UNAM entrega título póstumo a Verónica Soto, víctima de feminicidio en 2019. Un acto simbólico por los sueños de mujeres jóvenes interrumpidos por la violencia.
Escucha el especial “Títulos póstumos universitarios”, realizado por Hazel Zamora.
Hazel Zamora
«Licenciada en Enfermería y Obstetricia, Verónica Soto Hernández… ¡presente, ahora y siempre!»
Ese fue el nombre que resonó dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Verónica Soto Hernández terminó la carrera de Enfermería y Obstetricia en 2019. Quería dedicarse a cuidar vidas. Pero ese mismo año, el 1 de noviembre, fue víctima de feminicidio.
Durante seis años, su familia no solo exigió justicia. También pidió que la universidad reconociera el esfuerzo académico de Verónica a través de su título, como una forma de honrar su vida y mantener viva su memoria.
«Para mí este título significa y dignifica lo que logró mi hija en su corta vida y tal vez sea el único sueño que yo le pueda cumplir».
Quien habla es Andrea Hernández, madre de Verónica.
En junio de este año, la UNAM entregó finalmente a su familia un título póstumo.
«Desde mi perspectiva, el título de Vero no es un documento. Es una parte de la justicia que nos merecemos. Es parte de la memoria y la reparación por el solo hecho de ser una integrante de la comunidad universitaria», dijo Andrea Hernández.
Más que un trámite académico, como señala Andrea Hernández, el reconocimiento se convirtió en un acto simbólico sobre los proyectos de vida de mujeres jóvenes interrumpidos por la violencia feminicida. Porque el caso de Verónica no es único ni aislado.
En 2017, Lesvy Berlín Rivera Osorio fue víctima de feminicidio dentro de Ciudad Universitaria. Dos años después, Aidée Mendoza, estudiante del CCH Oriente, murió tras recibir un impacto de bala mientras tomaba clases.
En distintos momentos, universidades públicas también han recurrido a los títulos póstumos. La UNAM ha entregado seis títulos conmemorativos; la Universidad Autónoma de la Ciudad de México otorgó cuatro a familias de víctimas de feminicidio; y el Instituto Politécnico Nacional entregó uno a la familia de María de Jesús Jaimes Zamudio, estudiante de Ingeniería Petrolera.
Frente a estos casos, familias, colectivas y estudiantes han insistido en que las universidades no solo formen profesionales. También que reconozcan la violencia de género que atraviesan sus alumnas.
«El documento sigue siendo una manera de develar y colocar ahí la demanda crucial: que la institución reconozca la realidad en la que está anclada y decida proteger y reconocer a su comunidad, y no pensar que la violencia ocurre fuera», mencionó Laura de SiempreVivas.
Ella es Laura y forma parte de la Colectiva SiempreVivas, un grupo de jóvenes que acompaña de manera afectiva y política a madres de víctimas de feminicidio y desaparición. Entre sus acciones, han visibilizado casos de estudiantes como Verónica Soto, Lesvy y Aideé.
Explica que aunque las universidades no sean responsables directa de estos delitos, sí tiene un papel importante en reconocer, acompañar y generar acciones frente a la violencia que viven las mujeres jóvenes.
«Hay una falta de derechos y garantías que no están ocurriendo en el país y hay manifestaciones muy específicas hacia ciertas poblaciones; en este caso, por ejemplo, las mujeres jóvenes», señaló Laura de SiempreVivas.
La preocupación no es menor.Tan solo entre enero y abril de este año, de las 208 víctimas de feminicidio registradas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 50 correspondían a mujeres de entre 18 y 29 años.
En medio de este contexto, este mismo año la UNAM entregó también un título póstumo a la familia de Berenice Giles, fotoperiodista que murió en un accidente durante un festival de música el año pasado.
El reconocimiento, impulsado por su facultad, fue una forma de honrar su trayectoria y visibilizar lo que su caso dejó sobre la mesa: la falta de condiciones de seguridad que enfrentan periodistas y asistentes a eventos masivos.
Sin embargo, para la familia de Verónica el camino fue distinto.
Aunque desde un inicio la Facultad de Enfermería propuso entregar el título profesional, finalmente argumentaron que existían impedimentos administrativos.
Ahí comenzó otra parte de la búsqueda de justicia.
Durante seis años insistieron en que se reconociera que Verónica había concluido sus estudios con promedio de 9.6.
El único requisito pendiente era el servicio social que realizaba en el Hospital Militar de Especialidades de la Mujer y Neonatología. Un proceso que ya no pudo terminar.
«Que quede como presidente en la historia de la universidad para que en casos extraordinarios como este no se cometan omisiones por parte de esta institución, que podrían ser muchas las maneras de que la UNAM pueda apoyar para lograr que se haga justicia a tantas y tantos que nos faltan», dijo Andrea Hernández.
Para la activista Laura, los títulos póstumos, cuando llegan como parte de procesos de memoria y reconocimiento, permiten mirar más allá del hecho violento.
Recuerdan que antes del expediente y la violencia, había proyectos de vida.
Además, en el caso de la violencia contra las mujeres, ayudan también a disputar una narrativa que muchas veces convierte los feminicidios en espectáculo o intenta responsabilizar a las propias víctimas.
«Frente a instituciones que quieren borrar sus nombres, deslindarse de ellas o actuar como si sus vidas no hubieran transcurrido en esos espacios. La memoria es esta estrategia para nosotras de defensa y este elemento que nos ha permitido construir redes y construir comunidad que nos permita defender la vida de quienes siguen buscando justicia, indicó Laura de SiempreVivas.
Gracias a esa memoria que impulsan estudiantes, colectivas y familias, hoy sabemos que Verónica no es solamente un caso más de feminicidio.
«Estudiar en la UNAM fue uno de sus propósitos. Era el puente que la llevaría a hacer lo que más le apasionaba: ayudar a salvar vidas, cuidar a las mamis y a sus bebés. Era un ser humano en toda la extensión de la palabra. Amorosa, empática con su familia y sus amigos. Sonriente, sincera, apasionada y loca.
Que Verónica Soto Hernández sea recordada por su vida y no por su muerte.
Justicia para Vero. Justicia para todas», Andrea Hernández.
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