Artesanal. Sin embargo, al llegar al décimo piso el lugar luce desértico: algunos locales siguen en remodelación y solo al fondo, un mural en rosa mexicano da la bienvenida al espacio.
Virginia Santiago López, una artesana triqui originaria Oaxaca, aborda a quienes entran para ofrecer los productos de sus compañeras:
- Muñecas Lele de Lidia
- Joyería elaborada con oro de Jalisco
- Arte maque de Guerrero
- Joyería y blusas bordadas.
«Aquí tenemos aretes, pulseras, collares, blusas, tenemos bordado a mano y aquí estamos esperando a los clientes que lleguen al piso 10, Izazaga, número 89», oferta Virginia Santiago.
En el mes que llevan instaladas han recibido pocas visitas, por lo que intentan atraer a quienes llegan por curiosidad a este piso de la plaza.
«Somos artesanos, hacemos pequeñas cositas para sobrevivir y estamos luchando por alimento, para comer, para sacar a la familia adelante», comenta Virginia Santiago.
Virginia tiene 65 años y, como la mayoría, vendía sus artesanías principalmente en bazares. Hace un mes le llamaron del gobierno local para ofrecerle el espacio; habían notado su dedicación en la elaboración de joyería con elementos naturales:
- semillas de melón.
- palma y hasta cáscaras de frutas secas.
- café.
Contar con un espacio en medio del comercio chino representa un reto y una oportunidad para estas artesanas, pues sus ventas se han visto afectadas por este mercado que copia sus piezas y las ofrece a precios muy bajos.
Grisel Erra, por ejemplo, es la tercera generación de su familia dedicada a la joyería laminada en oro de Jalisco y enfrenta ese reto todos los días.
«Ellos están manejando todo lo que es igual el oro laminado, pero es una calidad menor. Ahorita estamos también teniendo el problema de que ya están clonando también hasta los cuarzos», señala Grisel.
Grisel es la primera de su familia en estudiar diseño de joyería. Ahora vive en la Ciudad de México para administrar este espacio con la esperanza de que la calidad y originalidad de sus productos de “Bocova Joyería”, destaquen entre la mercancía china.
«Es bien sabido que han copiado muchos textiles, tejidos y diseños mexicanos. Muchos se van solo por el costo. Pero ahora, al incluirnos en la plaza, la gente puede comparar, ver los diferentes niveles de calidad y reconocer lo que realmente nos pertenece y nos representa como país».
Una nueva oportunidad
Son pocos los establecimientos que se han instalado, pero las artesanías que se ofrecen son tan diversas como la cultura mexicana misma:
- Blusas bordadas con la técnica de pepenado.
- Quechquémitl tejidos en lana
- Arte contemporáneo creado por artistas jóvenes
- Bolsas de guaje que elabora Obdulia Almazán.
- Café.
«Tenemos la esperanza de que nos vayan conociendo y la ventaja es que nuestros clientes ya nos puedan localizar. Muchas veces nos preguntan: ‘¿Dónde los encontramos?’ y no tenemos un lugar fijo. Entonces esperamos que esto funcione para nosotros y que nuestros clientes ya nos ubiquen», menciona, Obdulia Almazán.
En su comunidad de Olinalá, en Guerrero, se dedican a la elaboración de piezas artesanales con la técnica de maque, una pasta molida en matate a base de aceite de linaza mezclado con piedra caliza y pigmentos naturales.
Esta mezcla se aplica sobre piezas como los guajes, que Obdulia convierte en bolsas que cuestan desde 350 pesos, por lo que no es sencillo venderlas en cualquier lugar.
Obdulia confía en que este nuevo espacio sea una oportunidad para ella y para su colectivo “Nextiliztli”. Sueña que, con la difusión adecuada, este piso llegue a ser tan representativo en la venta de artesanías mexicanas como lo son La Ciudadela o el mercado de San Juan.
«¿Qué pedimos? Un espacio digno, un lugar para los artesanos. Creo que esta es la oportunidad, y tal vez, a futuro, sea un lugar muy bueno también para nosotros», Obdulia.
A pesar del silencio que reina en el piso 10, las manos de estas artesanas siguen bordando, tallando y pintando. Mientras el resto de Izazaga 89 se reconstruye sobre los restos del comercio chino, ellas resisten en este espacio que sostiene sus sueños, el bienestar de sus familias y los saberes ancestrales de sus comunidades.
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