Lupilla Xiu, mujer trans indígena activista por los derechos de la comunidad trans, fue despedida por compañeras y compañeros de plantón frente a la Secretaría de Gobernación.
Jennifer Olvera
―¿Qué quería Lupilla?
―¡Justicia!
El ataúd frente a la Secretaría de Gobernación. Velas, café, pan, flores y una botella de licor de caña fueron las ofrendas que sus compañeras colocaron encima. A un lado, pancartas con su foto, en las que se lee «Murió en la lucha sin obtener justicia».
Guadalupe Xiu, Lupilla, es una mujer trans indígena que fue desplazada de Oaxaca a los 10 años. Desde entonces vivió en situación de calle.
Fue víctima de tortura por parte de autoridades de Oaxaca y Ciudad de México cuando era niña, y por años exigió castigo a los policías responsables y que se le reconociera como mujer trans en sus documentos oficiales.
El 9 de septiembre pasado, Lupilla se quedó dormida y no reaccionó. Paramédicos le pusieron dos sueros que amarraron a un árbol y, a petición de personas presentes, la llevaron al hospital Gregorio Salas, donde murió un día después.
Tras diversas protestas y presión a las autoridades capitalinas, la Secretaría de Gobernación le otorgó apoyos a Lupilla que le permitieron acceder una vivienda. Sin embargo, sus compañeras denuncian que, a la salida de Adán Augusto López como titular de la Secretaría, le quitaron los recursos. Por lo que regresó a la calle.
«La justicia nunca la alcanzó»
Laura Kabata, quien reconoce a Lupilla como compañera de lucha por las personas trans, afirma que siente tristeza porque la justicia nunca la alcanzó.
«Cuando estaba el señor Adán hubo un poco de apoyo para ella. Yéndose se acabó todo. Tenemos tristeza de lo que pasó, pero más tristeza es ayer que reconocí el cuerpo en la plancha y pensamos cuántos más de nosotros, cuántas víctimas vamos a terminar así: en la exigencia de nuestra justicia. Esa es la tristeza, son los sentimientos encontrados de ver a una compañera que se nos fue. ¿Quién sigue?».
Desde hace más de tres años, Lupilla estuvo en el plantón frente a la Secretaría, exigiendo justicia y reconocimiento de los derechos de las personas trans constantemente, así como de las personas en situación de calle.
Hoy, miembros del plantón, quienes se nombran su familia, se despidieron de ella en la que sería su última protesta en frente de la Secretaría.
En ella, el padre Arturo Gómez ofreció una misa y afirmó que Lupilla sigue interpelando a las autoridades.
«Mujer trans de un pueblo originario, desplazada, violentada por autoridades en Oaxaca y Ciudad de México. Las manifestaciones de Lupilla donde exhibía por completo su cuerpo nos hace recordar a profetas del Antiguo Testamento. Tenían la característica de interpelar a las autoridades civiles, a las religiosas y también al pueblo. Justo hoy, en la despedida de sus restos, ella sigue interpelando a las autoridades».
La lucha continúa
Entre llanto y canto acompañado de mariachi, su familia la recuerda como una mujer amorosa y luchadora, que siempre buscaba hacerlas reír.
«A pesar de su condición ella buscaba traernos un taco, darnos 20 pesos, acarrearnos leña; buscaba contarnos sus aventuras y hacernos reír un rato. Esa fue Lupilla y esa seguirá siendo Lupilla. Todos conocimos a esa Lupilla amorosa, emprendedora, luchadora y así va a quedar en nuestro recuerdo».
Por su parte, el padre luterano Enrique, quien también asistió a la despedida, puntualizó que la lucha por los derechos trans continúa.
«Le damos gracias porque con su presencia, con su cuerpo desnudo, con sus gritos, nos ha enseñado una forma de luchar. Le damos gracias porque su cariño nos ha inspirado en muchos momentos. Pedimos que este recuerdo, esta vida, nos siga acompañando para reclamar por nuestros derechos porque sabemos que la lucha continúa y que tenemos esperanza».





