Balogun fue habilitado por la FIFA después que Donald Trump habló con Gianni Infantino, lo que ha provocado la molestia de Bélgica y la UEFA
Alfonso López
El minuto 64 del partido de dieciseisavos de final entre Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina, ha cambiado la historia de futbol. El estadounidense Folarin Balogun fue expulsado con tarjeta roja por pisar al tobillo a Tarik Muharemovic. El árbitro Raphael Claus determinó la expulsión que implicaba una suspensión reglamentaria de un partido.
Sin embargo, el jugador de origen nigeriano, si jugará en los octavos de final debido a que la tarjeta roja le fue retirada por intervención directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El mandatario realizó una llamada para así solicitarlo a Gianni Infantino, presidente de FIFA, lo que ha provocado la molestia de Bélgica, rival de Estados Unidos en los octavos de final, y la indignación del fútbol mundial.
Sin reparo, el presidente Trump reconoció que llamó a su amigo Infantino, para solicitar que la jugada fuera revisada, pues la Casa Blanca no considerada la falta.
«Yo pedí que lo revisaran porque no me pareció que estaban en falta.Yo no les dije qué es lo que tienen que hacer. No puedo hacerlo. Yo no creo que fue él que tomó la decisión, sino un comité. Y tomaron la decisión correcta, porque número uno no hubo falta.
Y uno quiere ver un partido con los mejores jugadores. Creo que tomaron una decisión brillante. Me parece que la decisión del árbitro fue horrible».
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No es la primera vez
La injerencia de Trump tiene como antecedentes el proceder de dictadores como Benito Mussolini quien, para el Mundial de 1934, coacciónó con el árbitro sueco Ivan Eklind. El silbante se reunión con el dictador antes de que dirigiera la semifinal de Italia contra Austria, además de la final donde Italia se coronó ante Checoslovaquia.
Además, en Chile 62 el brasileño Garrincha fue expulsado en la semifinal contra Chile, lo que obligó al presidente de Brasil, Tancredo Neves en solicitar a la FIFA «analizar el reporte arbitral» después del cual jugó la final contra Checoslovaquia.
Una vez más, la relación de complacencia entre Donald Trump e Infantino pone en entredicho la neutralidad de la FIFA y el prestigio del organismo.
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