Entre colores intensos, madrugadas de trabajo y el impacto del clima, las familias mantienen viva una herencia que florece cada Día de Muertos.
Natalia Matamoros
En el estacionamiento de la Central de Abastos se erigen toldos gigantescos blancos, con luces para albergar cientos de flores de cempasúchil desde los tonos más tenues que pasan por el verde limón, amarillos hasta naranjas intensos, combinados con rojo.
En esta temporada, los pasillos se transforman en un gran jardín rodeado de pompones y pétalos de esta flor de particular significado para el Día de Muertos, porque es la que marca el camino de reencuentro con los seres queridos que ya partieron.
Madrugada de movimiento y tradición
Desde las tres de la mañana, las carretas cargadas de macetas envueltas en papel celofán recorren los pasillos, listas para ser ofrecidas a revendedores. Pero, también a quienes acuden a este mercado en búsqueda de flores frescas para decorar la ofrenda.
A esa hora también se escucha el sonido de los camiones que llegan allí para descargar los lotes de esta flor, que son colocadas con cuidado en mesones blancos.
Los productores como Delia López, las acomodan y riegan hasta dos veces al día para que se mantengan vivas. Ella cuenta con orgullo que el negocio es de su hijo, de apenas 22 años, uno de los pocos jóvenes que se negó a irse a la ciudad a estudiar y prefirió dedicarse al campo.
Dice que el oficio lo aprendió de su abuela e invierte más de ocho horas diarias al cultivo y cuidado de esta flor en Tláhuac:
«Él se metió a trabajar a un invernadero, él tenía 15 años cumplidos y aprendió. Hace dos años me dijo mamá yo quiero sacar mi planta y quiero ayudar al revendedor para darle un precio más económico. Entonces año con año es lo que hace saca su planta económica para que salga rápido y muchas casas puedan tener la producción».
Mientras su hijo atiende los sembradíos en las chinampas, Delia organiza las flores en el puesto de venta de la Central de Abastos, donde son exhibidas como obras de arte en una galería.
Ella disfruta tanto como su hijo la producción y venta de la flor porque le regocija saber que serán puestas alrededor de la ofrenda en un momento especial para recordar y honrar a quienes trascendieron a otro plano.
Desafíos del clima y esperanza en los cultivos
Justo al frente del puesto de Delia, se ubica el toldo de Yadhira González. Ella confesó que esta flor es delicada no solo por el mantenimiento que requiere, sino también porque es susceptible a las heladas y las lluvias, producto del cambio climático.
Las últimas tormentas afectaron parte de sus cultivos.
«El agua afecta mucho a la planta, es inmune a muchas enfermedades, bacterias y lo que hace es que la planta empiece se empiece a enfermar más, por decir una producción de 20 mil plantas se te vienen muriendo a veces hasta cuatro mil plantas por el exceso de agua. Si uno siembra 50 mil, pues si tiene una pérdida mínima de unos cinco mil. En siembras perdí a causa del agua entre 4 mil y 5 mil plantas».
A pesar de los embates del clima, este año en vísperas del Día de Muertos, Yadhira, así como otros agricultores, pudieron sacar la producción adelante. Sin embargo, hicieron ajustes en los precios para recuperar algo de lo perdido por las lluvias; así lo contó.
«La maceta de 6 pulgadas que es dada al mercado entre 18 y 20 pesos, ahorita le tuvimos que aumentar dos pesos más por los gastos traslados, fertilizantes y todo eso. En menudeo tenemos las macetas entre 20 y 22 y mayoreo a partir de una docena y de un ciento en 18 pesos».
Precios y esfuerzo detrás del cempasúchil
Este año, la romería de cempasúchil logró congregar a 156 productores y vendedores de manojos y otros 282 de macetas. Estas son las más buscadas por personas que se acercan a comprar para surtir su negocio y por grupos familiares como el de Natalia Quintana.
Su abuela le enseñó a armar el altar de tres niveles, donde la protagonista es el cempasúchil por su aroma y color.
«El aroma, el aroma es un punto que muchos están perdiendo, muchos ya no ponen ofrendas, ya no venden, ya no comprar y prefieren todo artificial. La importancia de la flor es la tradición que nos enseñaron las familias anteriores y debes regarla y cuidarla».
Pero la fiesta no termina con la flor, también la calabaza juega un papel importante en la decoración de la ofrenda.
En la Central de Abastos hay un ala donde se observan promontorios de calabazas y camotes. Hay criollas, de Castilla y de peculiar textura como la monster y halloween, que sembraron en tierras fértiles de Michoacán, Guanajuato y Puebla.
Ellas no solo engalanan la ofrenda, también son usadas para preparar platillos especiales, según Alma Lobato, productora de la región.
Las romerías de cempasúchil y calabaza no son solo mercancías para la venta: son sinónimo de celebración, tradición, comunidad y resistencia frente al olvido.
Entre flores y calabazas, la muerte deja de ser final y se vuelve un regreso luminoso.
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