Trabajadoras del hogar y jornaleros en San Francisco impulsan campañas de información y solidaridad para enfrentar redadas migratorias, proteger sus derechos y resguardar a familias ante posibles detenciones.
Natalia Matamoros
A las 7:30 am Teresa sale de su casa, rumbo a trabajar en una vivienda. Ella se encarga de que el lugar luzca impecable. En su agenda semanal, incluye varias casas a las que deja pulcras. Ese es su trabajo. De eso ha vivido durante los 35 años que lleva residenciada en San Francisco, California, Estados Unidos, lugar que escogió junto a otros cientos de migrantes mexicanos para mejorar su calidad de vida.
Desde hace meses, junto a su uniforme, ella lleva consigo -como si se tratara de un llavero- un puñado de tarjetas rojas. No son boletos: son tarjetas de “Conoce tus derechos”, que aprendió a entregar a otras trabajadoras del hogar en casas vecinas, en el bus y en los talleres organizados por la Red de Jornaleros en iglesias, en almacenes de fábricas a los que acude con regularidad y que se han convertido en puntos de encuentro y resistencia, donde la vulnerabilidad se transforma en voz y acción.
«Tenemos derecho a no abrir la puerta»
Con esas tarjetas que entrega a los latinos con quienes se topa en una obra de construcción y en los vecindarios, donde vive y trabaja, Teresa se convierte en agente multiplicador de una lucha, de una red para apoyar a esas comunidades que enfrentan la amenaza diaria de las redadas de inmigración, detenciones sorpesivas y de la incertidumbre de un sistema que parece girar en su contra. Así lo cuenta.
“Si llegan a la casa y nos están tocando y si se quieren pasar a la casa buscando a alguien, si esa persona no vive ahí, tenemos derecho a no abrir la puerta y a no decir nada también. Todas esas cosas nos pueden salvar y salvar a otros”.
Ese es uno de los derechos implícitos en las tarjetas que, entre otros puntos, dice que los migrantes no deben firmar nada, tienen la potestad de guardar silencio cuando son abordados por agentes de ICE y pueden documentar cualquier situación irregular. Aunque ella conoce sus derechos, tiene miedo cada vez que sale, en especial en estos tiempos, cuando la violencia en las redadas se ha recrudecido.
“Antes creíamos que nada más era a los latinos que nos podían parar, pero ahora vemos que hasta han matado a personas que son de aquí, que son blancos, que no son como nosotros. Entonces todavía el miedo es más fuerte, pero qué vamos a hacer tenemos que comer, tenemos que pagar renta, entonces nos guardamos el miedo y nos vamos. Por ejemplo, en mi caso digo: en el nombre sea de Dios y me voy a ver cómo me va”.
“Adopta una esquina”
Aunque el temor es la compañía permanente de los migrantes como Luisa, los miembros de esa red de jornaleros siguen trabajando, no descansan y van más allá de la entrega de tarjetas y la capacitación continua para que sepan cómo defenderse ante injusticias.
Sus campañas como “Adopta una esquina”, invitan a voluntarios y a aliados a estar presentes en las esquinas donde los obreros se concentran en busca de empleo. Allí alertan, con silbato en mano, sobre la presencia de agentes de inmigración y documentan con sus celulares cualquier acción que pueda constituir una vulneración a sus derechos. Así lo expone Luis Valentán, directivo de la Red Nacional de Jornaleros.
“Este concepto de adopta una esquina era mayormente buscar a los ciudadanos estadounidenses con documentos y también a nuestra comunidad con documentos para que fueran a una serie de entrenamientos, que conocieran las leyes constitucionales, qué derechos tienen los trabajadores y cómo defenderlos. Esto ayudó a que los estadounidenses empezaran no solo a venir a apoyar, sino escuchar de viva voz a los trabajadores cómo violan y cómo maltratan a los trabajadores inmigrantes”.
A la par de estas acciones en calle, acompañadas con cánticos, la radio comunitaria se ha convertido en un eslabón clave para informar y proteger a las personas migrantes. A través de transmisiones locales, se difunden alertas sobre redadas y cápsulas de “conoce tus derechos”. Para muchos trabajadores, la radio es el medio más accesible y confiable: acompaña sus trayectos al trabajo, rompe el aislamiento y fortalece el tejido comunitario al convertir la información en una herramienta de cuidado colectivo,
según Valentán.
“En esta segunda presidencia de Trump ha crecido tanto porque hemos traído las cápsulas, hemos traído los foros. Stamos narrando las historias de los trabajadores, estamos narrando las historias de los voluntarios, estamos llevando a cabo foros donde la gente aprende a adopar una esquina, todas las cosas que debe documentar, talleres de eso”.
«Adopto a tu niño con ese compromiso de buscar la forma de reunificarlos”
Estas iniciativas no solo han salvado a migrantes de detenciones arbitrarias, también ha despertado entre los estadounidenses la solidaridad adormecida por discursos xenófobos. A través de estas redes de apoyo, los originarios de ese país y los latinos documentados también contribuyen a adoptar de forma temporal, por espacio de 18 meses a niños, cuyos padres son objeto de detención, de acuerdo con Francisco Herrera, representante de la Red de Jornaleros Nuevo Sol.
“El estado de Vermont acaba de legislar un proceso que es una adopción temporaria de 18 meses. Entonces qué hago yo, yo tengo papeles, estoy dispuesto a adoptar a tu niño. Si acaso algo te pasara a ti, yo llego por ellos a la escuela, se vienen conmigo y yo voy a hacer todo el esfuerzo por reunificarlos, bien sea cuando salga de la detención o si te deportan. Adopto a tu niño con ese compromiso de buscar la forma de reunificarlos”.
Frente a un sistema que vulnera a los migrantes, la información, la comunidad y la acción compartida se convierten en resistencia. En cada tarjeta, cada silbato y cada transmisión de radio, persiste la convicción.
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