La quinta edición del Ibagué Festival: Las Músicas que Somos reconoció la cultura plural y diversa; en esta ocasión centró su temática en “La diáspora musical del Tolima”, departamento situado al oeste de Bogotá.
Escucha los detalles de esta celebración musical en Colombia.
Betto Arcos
El primer concierto de la quinta edición del Ibagué Festival tuvo como escenario el Complejo Cultural Panóptico de la ciudad colombiana de Ibagué, en el patio de lo que fue un reclusorio regional durante casi cien años, de 1905 a 2003.
Después de ofrecer algunos de sus grandes éxitos, el cantautor de música pop Santiago Cruz, acompañado de la Orquesta Juvenil del Conservatorio de Ibagué y la Orquesta Sinfónica de Conservatorio del Tolima, abordó directamente la historia regional y nacional a través del tema “Los Hijos del Calvario”.
“Somos una sociedad, la colombiana, y me refiero solamente a mi país, aunque que sé que hay muchas cosas en común con muchos países de Latinoamérica, pero me refiero a la colombiana, un país muy convulsionado, sociopolíticamente con una violencia muy enquistada en nuestro comportamiento, en nuestro diario vivir.”
Santiago Cruz, originario de Ibagué, fue uno de los músicos invitados al Festival, enfocado en ‘La Diáspora Musical del Tolima’, departamento situado al oeste de Bogotá.
Un día después del concierto inaugural, Cruz explicó sus razones para escribir la canción “Los Hijos del Calvario”.
“Y entonces yo en algún punto pensé: bueno, en algún momento dejaremos de ser hijos de este calvario. Y cuando escribí la canción pensé de pronto inocentemente, que iba a ser una canción con una fecha de caducidad, pero lastimosamente no, lastimosamente no. Seguimos en ese calvario, seguimos viendo masacres, asesinatos de líderes sociales en todo el país, asesinatos de firmantes de paz, de un proceso que a algunos de nosotros nos trajo esperanza. Y te repito, parece que no aprendemos y eso es muy doloroso, es muy doloroso.”
Ibagué, capital musical de Colombia
Desde 2019, el Ibagué Festival es organizado y producido por la Fundación Salvi, creadora del renombrado Cartagena Festival de Música. Alejandro Mantilla, director del Festival, nos recuerda que el departamento del Tolima posee una historia de práctica musical, social, comunitaria y colectiva.
“Esa es real, esa no se la ha inventado nadie sino que funcionaba desde mucho tiempo atrás, esos procesos de cuerda pulsada y de canto fundamentalmente han sido como las dos vertientes más significativas de la tradición de esta región, el canto y la cuerda pulsada. Y mucha, pero mucha gente, de manera habitual ha tocado sus palitos, ha tocado su guitarra, ha tocado su bandola, un poco menos en esta región, se está reactivando, tiple, mucho tiple, y mucha guitarra, y se acostumbraron a cantar afinado.”
Mantilla dice que aunque mucha gente considera a Ibagué la capital musical de Colombia, por tener dos conservatorios de música, hay algo aún más importante.
“No, ese es un elemento muy, digamos, cuenta, pero no es el elemento fundamental. Lo que si para mi cuenta es que esa tradición de práctica colectiva de la música, no se murió, aunque no se ha fortalecido suficiente ahora, pero no se murió. Y entonces acá, desde muy temprano en el siglo XX, muy temprano, primeras décadas incluso, la gente cantaba en coros, cantaba en familia y eso después se interpretó en los conservatorio haciendo coros del Tolima con aficionados, haciendo coros de niños en movimiento muy grande.”
Otro de los escenarios principales del Ibagué Festival es el Conservatorio del Tolima Alberto Castilla, donde se presentan los grupos de música de cámara nacionales e internacionales. El ensamble Sincopa2 de Bogotá ofreció un concierto variado de música andina colombiana interpretando bambucos, pasillos, danzas y torbellinos.
“No pues para mí es increíble, yo nunca había pisado el Conservatorio del Tolima. Me parece hermoso, la ciudad es muy maravillosa, este festival está demasiado increíble, estoy muy maravillada con esto.”
Daniela Marulanda es violinista e integrante de Sincopa2 desde su fundación hace cinco años. Estudió en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia y es la primera vez que se presenta en el Ibagué Festival.
“Mi compañero no está, el realmente nació aquí en Ibagué, que es mi compañero Rafael Ocampo que se fue, el cellista. Y el siempre había querido que nosotros viniéramos aquí a tocar, siempre hacia dicho este auditorio es muy bello, quiero llevarlos allá. Entonces, que nosotros estemos tocando aquí, siendo artistas invitados, es un gran honor también, para nosotros es increíble, estamos muy felices.”
De la música clásica a la música urbana
Una de las cualidades especiales del Ibagué Festival es la diversidad de la música que ofrece al público y la entrada gratuita a todos los eventos. Por las mañanas y tardes hay conciertos de música clásica o académica, y por las noches hay música para el público en general.
La noche del segundo día del Festival se presentaron en el Panóptico de Ibagué tres diferentes proyectos musicales: Afro Fresh, un artista local de música urbana; la banda electropical Phonoclórica de Bogotá, y la legendaria institución bogotana del rap colombiano, con treinta años de trayectoria artística, La Etnnia.
Asimismo, el Ibagué Festival ofreció conciertos en diferentes puntos de la ciudad: en una iglesia, en la Universidad del Tolima y en varios parques de barrios populares. La tarde del sábado se presentó en el parque del barrio de Belén ‘La Música de Abril’.
“Yo soy Abril, para los que no me conocen por aquí, vecinos hermosos, porque yo vivo en este barrio, y este muy feliz de estar cantando en el parque de Belén, ademas de que es el parque de mis abuelos, en esta iglesia me bautizaron y yo nunca me imaginé estar aquí cantando.”
Además de los conciertos, el Ibagué Festival incluye clases magistrales, charlas, talleres de música y lutería, producción de música, producción de festivales y formación de audiencias.
Y más allá de la música
El director del Ibagué Festival, Alejandro Mantilla, dice que hay mucho trabajo por hacer. Los procesos de las violencias que han azotado a Colombia han tenido efectos directos en la descomposición de la estructura social y económica, especialmente en el campo, el espacio más afectado.
“Y eso trae como consecuencias, el que si el estado no está acompañando y fortaleciendo esos espacios y esas oportunidades de transmisión de conocimiento entre generaciones o de renovación de las formas de creación y expresión, pues las violencias ganan la partida.”
Mantilla añade que los procesos de continuidad y de memoria entre una generación y otra en el campo, se van debilitando. Pero en medio de esa realidad, deja planteado un mensaje de optimismo, en busca de volver a hacer de la música un mecanismo de recuperación del tejido social.
Porque la nueva generación o se va a la guerrilla, se va a los paramilitares, se va a las ciudades grandes a sobrevivir. Y al romperse esa estructura social y económica, automáticamente las tradiciones culturales se debilitan, no se acaban, pero se debilitan y se subsumen, como que se duermen. Incluso la gente de aquí habla de una cosa muy hermosa, dice que “hay que volver a descolgar los palos”, es decir los instrumentos de las paredes.
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